
La isla de los pingüinos
Manuel Antin Para LA NACION
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"La reflexión es una enfermedad que padecen algunos individuos y que si se propagara acabaría con la especie humana." Anatole France
Se han cumplido cien años de la publicación de un libro memorable que, por un motivo u otro, regresa a mi memoria con obstinada frecuencia y que, a mi modo de ver, continúa tan vigente como cuando fue escrito: La isla de los pingüinos . Lo leí por primera vez hace ya demasiado tiempo, cuando cursaba mis estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y sigue tan lamentablemente afín a los discutibles tiempos que corren. Desde entonces lo releo cada tanto. No es casualidad que, una vez más, últimamente haya saltado a mis manos desde el estante de mi biblioteca en el que descansaba desde la nunca lejana década del 90.
Escrito por un lúcido intelectual francés cuya vida ocupó parte de los siglos XIX y XX y a cuya imaginación y espíritu crítico debemos libros extraordinarios y poco recordadas películas. Mencionaré sólo tres de los libros aparte del ya citado: El crimen de Sylvestre Bonnard (1881), Balthazar (1889)y Vida de Juana de Arco (1908). Y las películas Thais , filmada en dos oportunidades, en 1914 y 1917, y La historia de un humilde , dirigida por Jacques Feyder en 1922, entre otras.
Estas líneas pretenden ser un recordatorio, a mi criterio más que oportuno, de Jacques Antoine Anatole Thibault, conocido como Anatole France, seudónimo que adoptó para su vida literaria. Ilustre integrante de la Academia Francesa, la Fundación Nobel le otorgó el Premio de Literatura en 1921.
No obstante su modernidad y la siempre vigente temática que abordó, muy pocos son los que hoy tienen presente a este autor y a su libro, La isla... Es como si el mundo quisiera que no hubieran existido. Ninguno de los dos. Y, sin embargo, debería ser un libro de permanente lectura. Siempre podrá el lector pensar que "cualquier semejanza con la vida real es mera coincidencia".
La isla de los pingüinos no fue ningún "haz lo que digo, no lo que hago", tan en boga en los tiempos actuales. Entre las acciones inolvidables de su autor es necesario citar, a simple título ilustrativo, que devolvió la Legión de Honor cuando el gobierno de Francia se la quitó a ...mile Zola, a quien apoyó denodadamente por el caso Dreyfus. Gesto de fidelidad ciudadana que hoy suena extraño, sorprendente e improbable. Su vida fue un constante compromiso. Participó en la creación de la Liga por los Derechos del Hombre y estuvo cerca del Partido Comunista francés, del cual luego fue finalmente crítico severo. Sólo un hombre como él puede escribir la historia de la humanidad sin arrepentirse luego de cada palabra.
Acaso si hoy este libro fuera de lectura obligatoria, podríamos continuar mirándonos todos los días en el espejo sin bajar la mirada. Quizás falten a nuestro alrededor críticos cuyo talento creador se burle de un orden social que lo único que logra es que nos aborrezcamos cada vez más y que cada vez más veamos un enemigo en cada prójimo. O, lo que sería peor, tal vez falten lectores sensibles que los comprendan. Supongo que no serán muchos en nuestro país los que han leído La isla de los pingüinos . No sería el país que somos; un país que no sabe qué inventarse, si se me permite el oxímoron, para avanzar tan imperturbable e intrépidamente hacia el retroceso.




