
La lengua, campo de tantas batallas
El tema de la columna pasada, sobre godos, huincas y el uso despectivo de las palabras según quién las aplique o a quién se apliquen, despertó distintas reacciones en los lectores de Línea directa.
A Carlos Omar Alvarado, por ejemplo, le recordó otra palabra: "Entre los adjetivos despectivos -escribió en un correo electrónico-, hay algunos que vale la pena recordar; por ejemplo, en Paraguay es muy común oír decir, sobre el porteño y, luego, sobre los argentinos en general, curepí [también aparece escrito como curepy ], que viene del guaraní curepiré y quiere decir ?cuero o piel de chancho', por curé (?chancho') y piré (?piel o cuero'); era el grito de guerra en la Triple Alianza cuando los correntinos con polainas de cuero de carpincho invadían Paraguay".
En el sitio AsiHablamos.com ( El diccionario Latinoamericano, para poder entendernos ), una suerte de Wikipedia sobre latinoamericanismos que se alimenta con la información que aportan muchos de sus usuarios, la explicación es más abarcativa sobre por qué la piel o el cuero de chancho era tan importante: "Forma despectiva en que los paraguayos les dicen a los argentinos; viene de la época de la Guerra de la Triple Alianza, porque los argentinos usaban cuero de chancho en la montura de sus caballos". El ejemplo es inefable y actual: " Ahí viene ese curepí bola (mentiroso) ".
De manera que, ya fuera por las polainas de chancho, ya fuera por las monturas (y hasta los guantes, según otra versión) de chancho, da la impresión de que a los argentinos siempre se nos reconoció en el resto de América latina como un poco "faroleros" (es decir, en el sentido del adjetivo coloquial, "vano, ostentoso, amigo de llamar la atención y de hacer lo que no le toca", según el DRAE).
También a un comentarista de esta columna, gato_verde , los godos le recordaron a su vez otro adjetivo despectivo, siempre aplicado a los españoles durante las guerras de la independencia americana: maturrango . Le evocaron además la letra de "la chacarera de la libertad", "La Martín Güemes", de León Benarós, con música de Adolfo Abalos, donde se utiliza una versión diferente (pero no menos despreciativa) de maturrango, y es maturrano .
Dice gato_verde que "en esta chacarera se usan las palabras maturranos y godos para definir a los españoles", y cita un fragmento: "Ese bravo Martín Güemes / En Salta será, / Les dice a los maturranos / Que no han de pasar. / Con sus gauchos fronterizos, / El Norte guardó, / Los tuvo a los godos locos, / Cuando les cayó".
La chacarera celebra la ocasión en que Güemes y sus gauchos, en abril de 1815, destruyeron un campamento realista en el camino al Alto Perú, mientras San Martín preparaba la expedición al Perú.
Como la palabra maturrango designa al que es mal jinete, por extensión, "durante las guerras de la Independencia, los americanos en armas llamaban así a los soldados españoles porque no eran en general buenos jinetes" ( Diccionario de americanismos , Marcos A. Morínigo, Muchnik Editores, 1985).
En el Diccionario del habla de los argentinos , de la Academia Argentina de Letras, hay excelentes ejemplos de los distintos usos de esta palabra. En la primera acepción, la que se aplica al soldado realista, se transcribe uno nada menos que de don José de San Martín: "Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan: divididos seremos esclavos: unidos estoy seguro que los batiremos", del Epistolario , 1819. En la segunda acepción ("Se dice de la persona pesada y tosca en sus movimientos"), escribe Lucio V. Mansilla en sus Memorias , 1904: "Las damas eran poco mundanas y los caballeros muy maturrangos". En la tercera y última acepción ("Persona que no sabe andar bien a caballo"), el ejemplo es de Ricardo Güiraldes: "Presumo que es solo un mancarrón manso, elegido para una maturrango como yo" ( Cuentos , 1915).
La lengua, como siempre, es fiel reflejo de la realidad de sus hablantes; las suspicacias entre pueblos, por tanto, no pueden quedar excluidas.
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