
La novela del diario íntimo
Por Rodolfo Rabanal
1 minuto de lectura'
Si bien convendría establecer hasta qué punto un diario personal es un género literario, el hecho de que los diarios conocidos -salvo unos pocos, como el de Ana Frank- pertenezcan a escritores mayormente célebres parece autorizar esa categoría. Si tal criterio se acepta, puede decirse entonces que es uno de los géneros narrativos más cautivantes.
Curiosamente, nuestra mayor experiencia de lectura en esa modalidad procede de autores extranjeros, ya que rara vez aparece el diario de un autor argentino, y aunque sepamos que algunos escritores actuales llevan notas regulares, jamás se leen avances de ellas ni sabemos si serán publicadas alguna vez. Entre los clásicos argentinos, Sarmiento llevó algo parecido a un diario, notas o cartas reunidas bajo el título de "Viajes"; otro tanto hicieron Miguel Cané y Lucio V. Mansilla, pero, en rigor, esos comentarios -mayormente epistolares- eluden el registro de la experiencia cotidiana y pasan por alto las delicias y escabrosidades de la vida doméstica o privada.
Entre nosotros no hubo un Samuel Pepys, el perfecto burgués que mantuvo un diario desde 1660 hasta 1669 ofreciéndonos una descripción minuciosa de la vida cotidiana de Londres en la segunda mitad del siglo XVII. Pepys, que era precavido y temeroso de Dios, encubría sus aventuras sexuales fuera del matrimonio con frases escritas en diversos idiomas. Stendhal, cuyo extenso diario es parte sustancial de su obra de novelista, borroneaba sus entradas cotidianas con dibujos y frases en inglés mayormente ilegibles. Pero es gracias al diario de Stendhal que disponemos, posiblemente, de la más perfecta descripción del incendio de Moscú ante el avance de Napoleón que se haya escrito nunca.
Lord Byron -eximio compilador de su vida privada- decía que era incapaz de echar una mirada a su diario por miedo a que contuviera monstruosas contradicciones. Y, naturalmente, las contenía.
Hace poco, un diario de los años del nazismo se convirtió en best seller en Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Se trata del libro "Daré testimonio", de Víctor Klemperer, un profesor judío de Dresde que escapó al Holocausto pero registró como nadie la degradación impuesta por el régimen de Hitler a los judíos alemanes. Sobre el final de la década de los años 80, el diario del escritor norteamericano John Cheever sacudió al mundillo intelectual norteamericano con las confesiones de su homosexualidad y alcoholismo en medio de una vida familiar aparentemente ejemplar.
Mary Shelley, que escribió un diario durante décadas, anotó el 5 de marzo de 1815: "Leo Corinne y cuido a mi bebé". Un día después, el 6 de marzo, asentó: "He encontrado a mi criatura muerta". El 1º de agosto de 1914, Franz Kafka, mientras trabajaba en la redacción de su novela "El Proceso", consigna en su diario: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. A la tarde me fui a nadar".





