
La nueva geografía política de Europa
Por Uffe Ellemann-Jensen Para La Nación
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COPENHAGUE
LENTA, muy lentamente, Europa está estableciendo su nueva geografía política. La ampliación de la Unión Europea, que incluirá el primer grupo de países solicitantes, ya está cercana, con el cierre de más y más capítulos en las negociaciones bilaterales. Ahora el mayor obstáculo tiene que ver con la voluntad política entre los miembros actuales de la UE para fijar la fecha en que tendrá lugar esa ampliación.
Dentro de algunos meses, en Praga, los líderes de la OTAN también podrían dar luz verde al próximo grupo de miembros nuevos. Así, 2001 puede resultar un año crucial en la historia interminable de la creación de una Europa nueva y mejor. Por eso, las relaciones con Rusia también deben ocupar un lugar primordial en la agenda europea para este año.
Si observamos el nuevo mapa de Europa, es evidente hacia dónde hay que enfocar: el noroeste de Rusia comparte ya fronteras tanto con la UE como con la OTAN (hecho que escapa con frecuencia a quienes se oponen a "ampliar la OTAN hasta la frontera con Rusia"). Esta proximidad genera posibilidades de fricción o, si Europa aprovecha el momento, la más promisoria oportunidad para el crecimiento económico. Después de todo, tanto las reformas rusas como muchos de los principales reformadores rusos y el presidente Vladimir Putin mismo empezaron sus carreras en San Petersburgo.
La actual presidencia sueca ha recogido el concepto de la "dimensión del Norte", que se gestó cuando Finlandia tuvo la presidencia de la UE hace dos años. El próximo lunes, los ministros de Relaciones Exteriores de la UE, Rusia y otros países de la región del Mar Báltico se reunirán en Luxemburgo para revisar la puesta en marcha del llamado Plan de Acción para la Dimensión del Norte y para ofrecer lineamientos políticos con el objetivo de desarrollar esa iniciativa.
Sin duda se necesita una inyección de voluntad renovada por parte de los líderes políticos de la UE. Eso podría inspirar a la región entera, incluyendo a los antiguos países comunistas, donde existe un enorme potencial para el crecimiento. Sin embargo, la fuerza motriz solo puede provenir del entendimiento de que la ampliación debe ser vista como una situación en la que ganen todos los países involucrados, directa o indirectamente, Rusia incluida.
Para Rusia hay intereses legítimos e innegables en juego. Por ejemplo, la zona de Kaliningrado. Con la independencia de Lituania, quedó aislada de Rusia por tierra. Pronto estará aún más aislada, cuando Polonia y Lituania pongan en marcha las reglas fronterizas de Schengen.
Para garantizar la estabilidad regional hay que convencer a Rusia de que todos los países tienen el derecho de elegir las organizaciones internacionales a las que quieren pertenecer. No se puede considerar que Estonia, Letonia y Lituania pertenezcan a una "esfera de influencia" rusa y que necesiten el consentimiento de Rusia para unirse a la UE o a la OTAN.
Sin embargo, para que Rusia pueda pensar así, necesita ver que sus intereses, en particular la salud económica de Kaliningrado y del noroeste ruso, se tomen en cuenta durante la ampliación de la UE. Por eso, la cooperación entre Rusia y la UE debe extenderse a varios asuntos prácticos. Liberar el potencial para el crecimiento de la región del Mar Báltico es una forma eficaz de lograr esa meta.
Los gobiernos y centros de investigación de la región ya se están encaminando en esa dirección. Un estudio reciente, presentado en el Foro de Desarrollo del Báltico, sugiere que si Polonia y los tres países bálticos se convierten en miembros de la UE en 2003 y continúan sus esfuerzos para alcanzar económicamente al resto de la Unión, el crecimiento anual de su PBI podría ser de 2 a 4 por ciento superior al promedio de la UE. En la próxima década, Polonia podría duplicar su PBI y los países bálticos aumentar el suyo el 60 por ciento. Los beneficios de un crecimiento semejante para los miembros actuales de la UE compensarán con creces los costos presupuestarios directos vinculados con la ampliación. Hay, entonces, una situación en la que todos ganan.
Estrategia integral
No obstante, la ampliación de la UE no será suficiente por sí misma. Se necesita una estrategia integral para materializar todo el potencial de la región. El profesor Michael Porter, de la Universidad de Harvard, ha propuesto una "agenda regional para la cuenca del Báltico", a fin de desarrollar un enfoque innovador y de cooperación para mejorar el desarrollo empresarial de la región. De acuerdo con esta propuesta, la conducción de la transición económica y política debe ser asumida por las empresas privadas. Sin embargo, estas sólo podrán afrontar el reto si los gobiernos están dispuestos a eliminar las muchas barreras que hoy existen para el crecimiento y el libre comercio.
En el pasado, la región del Mar Báltico fue una de las áreas económicamente más dinámicas de Europa. Florecían los intercambios comerciales y culturales. Vinieron después los años de la división provocada por la Guerra Fría. La mitad del Mar Báltico se convirtió en un mar económicamente muerto. Cuando terminó la división de Europa, apareció de pronto una oportunidad para revivir la tradicional libertad de tránsito de personas, ideas y mercancías en el Báltico, que tanto había contribuido a la prosperidad de la región.
No se puede exagerar la importancia de aprovechar esta oportunidad. De hecho, no hay que olvidar el viejo imperativo de Emmanuel Kant: comerciar es hacer la paz. Este pensamiento tiene particular relevancia por el hecho de que el propio Kant nació en Königsberg, la actual Kaliningrado rusa.
En los meses por venir se hablará mucho: la reunión ministerial en Luxemburgo, varias conferencias y seminarios en la región, y en septiembre se realizará una cumbre del Báltico en San Petersburgo, en la que los líderes políticos y empresariales discutirán qué es lo que se necesita para avanzar. Todos estos diálogos son importantes y buenos, pero es vital ir más allá de la retórica con rapidez si se desea abordar con éxito la "dimensión del Norte" de Europa. La ampliación de la UE y el proceso de involucrar a Rusia no deben verse frenados por una falta de voluntad política y de visión de los líderes europeos.
© Project Syndicate y La Nación





