La paradoja de castigar la creación de empleo formal
Si hay empresarios dispuestos a generar trabajo y argentinos con la necesidad y las ganas de encontrar puestos de calidad, ¿por qué estamos donde estamos hoy?
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John Nash nos muestra que las personas somos capaces de crear sistemas que nos perjudican a todos los que participamos del “juego”. Algo así nos pasa evidentemente con la creación de empleo en la Argentina.
Necesitamos crear más empleo privado formal de calidad en nuestro país. Volver a restablecer la posibilidad de la movilidad social ascendente de los habitantes de todas las regiones. Ese debería ser el mantra que guíe cualquier debate público, nuestra visión de país y el diseño de políticas públicas.
Sin embargo, se da una paradoja estructural. De todas las decisiones que toma un empresario (cómo pensar un negocio, conseguir e invertir capital, diseñar un producto, definir roles y procedimientos, entre muchas otras), una de las más castigada económicamente y una de las más imprevisibles es la de contratar nuevos empleados.
Ese castigo cae tanto en el empresario como en el trabajador. Analicémoslo primero desde el lado de los impuestos al trabajo. ¿Cuánto cobra un trabajador en blanco por cada 100 pesos que paga el empleador en el sector automotor? Una comparación internacional muestra que en Estados Unidos el trabajador cobra 86 pesos en mano. En Perú 80. En Chile 78. En Colombia 74. ¿En Argentina? 69 pesos por cada 100. Dependiendo de las particularidades de cada trabajador es probable que el empleador además termine pagando otros 20 a 50 pesos al Estado, y las incidencias de las cargas sociales e impuestos crecen aún más cuando los 100 pesos se destinan a un incremento salarial. Las decisiones empresarias vinculadas con dar trabajo y pagar más a los empleados son fuertemente desalentadas por las políticas tributarias que imponen los mismos funcionarios y legisladores que hablan a favor de la creación de empleo.
Pero si el problema fuera solo el costo, estaríamos hablando al menos de algo mensurable. El principal problema que tiene cualquier empresa pyme para contratar un nuevo empleado es la imprevisibilidad. Ningún empresario quiere despedir a un empleado que trabaja bien. Pero a veces los negocios salen mal, muchas veces los ciclos económicos del país voltean a empresas que no pueden enfrentar las crisis de consumo o los cambios en las reglas económicas. Y hoy es literalmente imposible saber cuánto puede llegar a costar despedir a un empleado en esa circunstancia. No es 100, ni 1000. En una hoja de balance hoy ese número es un signo de pregunta. No solo porque hoy está prohibido despedir empleados contratados antes de la pandemia y porque hay doble indemnización, sino porque existe una industria del juicio laboral en la cual, aun haciendo todo dentro de la ley, se corre el riesgo de tener que pagar una suma exorbitante por situaciones que muchas veces no son reales.
En la Argentina hace falta dar el debate por el empleo. Hay permanentemente en la conversación dos falacias muy dañinas: 1) que los empresarios no quieren generar empleo de calidad y 2) que muchos argentinos no quieren trabajar. Nada más lejos de la realidad.
Para lo primero basta recordar anecdóticamente el anuncio de Toyota de hace unas semanas, una de las empresas de mayor calidad e innovación de la Argentina, que buscaba 200 nuevos empleados para su planta y que no lograba encontrar personal con secundario completo en su zona de influencia, o evidenciar la enorme demanda de empleo en el sector de la economía del conocimiento. Todos los días, en algún rincón de la Argentina, algún empresario chico, mediano o grande cierra los ojos a todos los obstáculos y decide contratar una nueva persona para construir en conjunto un producto o un negocio.
El segundo punto creo que ni hace falta refutarlo. Como muestra vale la pena ver en TikTok a @loscartonerosoficial, una pareja de cartoneros que muestra sus recorridos diarios en los barrios buscando cartón, que enseña cómo separar la válvula de un aerosol para reciclar su estructura de aluminio. ¿Realmente creemos que muchos argentinos no quieren trabajar?
Entonces si tenemos empresarios que están dispuestos a generar trabajo y argentinos con la necesidad y las ganas de encontrar empleos de calidad, ¿por qué estamos donde estamos hoy? Una parte sustancial la explican las crisis económicas a las que nos hemos enfrentado desde la vuelta de la democracia. Pero otra gran parte la explica nuestra incapacidad de alinear los incentivos para que generar empleo privado de calidad sea una situación en la que empresarios, trabajadores y el Estado se vean beneficiados.
La pandemia ha generado una crisis estructural en el empleo en nuestro país. Y a veces son estas crisis las que permiten encontrar soluciones disruptivas que logren cambiar de tendencia. Hoy en la Argentina se ha vuelto evidente que los impuestos al trabajo y las malas regulaciones son la principal razón de la informalidad estructural; sabemos que hay juicios laborales justos y juicios laborales arbitrarios; sabemos que hay una necesidad estructural de generar programas de capacitación para el trabajo, en especial en jóvenes; sabemos que las pymes necesitan regímenes simplificados para su operación cotidiana, todos los políticos en campaña dicen que hay que lograr que los planes sociales se conviertan en empleos genuinos; sabemos que hay modelos, como el régimen de despidos de la UOCRA, que logran incentivos más alineados entre trabajadores, Estado y empresarios.
Sabemos que los argentinos quieren generar trabajo y quieren conseguir trabajo. Entonces, si sabemos todo esto, ¿no es hora de romper la paradoja, trabajar en el diseño de mejores herramientas y cambiar el sistema por uno en el que todos cedamos poco y todos ganemos mucho?
El autor es CEO y Fundador de Plaza Logística y miembro del Comité de Coloquio IDEA 2021





