
La relación entre Perú y la Argentina
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LA relación entre Perú y la Argentina, fundada en entrañables lazos históricos, está llamada a jugar un papel de decisiva importancia en el actual contexto de consolidación de grandes espacios políticos y económicos y de necesaria integración.
Las dos naciones están unidas desde sus orígenes. La guerra de la Independencia y la gesta sanmartiniana determinaron que nacieran juntas a la vida independiente. Esa vinculación cultural sobrevive y se suma al desarrollo de excelentes intercambios económicos, que deberían estar acompañados y avalados por óptimas relaciones políticas.
En los días de la Guerra de las Malvinas, el pueblo peruano, con su presidente Fernando Belaúnde Terry a la cabeza, supo expresar que la lealtad sanmartiniana era algo más que un sentimiento abstracto. Posteriormente, la relación entre nuestros países sufrió alternativas que deben ser lamentadas, como las que se derivaron de la venta ilegal de armas a Ecuador, hecho de particular gravedad por la circunstancia de que la Argentina es garante del tratado de paz entre ese país y Perú. Producido a fines de 1999 el cambio político en la Argentina, el gobierno del presidente Fernando de la Rúa no podía deponer sus concepciones de principio frente a la postulación del presidente Alberto Fujimori para un tercer mandato y, sobre todo, ante los resabios de autoritarismo y desorden institucional que dejó, en Perú, la lucha contra la subversión más violenta que conoció el continente, la de Sendero Luminoso.
La crisis peruana alcanzó su punto más crítico durante el proceso electoral de mayo último. Las irregularidades comprobadas por la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) fueron posteriormente analizadas por los cancilleres americanos reunidos en Canadá. El resultado electoral fue convalidado, pese a las anormalidades, ya que la OEA no comprobó que se hubiese efectuado fraude. Sin embargo, se recomendó al país hermano una clara tarea de genuino restablecimiento del juego institucional, en especial en lo que hace a la independencia del Poder Judicial. Una nueva misión de la OEA formuló luego las observaciones necesarias para esa reorganización institucional. Pese a las críticas y evidentes irregularidades, el presidente Fujimori asumirá su tercer mandato el 28 de este mes.
La Argentina puede constituirse en una pieza importante para apoyar el programa bosquejado por la OEA, tendiente a restablecer el quebrantado orden institucional peruano. Es necesario superar los desencuentros y pasar a una nueva etapa constructiva, tanto en el campo político como en el económico, ya que en los últimos años nuestras inversiones _particularmente en el campo energético_ y el comercio bilateral crecieron notablemente.
La estabilidad de Perú es una pieza clave para nuestra amenazada política continental. El proyectado viaje del presidente De la Rúa a Lima _si se concretara_ sería la expresión inequívoca de la voluntad de emprender un nuevo camino después de estos años de alternativas contradictorias. Nada podría haber más importante en la agenda presidencial que iniciar una nueva etapa en la relación argentino-peruana, pasando del plano de los principios abstractos a la instancia del diálogo concreto y personal, el único que podría limar malentendidos y superar reservas o desconfianzas en la relación bilateral.






