La riesgosa apuesta de Pro

Eduardo Fidanza
Eduardo Fidanza PARA LA NACION
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23 de mayo de 2015  

Angustia a los opositores la probabilidad, incrementada esta última semana, de que no haya una confluencia entre Mauricio Macri y Sergio Massa para celebrar una interna PASO, que permita contar con un candidato fuerte en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Ambos líderes, aunque con mayor énfasis Macri, dejaron claro que son más las diferencias que los parecidos entre sus proyectos. Sin embargo, varias voces del Frente Renovador -entre ellas, la del influyente Roberto Lavagna- se manifestaron a favor de la interna. Acaso sean expresiones de la desesperación frente a una caída permanente en los sondeos. Ante esta situación, y desoyendo expectativas, es Pro quien parece haber clausurado la posibilidad que muchos de sus votantes suponen ganadora.

¿Se equivoca Macri con esta decisión? ¿Adopta una postura que complica sus chances? ¿Cuáles son los supuestos que lo llevan a cerrar su espacio a nuevas fuerzas? Habría que responder, en primer lugar, que la confluencia de la oposición está lejos de ser la solución electoral que muchos suponen; al contrario, tiene serios inconvenientes, cómo se verá. Por otro lado, ese acuerdo implicaría la conformación de una muy heterogénea coalición, que podría tornar difícil el gobierno en caso de resultar ganadora, replicando el fracaso de la Alianza, tal como lo planteó hace pocos días en un lúcido (y divertido) ejercicio de política ficción el politólogo Andrés Malamud ("El Círculo Rojo equivoca la estrategia", en El Estadista).

Éstas constituyen una parte de las razones que, se supone, llevan a Macri a desechar un acuerdo con Massa. A ellas deben sumarse las convicciones de los asesores de Pro, que creen más en el marketing que en la construcción política. Ellos afirman, lo que es discutible, que la mayoría de los votantes desea un cambio, y que esa demanda conducirá, indefectiblemente, los votos a Macri. Creen también que no debe seguir desnaturalizándose Pro, al que consideran una marca, con nuevos aliados. Suficiente ya con los radicales y Carrió, Massa significaría desteñir por completo la bandera amarilla. En síntesis, piensan que son lo nuevo en el mercado político y que los votantes, lenta pero inexorablemente, consumirán su producto. ¿Si lo hicieron los de UNEN, por qué no lo van a hacer los del Frente Renovador?

Quizás un cálculo estadístico, válido pero sujeto a error, da pie a la audaz jugada de Pro. Es probable que de allí infieran sus estrategas que conviene más tenerlo a Massa de competidor que de socio. Deducen que, progresivamente, la polarización entre Macri y el Frente para la Victoria, que avanza muy rápido, le dará a Pro la mayoría de los votos de Massa con intención opositora. Hay algo de veraz en esta suposición: si se observa la evolución de la caída de Massa, se concluye que los votantes que primero lo abandonan son los que lo eligieron como opositor al kirchnerismo y ahora huyen desilusionados. El receptor natural de esa fuga es Macri.

El otro camino de Pro, que consiste en acordar con el Frente Renovador, conlleva un riesgo mayor: con que un tercio de los votantes de Massa abandonara la coalición con Macri rumbo al FPV, podría el oficialismo ganar en la primera vuelta. En rigor, pareciera que la apuesta de Pro es competir contra el FPV, dejándole a Massa los votantes peronistas residuales, disgustados con Cristina. La estrategia sería jugarse a la polarización, yendo a una definición con el oficialismo, que aglutinará a los votantes que desean la continuidad, mientras Pro representará a los que demandan el cambio. El resto del tablero, según esta idea, lo ocuparían las minorías. En primer lugar, Massa, liderando un peronismo disidente escuálido; después, Stolbizer, con los restos del radicalismo alfonsinista y el socialismo, y, por último, la izquierda tradicional, apoyada en sus fieles votantes.

No está claro, sin embargo, que las cosas vayan a suceder así. Muchos sondeos, serios y consistentes, desmienten que la mayoría desee un cambio significativo respecto del kirchnerismo, como suponen muchos en Pro. El propio Macri contradice esa percepción cuando asegura que no tocará lo que se consideran conquistas del Gobierno, desde Fútbol para Todos hasta la Asignación Universal por Hijo. Eso implica aceptar que no se puede ganar representando sólo a los que quieren un cambio profundo de reglas, que apenas alcanzan a un tercio del electorado, están concentrados en los grandes centros urbanos y poseen nivel socioeconómico relativamente alto. Ante esta evidencia, Pro cruje, dando voz a los que afirman que no basta con el marketing para alcanzar la presidencia.

Tal vez, en el fondo, la riesgosa apuesta de Pro consista, utilizando términos de Émile Durkheim, en generar una amplia corriente social, capaz, por su magnitud, de doblegar a un hecho social consolidado. En esta analogía, el hecho social sería el peronismo kirchnerista y la corriente social -que en la jerga argentina se llama "la ola"- la representaría Pro y sus socios. Existen algunos antecedentes para avalar esta posibilidad, y muchos para refutarla. Pero ser creativo y correr riesgos resulta clave en política. En cualquier caso, debe preverse un final parejo y apasionante de esta larga contienda presidencial.

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