La sabiduría de Sacha Guitry

Hugo Beccacece
Hugo Beccacece PARA LA NACION
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18 de julio de 2020  • 00:00

La cuarentena me ha permitido redescubrir el cine que vi en mi juventud. ¡Qué feliz soy de haber perdido los prejuicios de aquella época! Hace una semana, me suscribí a la plataforma Mubi. Apenas entré, encontré en la cartelera un ciclo de películas de Sacha Guitry (1885-1957), el autor, director, novelista y actor francés de cine y teatro. En la década de 1950 y posteriormente en alguna retrospectiva, había visto sus películas sobre tema histórico: Si Versalles contara, Si París contara y Napoleón. No me habían impresionado. No tenía paciencia en aquellos años para ese tipo de cine, que se consideraba pasado de moda: todas las semanas se estrenaban películas de Federico Fellini, Ingmar Bergman, Luchino Visconti, Alain Resnais y François Truffaut. Por supuesto, ignoraba que Truffaut admirara a Guitry; en cambio, sabía que este cultivaba el teatro de boulevard, es decir el entretenimiento popular. Muchas de las comedias de teatro y de las películas de Guitry se basan en el trío formado por un esposo o esposa cornudos y un o una amante. Sacha escribía sobre un público burgués para un público burgués del que se burlaba y que lo aplaudía de pie a carcajadas. Sus protagonistas pertenecen a la clase alta. Tienen un problema crónico: la fabricación de coartadas que les permitan consumar sus deseos adúlteros.

En los últimos cinco días, vi Mi padre tenía razón, Quadrille, El nuevo testamento, Cumplamos un sueño (Faisons un rêve). Empecé por esta última, adaptación de la pieza teatral homónima de Guitry. Quedé deslumbrado. Sasha es un actor formidable. Siempre se lo acusó de hacer teatro filmado. Pero el desparpajo con que realizó sus films y el virtuosismo de su ingenio están más allá de las teorías estéticas. Detrás de esos diálogos y epigramas irresistibles de gracia y sabiduría están la tradición de los grandes moralistas franceses, pero también el humor de Oscar Wilde.

Como hace Borges al final del cuento "Emma Zunz", como hace Billy Wilder al final de Una Eva y dos Adanes, Guitry es capaz de terminar Faisons un rêve con una frase que amplía o cambia el sentido de lo que se ha leído o visto. Borges, en "Emma Zunz", convierte una historia de venganza justiciera en una reflexión sobre el tiempo y la identidad. Jack Lemmon, en Una Eva y dos Adanes, devenido travesti para salvarse de la mafia, se escapa con un enamorado millonario. Este ignora que su "amada" es un varón. Ya a salvo, Lemmon se arranca la peluca y confiesa: "Soy un hombre". El millonario responde: "Nadie es perfecto". De eso, hace medio siglo.

Guitry es un solterón mujeriego en Cumplamos un sueño. Tiene como amante a una mujer casada con un amigo. Por negligencia, los dos amantes se quedan dormidos toda una noche en casa del galán. Aprovecharon que el marido, con una excusa, se había ido de juerga. Entre tanto el culposo esposo también se quedó dormido en casa ajena, por lo que llama a su amigo para pedirle una coartada. Este consigue convencer al infiel de que, sin pasar por su hogar conyugal, se ausente de inmediato por dos días de la ciudad con el pretexto de que debió partir de urgencia para cuidar a una tía anciana, enferma y de provincia. Apenas llega a la ciudad de su parienta, el marido llama al amante de su esposa. Esta, por supuesto, se encuentra junto a su "amor". La mujer pregunta al amante: "¿Se arregló todo? ¿Vamos a estar juntos toda la vida?". Réplica final: "Mucho mejor: ¡por dos días!".

Guitry se casó cinco veces. Era rey y esclavo de sus compañeras. Decía: "Las mujeres no tienen edad: son jóvenes o viejas. Jóvenes, nos engañan; viejas, las engañamos". Su primera esposa, Charlotte Lysès, había sido la amante de su padre, el gran actor Lucien Guitry. La postrera, Lana Marconi, lo asistió en su agonía. Le debo a Edgardo Cozarinsky las últimas palabras de Sacha en su lecho de muerte. Se las dirigió a Lana, que le acariciaba la frente: "Esas manitas que van a cerrar mis ojos... y hurgar en mis cajones".

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