
La sucesión del cardenal Primatesta
Luego de la seguidilla de anuncios llegados desde Roma con nombramientos de obispos, en medios eclesiásticos se desalentaron las conjeturas acerca de que el Papa estuviera a punto de poner en marcha en la arquidiócesis de Córdoba la sucesión del cardenal Raúl Francisco Primatesta.
Las especulaciones se habían acentuado a partir de la nominación de monseñor Roberto Rodríguez "el único obispo auxiliar que permanecía junto al purpurado" como nuevo obispo de Villa María en reemplazo del renunciante monseñor Guillermo Alfredo Disandro.
La serie de anuncios formulados en el Vaticano incluyó a dos arzobispos coadjutores "es decir, con derecho a sucesión": los monseñores Héctor Aguer, en La Plata, para suceder, en su momento, a monseñor Carlos Galán, y Mario Cargnello, en Salta, para sustituir a monseñor Moisés Julio Blanchoud.
Parte también del proceso de renovación episcopal, el último sábado, en Concordia, monseñor Héctor Sabatino Cardelli, hasta ahora auxiliar en Rosario, tomó posesión de esa sede entrerriana.
Si bien asumirá funciones en septiembre próximo, la elección de monseñor Rodríguez para Villa María, al dejar al arzobispo de Córdoba sin ningún obispo auxiliar, contribuyó a estimular las interpretaciones de quienes entendían que de ese modo quedaban creadas las condiciones para el inminente reemplazo del cardenal Primatesta, una de las figuras de mayor prestigio del Episcopado.
Hace ya más de cuatro años, al cumplir los 75, que el cardenal presentó su renuncia según las actuales normas del derecho canónico. Juan Pablo II rechazó esa dimisión y le prorrogó el mandato "a voluntad de la Santa Sede", una situación especialísima que revela el grado de confianza y de estrecha relación personal que el pontífice, desde antes de llegar al sillón de Pedro, mantiene con quien gobierna desde 1965 una de las jurisdicciones eclesiásticas más importantes del país. (Bastaría recordar una situación límite: sólo a partir de una comunicación telefónica con Primatesta, Juan Pablo II que acababa de iniciar su pontificado, aceptó enviar un mediador para parar la guerra entre la Argentina y Chile.) Una decisión análoga termina de adoptar el Papa al rechazar la renuncia del arzobispo de San Juan, monseñor Italo Di Stéfano. Años atrás, Juan Pablo II tuvo un gesto de similar confianza con el entonces arzobispo de Resistencia, Juan José Iriarte.
Los más propensos a entender el nombramiento del nuevo diocesano de Villa María como preludio del proceso de sucesión del cardenal Primatesta no parecieron reparar que la estructura de funcionamiento de la arquidiócesis de Córdoba incluye la existencia de varios vicarios episcopales, sacerdotes que secundan y colaboran con el arzobispo en el gobierno cotidiano y que sin ser obispos están habilitados para determinados servicios episcopales como, por ejemplo, suministrar el sacramento de la confirmación.
Además de monseñor Marcelo Martorell, vicario general, esos estrechos colaboradores del purpurado son los monseñores Angel Giaccaglia (para "la campaña"); Alberto Mir (para la ciudad); José Rovai, para el clero, y el presbítero Nelson Dellaferrera, fiscal de la curia. Coincidentemente con el nombramiento de monseñor Rodríguez, se formalizó la designación como ecónomo del presbítero Marcelo Cuenca, quien ya hace algunos meses venía reemplazando en esa función a monseñor Martorell, quien, se recordará, no hace mucho tiempo fue alcanzado por las críticas y cuestionado por algunos sectores por su relación con Alfredo Yabrán, empresario que, se reconoció, efectuó fuertes donaciones a la arquidiócesis.
Los candidatos
Aunque no sea inminente, cuando lo haga, ¿designará el Papa a un arzobispo coadjutor? O sólo revelará el nombre del futuro arzobispo de Córdoba el año próximo cuando el cardenal llegue a los 80 años, edad en la cual los purpurados quedan excluidos de un eventual cónclave. No abundan los que se atreven al vaticinio.
En los corrillos eclesiásticos, "que también los hay" abundan los candidatos. Desde hace años, por su condición de cordobés y por los cargos de creciente confianza que le asignó el Papa, las miradas se han dirigido una y otra vez hacia el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Karlic. Hace muy poco, a su pedido, y quebrantando normas canónicas "usualmente se designan antes de que el titular de la diócesis cumpla los 70 años", el Papa nombró un obispo auxiliar y ello fue entendido como un signo de que ya Karlic, presidente del Episcopado y miembro de varias comisiones que lo obligan a viajar a Roma con frecuencia, no se movería de su sitio. Por lo demás,el arquidiocesano de Paraná ha cumplido 72 años que lleva con robusta salud y jovialidad, y está a sólo tres del límite fijado para la renuncia.
De ahí que comenzaron a emerger otras conjeturas: los arzobispos de Rosario, Eduardo Mirás (68); de Mendoza, José María Arancibia (61), por muchos años miembro del clero cordobés, y los diocesanos de Mar del Plata, José María Arancedo (57) y de Azul, monseñor Emilio Bianchi (68).





