
La sucesión en dos arquidiócesis
Aunque de diverso orden, casi simultáneamente hubo cambios en las dos mayores jurisdicciones eclesiásticas del país, ambas sedes cardenalicias: Córdoba y Buenos Aires. En la catedral mediterránea, cargada de historia, monseñor Carlos Ñáñez, significativamente acompañado por una gran cantidad de obispos, asumió como nuevo arzobispo para suceder al cardenal Raúl F. Primatesta, una de las personalidades más gravitantes en la vida de la Iglesia argentina. Días después, en Buenos Aires, se anunciaba la designación del presbítero Horacio Benites Astoul, primer obispo auxiliar desde que monseñor Jorge M.Bergoglio asumió plenamente el gobierno de la arquidiócesis primada.
Tanto el comienzo de la gestión pastoral de monseñor Ñáñez como la apertura del descontado proceso de sustitución de los obispos auxiliares porteños siguen a otras recientes designaciones episcopales -la de monseñor Juan Carlos Maccarone, nuevo obispo de Santiago del Estero- y se producen en un año en el cual la Conferencia Episcopal renovará autoridades.
La homilía inaugural de monseñor Ñáñez y sus primeros gestos ratificaron su condición de hombre de diálogo reconocido por su paciencia, su capacidad de escucha y comprensión y particularmente por su profundo sentido pastoral. Consciente de que no pocos medirán sus pasos con relación al largo período marcado por la personalidad y el estilo de su predecesor, Ñáñez se apresuró a consignar que no llegó a Córdoba para establecer diferencias ni cuestiones de continuidad o ruptura. Pero no ocultó las dificultades que han provocado diferencias y desuniones en la comunidad católica cordobesa ni demoró decisiones. A pocos días de empuñar el báculo, reorganizó la curia y desplazó al vicario general, monseñor Marcelo Martorell, uno de los hombres que habían suscitado controversias y que cobró notoriedad por su relación con el extinto Alfredo Yabrán.
También fue claro al plantear el mayor desafío: "El trabajo pastoral en común", para lo que invitó particularmente a los sacerdotes. "Deberemos procurar superar en la verdad y con profunda caridad las dificultades que se han verificado en nuestra comunidad", indicó Ñáñez.
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A la hora de escoger al primero de sus obispos auxiliares, monseñor Bergoglio optó por un párroco, es decir, prefirió a un pastor, a un sacerdote volcado de lleno al contacto con su comunidad, con su barrio, a la administración de los sacramentos, a pasar horas en el confesionario y a comprometerse con las familias, con los laicos. Titular desde fines de 1976 de una tradicional parroquia porteña -Inmaculada Concepción, de Belgrano, mejor conocida como "la redonda"-, el padre Horacio Benites Astoul es un exponente de las vocaciones sacerdotales que allá por la década del 50 surgieron en la militancia de la Juventud de Acción Católica (JAC). Llegó al Seminario de Villa Devoto cuando cursaba su tercer año en la Facultad de Ciencias Económicas y trabajaba en la entonces llamada Caja de Ahorro Postal, valiosas experiencias que el recién designado obispo no dejó de rescatar a lo largo de su trayectoria sacerdotal. Benites fue asesor de los jóvenes y de las mujeres de Acción Católica y fue uno de los párrocos promovidos por monseñor Bergoglio para ocupar una de las vicarías -la de Belgrano- en que está dividida la arquidiócesis. El otro, el presbítero Joaquín Sucunza, titular de Santa Rosa de Lima, se desempeña interinamente en la Vicaría de la Zona Centro. Las otras dos jurisdicciones -Devoto y Flores- están a cargo de monseñores Raúl Rossi y Guillermo Rodríguez Melgarejo, obispos auxiliares que proceden de los tiempos del cardenal Quarracino. Otro auxiliar porteño es monseñor José Luis Mollaghan, cuyo período como secretario general del Episcopado expira en noviembre próximo. Habida cuenta de que hay diócesis vacantes, en medios eclesiásticos se conjetura que algunas de ellas serán cubiertas por quienes hasta ahora son obispos auxiliares en Buenos Aires. De ese modo, monseñor Bergoglio continuaría con el proceso de renovación iniciado con el nombramiento de Benites Astoul, que será consagrado el 1° de mayo próximo en la Catedral Metropolitana.






