La tradición de la palmeta
Por Sarah Lyall The New York Times
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LONDRES
HACE seis años, en el correo de lectores del Times , estalló un debate muy inglés sobre el legado de un tal Anthony Chenevix-Trench, director del Eton College entre 1964 y 1970. Este señor tenía una costumbre desagradable: cuando se emborrachaba, cosa muy frecuente en él, golpeaba a los estudiantes con un salvajismo insólito hasta para las reglas etonianas. Después, sollozaba arrepentido.
Aunque suene extraño, varios ex alumnos suyos no parecen guardarle rencor. Entrevistado por The Times , Christopher Hourmouzios recordó que cierta vez, durante una clase de religión, "azotó furiosamente mis nalgas desnudas con un cinto". Luego hizo lo mismo con los veinte alumnos restantes. "Sin embargo _acotó Hourmouzios_, este personaje más bien victoriano, que creía en el valor del castigo corporal, era un maestro excelente. Me enseñó latín."
En estos últimos años, muchos países europeos han debatido el tema y hasta han prohibido por ley que los padres golpeen a sus hijos. En Gran Bretaña también se oyen propuestas similares, con pocas probabilidades de éxito. Si bien en 1999 los británicos prohibieron, por fin, los clásicos castigos con vara, bastón o látigo en las escuelas independientes, el debate en torno a las palizas domésticas se ha teñido, en parte, con el recuerdo de las tundas que algunos legisladores recibieron en la escuela y, a veces, intercambiaron con actuales colegas.
Así, muchos hombres públicos recuerdan las azotainas que les propinaba Douglas Hurd, que fue secretario de Relaciones Exteriores del gabinete de Margaret Thatcher. Era tan afecto a infligir castigos, que en Eton lo apodaban "Hitler Hurd". En ocasiones, los ex alumnos mencionan los azotes recibidos casi con orgullo, como si hubieran cumplido un rito de pasaje. Por algo los franceses llaman le vice anglais a las zurras entre adultos. Reconocen en ellas un producto de una sociedad en que, en un tiempo, la autoridad y el amor estuvieron vinculados con la violencia, el sufrimiento y el estoicismo infantiles.
Durante la mayor parte de este siglo, nadie intentó cambiar el sistema. A partir de 1980, los políticos empezaron a percatarse de que el Estado no podía seguir permitiendo semejante conducta, al menos en las escuelas. En 1986, se sancionó una ley que prohibió el castigo corporal en las escuelas estatales (en la Cámara de los Comunes, por un solo voto). En 1999, tras un debate encendido en que varios legisladores recordaron sus palizas escolares, y las aprobaron, la prohibición se extendió a las escuelas privadas.
La paliza "aceptable"
Ahora, se discuten los castigos domésticos. El gobierno laborista intenta reformar la ley precisando qué constituye una zurra aceptable. El texto actual, que data de la época victoriana, fue arrumbado recientemente, cuando la Corte Europea de Derechos Humanos dictaminó que no había protegido a un niño británico del "castigo inhumano o degradante" infligido por su padrastro.
El castigo corporal de niños ya es ilegal en ocho países europeos, entre ellos Suecia, Dinamarca, Austria y Letonia. No obstante, el gobierno laborista dice que no seguirá ese camino, aduciendo varias encuestas en que los británicos, por mayoría abrumadora, respaldaron el derecho de los padres a golpear a sus hijos. "El sentido común distingue entre la paliza y la reprimenda familiar, con algunas palmaditas, aceptable hasta para los padres más cariñosos", declaró el gobierno en un documento de toma de posición.
La coalición Children Are Unbeatable (nombre que significa indistintamente "no se puede golpear a los niños" o "los niños son invencibles"), que reúne a más de 200 organizaciones, desde entidades caritativas hasta grupos representativos de adultos que fueron golpeados en su infancia, discrepa enérgicamente. Elizabeth Garrett, dirigente de Barnardo´s, un grupo que aboga por los niños, aclara: "No decimos que todo aquel que golpee a un niño sea un mal progenitor, sino que todo miembro de la sociedad debe considerar si, al insistir en pegar a sus hijos, no está excusando la violencia contra los niños".
Chirlos y besos
El grupo afronta una ardua batalla, pues muchos británicos creen que el gobierno no debería intervenir en la disciplina parental. Hay quienes comparten la opinión expresada en 1999, en la Cámara de los Lores, por la baronesa Park de Monmouth: "Una palmada y un beso lo resuelven todo; un trato y un razonamiento insensibles dejan una marca mucho mayor".
"En la cultura inglesa, hay una fuerte tendencia a considerarlo el mejor método para disciplinar a los niños", señala Alexander Chancellor, columnista de The Guardian y The Times , pero añade: "Jamás se me habría ocurrido golpear a mis chicos". Cuando estudiaba en Eton, en los años 50, Chancellor evitó astutamente las tundas. En cambio, Auberon Waugh (hijo de Evelyn Waugh y actual director de Literary Review ) y otros condiscípulos eran azotados constantemente por faltas tales como robar carbón para los hogares de sus gélidos dormitorios. "Por suerte, soy un poco flacucho, en tanto que él era muy rebelde. Incluso ahora, uno casi desearía golpearlo."
Las cartas al Times revelaron que entre los ex etonianos más aporreados no pocos recuerdan todavía sus experiencias con un resentimiento curiosamente nostálgico. Uno de ellos cuenta que, más de una vez, lo enviaron al despacho de Chenevix-Trench para recibir "seis de los mejores" (azotes, por supuesto) y se encontró con la grata sorpresa de que el director había cambiado súbitamente de talante. "Tras una breve discusión, descolgaba de la pared dos sables, me arrojaba uno, practicábamos esgrima (él era un experto) y la azotaina pasaba al olvido."
Matthew Thompson-Royds, que asistió a Eton en los 50, se perdió los años de Chenevix-Trench, pero no escapó a las palizas. "Por suerte, me las aplicaba el subdirector, "Leggy" Lambert", escribe. Con todo, parece lamentar el haber vivido antes de la era de los tribunales de derechos humanos. "Me pregunto adónde llegaría la cuenta, si todos los azotados en Eton obtuvieran indemnización completa", ironiza. © La Nación
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)




