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ANÁLISISGASTÓN ROITBERG

La verdad bajo asedio: el debut de Messi, la goleada ante Argelia y la epidemia de los cheapfakes

La deslumbrante actuación del capitán en el debut mundialista desató una ola de falsos elogios atribuidos a grandes protagonistas del mundo del fútbol y medios; un fenómeno potenciado por la IA que vulnera los filtros y exige extremar el rigor periodístico para proteger la confianza de las audiencias

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Zlatan Ibrahimović y Lionel Messi, dos protagonistas involuntarios de una práctica de desinformación en redes
Zlatan Ibrahimović y Lionel Messi, dos protagonistas involuntarios de una práctica de desinformación en redes
Gastón Roitberg
Por Gastón RoitbergLA NACION
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El pitazo final marcó el inicio de una nueva ilusión. La selección argentina comenzó su camino en la Copa del Mundo 2026 con una contundente victoria por 3-0 sobre Argelia, en una noche donde Lionel Messi maravilló a todos, una vez más. Su brillante actuación generó una ola de admiración a nivel global. Sin embargo, este genuino asombro fue rápidamente secuestrado por un fenómeno de desinformación -entre tantos- que crece y engaña a millones: los cheapfakes.

A los pocos minutos de concluido el encuentro frente al seleccionado africano, plataformas como X comenzaron a inundarse de publicaciones que citaban supuestos análisis y encendidos halagos. No eran capturas de pantalla, sofisticados gráficos ni piezas audiovisuales, sino simplemente textos acompañados por fotos que se compartieron por decenas de miles en cuestión de segundos. ¿El problema de fondo? Esas rimbombantes declaraciones, aunque verosímiles por el contexto del gran partido que acababa de finalizar, jamás habían sido emitidas por los medios, directores técnicos y futbolistas a quienes se les atribuían.

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Hoy, con simples instrucciones, cualquier usuario puede generar piezas que simulan el tono periodístico haciendo casi imposible para el usuario reconocer su falsedad a simple vista en el celular

Como explica un artículo de la revista especializada Wired, el fenómeno de los cheapfakes -manipulaciones de bajo costo y muy fácil ejecución- no es precisamente nuevo en la escena política, social o deportiva. Tradicionalmente, consistían en maniobras burdas: sacar de contexto una frase, ralentizar un video para alterar su sentido o usar fotografías antiguas para ilustrar un hecho actual. No obstante, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa provocó la mutación a un recurso de extremo realismo. Hoy, con simples instrucciones, cualquier usuario puede generar piezas que simulan el tono periodístico haciendo casi imposible para el usuario reconocer su falsedad a simple vista mientras consume información en la pantalla de su celular.

Al observar este tipo de posteos en redes sociales surge una estructura simple, repetitiva y diseñada para la viralización inmediata:

  • Formato visual. Se basan en una suerte de bulleteo o enumeración atractiva, con una imagen de situación de conferencia de prensa o declaración.
  • Diseño. Lejos de mostrar imágenes épicas del protagonista muestran simplemente párrafos bien ordenados con atribución a una figura reconocible y cita del medio que supuestamente reprodujo las declaraciones.
  • Tono. Los textuales incluidos se parecen mucho a la hora de elogiar de manera desmedida al personaje, apelando constantemente a la hipérbole y la emotividad extrema.

Un ejemplo claro que circuló de manera masiva tras la victoria ante Argelia fue la siguiente cita fabricada, falsamente atribuida a Vladimir Petkovic, el entrenador de ese país: “Lo que Lionel Messi produjo esta noche no fue solo una gran actuación, fue una lección de fútbol impartida por una de las mentes y talentos más grandes que este deporte haya visto jamás”. El nivel de penetración de esta mentira digital fue tan profundo que alcanzó las más altas esferas de la vida pública: los supuestos dichos del entrenador argelino fueron reposteados incluso por el ministro de Economía argentino, Luis “Toto” Caputo. Horas más tarde, luego de que alguien le advirtiera sobre la falsedad de las declaraciones, el propio funcionario explicitó que consultó a Grok -la IA de X-, que le confirmó que se trataba de una pieza inventada, una situación que lo obligó a retractarse públicamente. Una cuestión relevante: ninguna plataforma de IA debe considerarse una fuente de información primaria o una fuente confiable de verificación. Se trata de modelos de lenguaje que no cumplen esa tarea.

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El mayor riesgo de los cheapfakes es que parecen inofensivos. A diferencia de las tradicionales fake news diseñadas para difamar, estas fabricaciones se apoyan sobre una base de verdad (Messi efectivamente jugó un partido extraordinario) y apelan al sesgo de confirmación. El hincha ve una declaración que valida lo que acaba de presenciar, siente orgullo y, sin verificar la fuente, la comparte. Luego el efecto viral se encarga de expandir la repercusión.

Esta práctica pone en juego, en este momento de noticias globales, la importancia inoxidable del método periodístico tradicional y el chequeo de datos

Pero el engaño no se detuvo en las redes sociales. La velocidad de propagación fue tal que estos cheapfakes perforaron los filtros profesionales y terminaron replicándose en informes y notas publicadas por numerosos sitios alrededor del mundo, que tomaron las falsas declaraciones virales como fuentes verídicas. El nivel de penetración fue tan alto que una de esas cheapfakes llegó a ser citada en una conferencia de prensa que brindó Lionel Scaloni en los días posteriores al partido.

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Esta práctica pone en juego, en este momento de noticias globales, la importancia inoxidable del método periodístico tradicional y el chequeo de datos. El uso de la IA generativa, una herramienta de extraordinaria utilidad cuando es bien utilizada y con reglas claras y transparentes, revaloriza el trabajo de campo, el tratamiento responsable de las fuentes y la creación original.

Hoy el periodismo profesional tiene un nuevo deber: además de buscar, investigar y publicar contenido original, debe erigirse como un escudo analítico capaz de detectar estas anomalías. La solución es la misma de siempre, es volver a las bases del periodismo: encontrar el registro fílmico o auditivo de esas supuestas declaraciones -revisando las grabaciones oficiales de las conferencias de prensa o las entrevistas en el campo de juego- y chequear exhaustivamente si estas publicaciones responden a un hecho que efectivamente haya ocurrido.

Cuando una falsedad generada por IA se cuela en la cobertura formal, se lesiona la credibilidad y se falla en el rol de validación que el público les exige a las marcas informativas para diferenciar el ruido de los hechos que efectivamente ocurrieron. El Mundial de 2026 es una cumbre deportiva de primer nivel, pero también una oportunidad para la transparencia y la confianza. Apreciar la genialidad de Messi no necesita de algoritmos.

Gastón Roitberg
Por Gastón RoitbergLA NACION

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