
La verdadera crisis del y2k
Por Germán Sopeña
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Hasta hace pocos meses, en muchas empresashabía comenzado a crecer la preocupación por los costos que ya origina el inesperado problema de las computadoras, también llamado efecto y2k, según las siglas de año 2000 en inglés (year 2kilo, o sea año 2000).
Se habla, a menudo, de que el costo global de esa compleja adaptación de equipos puede insumir de 300.000 a 600.000 millones de dólares, es decir, el PBI de un país como Rusia, o algo menos que Brasil.
Pero he aquí que las turbulencias bursátiles del mundo han dejado esas preocupaciones electrónico-financieras a la altura de una ganga. En cuestión de horas se han evaporado en las bolsas del mundo sumas mucho más astronómicas. Y la inquietud que crece en cualquier nivel empresario del mundo es la de preguntarse si no estaremos, en realidad, ante una verdadera crisis del año 2000. No ya electrónica, sino lisa y llanamente económica.
El siglo XXI puede comenzar con más problemas de lo que muchos imaginaban, y esas preguntas rondaron durante los tres días en los que gran parte del empresariado argentino acudió a escuchar a los principales expertos en empresas y tendencias en Expomanagement.
Gurúes pesimistas
Allí hablaron Alvin Toffler, Lester Thurow y, por videoconferencia, Peter Drucker. Es decir, tres de las personas que más han trabajado sobre las tendencias de la economía globalizada del fin de siglo. Y las respuestas que dieron no tranquilizaron a nadie, para ser sinceros.
Thurow dijo que el problema de fondo era Japón -país que él había ponderado mucho en el pasado- porque si la economía japonesa sigue en picada habrá que agarrarse. Dijo, en síntesis, que Japón debería vender activos, dejar que quiebren sus malas empresas y dejar entrar a inversores extranjeros, pero que sus dirigentes no hacen nada de eso por un bloqueo cultural.
Alvin Toffler fue aún más contundente y lanzó: "Apenas comenzamos a asomarnos a un período de extrema turbulencia. Todo el sistema financiero del mundo está profundamente desestabilizado y amenaza con tirar abajo la economía real".
Si esas palabras no hablan ya de una crisis mundial frente al año 2000, poco falta.
Pero, ¿qué clase de crisis?
Esa es la pregunta más compleja, porque no hay una respuesta franca disponible. Si el precedente a la vista es la crisis que se originó en 1928 en Wall Street, puede imaginarse que un gran derrumbe bursátil presagia, inevitablemente, una recesión mundial.
Pero la gran diferencia con lo ocurrido entonces es que aquella primera crisis mundial arrancó en Estados Unidos; desde allí, la enorme recesión americana se trasladó al resto del mundo.
Hoy, en cambio, el temblor empezó al revés: comenzó en países de Asia, atacó a Rusia, amenaza a China, remueve viejos fantasmas en toda América latina y, por el momento, encuentra a la economía norteamericana más fuerte que nunca y recibiendo, al final, los dólares errantes porque es el refugio natural para tanta desconfianza.
¿Cómo se desactiva esa bomba? Nadie lo sabe hasta ahora. Un columnista norteamericano titulaba hace dos días: "¿Dónde están los líderes mundiales en este momento?"
Misma pregunta
Similar interrogante corresponde hoy a todas las latitudes.
En nuestro pago chico, arrumbados ya en un lejano pasado los ruidos de hace menos de una semana por la renuncia del titular de la Unión Industrial Argentina, Claudio Sebastiani, la realidad que mantiene hoy en vilo a todos los hombres de empresa es aventurar cuándo y cómo se hará sentir la ola mundial sobre el nivel de actividad local.
En una empresa globalizada, como Ford Argentina, por ejemplo, el proceso de producción establece un monitoreo diario sobre las ventas que se ordenan en Brasil. Tan directa es la relación entre ambos países que la brusca detención de los pedidos en Brasil obligó a una inmediata paralización de ciertas líneas de montaje en la Argentina.
Las preocupaciones también son grandes entre los sectores del comercio, sea exportadores o mercadointernistas. Y el titular de la mayor cadena francesa de supermercados instalada en la argentina y Brasil ya prevé una caída de ventas para el primer semestre de 1999.
Por si todo el caos internacional fuera poco, muchos dirigentes empresariales temen hoy que la dificultad para encontrar respuestas adecuadas entre los líderes políticos mundiales, sea en Japón, en Rusia o en el Grupo de los 7, se refleje también aquí en estériles discusiones en el limbo de los justos.
Entre esas actitudes se anotan las últimas perlas parlamentarias: lanzar listas de supuestas evasiones justamente sobre las empresas que más pagan; impedir el avance de un buen proyecto de ley porque pretendía imponer el equilibrio fiscal; aprobar impuestos específicos de triste memoria y agravar, en lugar de resolver, la situación laboral.
El año 2000 no será fácil. Ni en las pantallas ni en la vida de cada ciudadano.





