La vida como mito literario

Sobre Los años felices, de Ricardo Piglia
Edgardo Scott
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18 de septiembre de 2016  

Con Los años felices, segundo tomo de Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia (Adrogué, 1941) no sólo expande su esperado proyecto autobiográfico sino que también confirma el lugar de estos diarios dentro de su obra: son su fundamento. O mejor, es la obra que resitúa el lugar de todos sus libros, de toda su obra. Su enunciación, su exigencia, su condición de lectura. En ese sentido, Los diarios de Emilio Renzi es a Piglia lo que el Borges a Bioy. No se puede leer igual a Bioy después de ese libro; no se puede leer igual a Piglia después de Los diarios de Emilio Renzi. Sería injusto y sobre todo impropio. El resto de su obra se modifica, las jerarquías cambian. ¿Por qué? Porque el programa estético se reformula completamente. Porque su ambición, su objeto, su alcance, sus márgenes se modifican. Negar esa nueva condición sería como leer a Kafka ignorando la fortuna inédita de esos textos durante su vida.

Como en el primero de los volúmenes, Años de formación, también en éste hay una obertura dictada desde el presente. ¿Una invocación? Renzi en la barra de un bar filosofando, con su manía por las definiciones, por esa refinada y persuasiva forma de la intuición. Renzi, escritor imaginario, modula una vez más y en voz alta su religión cotidiana, su ideario estético. Y recuerda. Todo comienza después del viaje a Cuba en 1967 (final del primer tomo), donde había recibido un premio por La invasión, su primer libro de cuentos.

Se pregunta: “¿Qué es personal y qué es histórico en la vida de un individuo?” Los diarios… reflejan eso, de qué manera la vida entra en la historia. Y particularmente en esos años, donde la historia se vuelve clave por su relevancia política, por su renovación del discurso, por su irrupción en el orden privado. Porque este segundo tomo de Los diarios… abarca el período 1968-1975. Siete años que nítida y deliberadamente delimitan un contexto. Por un lado, los años donde la violencia política empieza su espiral ascendente que culminará en el golpe de 1976. Y por otro, la asimilación de esa violencia a la vida cultural, a los años felices de un joven escritor que empieza a desplegar su estilo. Ya no su iniciación, tampoco su devenir. Un intervalo luminoso, donde la energía del trabajo, las apuestas, todas las decisiones que empiezan a forjar el destino se tornan visibles y expresivas: se dejan leer. “Por eso, tal vez los voy a llamar mis años felices, porque al leerlos y al transcribirlos, me divertí viendo lo ridículo que es uno.” Por supuesto, el yo es ridículo, y como precisó Pascal, aborrecible. Pero también es inevitable. Y además, en estos diarios, el yo exhibe su naturaleza enfática y provisoria, tan plástica, tan frívola, tan novelesca.

Respecto del contenido, surge otra vez el afán clasificatorio de Renzi, series que incluyen su panteón admirado: el primer Hemingway, Pavese, Faulkner, Borges, Arlt y, sobre todo, Scott Fitzgerald (a fin de cuentas, y en más de un sentido, símbolo de los años felices). Scott Fitzgerald también es un modelo ético. Anota Renzi: “Como él, yo esperaba ‘ser’ mejor que cualquier otro escritor de mi generación”. Están sus trabajos: clases, reseñas, contratapas, colecciones, los primeros ensayos. El lugar clave del editor Jorge Álvarez. Sus amores y miedos. Y también sus interlocutores y amistades: David Viñas, Germán García, León Rozitchner, Luis Gusmán, Carlos Altamirano, Norberto Soares, Beatriz Sarlo.

“Debo seguir adelante, registraré lo que me pasa sin dejar de anotar mi vida, día tras día”, escribía Piglia en 1968, a los 27 años. La conciencia de Renzi es un método y un programa estético: el pasaje de la vida a la literatura. Que la vida sea literatura. “Como se ve, este cuaderno tiende a marcar sobre todo mi biografía intelectual, como si la vida se fuera dibujando sin otro movimiento que el de la literatura. ¿Y por qué no? Siempre hay que elegir la obra y no la vida, o mejor, la obra construye el modo de vivir.” Exactamente eso es lo que se percibe en Los diarios… Renzi siempre fue para Piglia como un alias, un nom de guerre para la transformación definitiva: la metamorfosis absoluta de la figura de autor y sujeto Ricardo Piglia en mito literario.

LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI II. LOS AÑOS FELICES

Por Ricardo Piglia

Anagrama

420 págs., $ 425

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