
Las "cocinas" de la droga
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En los últimos años se ha registrado un preocupante incremento del mercado de drogas ilícitas en el territorio nacional. Ya ni se discute si además de ser un país de tránsito es también de consumo, pero ahora se trata de saber cuándo vamos a adquirir un perfil más definido que nos identifique, también, como país productor de drogas. Meses atrás, la Drug Enforcement Administration (DEA), la agencia antinarcóticos norteamericana, señaló en un informe oficial que, si bien la Argentina no es un país productor de droga, en 2004 "hubo un aumento en la producción de cocaína utilizando coca base importada de Bolivia". Las cifras que cada año se conocen sobre la cantidad de sustancias ilícitas fabricadas en laboratorios clandestinos locales marcan una tendencia que debe preocupar a las autoridades con responsabilidad en la materia.
Durante 2004 fueron desmantelados 20 laboratorios clandestinos, también conocidos como "cocinas", situados sobre todo en el conurbano bonaerense. Uno de ellos, instalado por el colombiano Alejandro Carvajal Montes de Oca, también conocido como "el ingeniero", un hombre perseguido en toda América latina por ser especialista en abrir fuentes de producción de droga y que habría dejado en funcionamiento más de un laboratorio aquí. En lo que va del año ya hubo seis allanamientos en los que se descubrió igual número de locales clandestinos. El último fue en La Matanza; allí procesaban la cocaína que luego vendían en el mercado local y planeaban exportar, oculta en latas de atún.
El ácido clorhídrico es, según el sitio de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), una de las 60 sustancias definidas como precursores químicos , usadas para la elaboración de cocaína u otras drogas. Para elaborar un kilo de cocaína se necesitan aproximadamente unos 300 kilos de hoja de coca, que deben ser tratados con ácidos y solventes. En la Argentina la producción de hoja de coca es ilegal y sólo existen plantaciones marginales. En cambio, hay muchísimas empresas que producen, importan, exportan o transportan precursores químicos, entre los que hay sustancias comunes como el querosén o el alcohol metílico. Esas empresas están obligadas a registrarse ante la Sedronar, y a informarla de todas las operaciones comerciales y de transporte que realicen con dichos componentes.
Según estadísticas de la Sedronar, el año último se secuestró en la Argentina un total de 3061 kilos de cocaína. Las cifras provisionales que se manejan actualmente y que se proyectan para todo 2005 podrían mostrar un nuevo aumento. Hasta los primeros días de mayo último se llevaban incautados más de 1200 kilogramos de cocaína, poco menos de la mitad de lo que se secuestró en 2004.
La Argentina aún presenta importantes vulnerabilidades frente al problema del narcotráfico; entre otras, las pistas clandestinas aptas para el aterrizaje de pequeñas aeronaves que no pueden ser detectadas por falta de un adecuado plan de radarización -situación que el Ministerio de Defensa busca solucionar con la compra de equipos-; las extensas fronteras custodiadas por fuerzas de seguridad mal pagas y no siempre bien equipadas, aunque con una enorme voluntad para combatirlo, o la corrupción que se ha hecho carne en un importante número de integrantes de las fuerzas policiales.
Además de la solución a estos factores, resulta necesario diseñar una política de Estado articulada a partir de un amplio debate, sin preconceptos ni condicionamientos, con los representantes de los distintos estamentos que conforman el tejido político-social de la Nación. Sólo con medidas adecuadas, eficaces y perdurables en el tiempo y una decidida voluntad política para llevarlas a cabo se podrá limitar el avance del narcotráfico y acotar sus efectos, que impactan tan negativamente en la sociedad.



