
¿Libros sí TV no?
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Por Germán Gómez
Los resultados de las últimas pruebas de matemática y lengua que forman parte del operativo de evaluación de la calidad de la enseñanza a cargo del Ministerio de Cultura y Educación no demuestran grandes cambios con respecto a los de años anteriores. Hay sin embargo una diferencia importante. Las pruebas tomadas en el tercer grado de la primaria (antes no examinado) ofrecen valores positivos muy superiores a los que se hallan en séptimo o en el segundo año de la escuela media.
Estos resultados generaron sorpresa en algunos medios educativos. La ministra de Educación Susana Decibe dijo que se trata de un tema que merece ser estudiado detenidamente.
De todas maneras los valores generales siguen siendo pobres y parecen confirmar lo que se sigue afirmando con respecto a lo que obtiene la escuela. Decibe consideró necesario que los chicos "apaguen el televisor y dediquen por lo menos tres horas diarias al estudio en el hogar".
Una propuesta de este tipo podría crear en los padres estados de gran aflicción. Limitar la TV es algo que pueden conseguir pero afrontando la necesidad de aplicar a sus hijos severos castigos físicos y psíquicos o de entablar con ellos negociaciones más difíciles que las de árabes e israelíes.
Hasta tercer grado
Un especialista ampliamente conocido el profesor madrileño Mario Carretero ha vertido en uno de sus libros publicado por una editorial argentina expresiones significativas.
"Casi todos los sistemas educativos -afirma Carretero en Constructivismo y educación- logran despertar el interés de los alumnos en los primeros años mediante la presentación de actividades que resultan motivadoras y que parecen cumplir una función en el desarrollo psicológico." Esa situación se altera según el autor a partir de los diez años época en la cual se elevan las exigencias académicas y comienza a disminuir el interés. Es posible que ese límite se deba correr un poco más atrás hasta los 7-8 años y al segundo o tercer grado de la escuela elemental como se ha sostenido repetidamente en esta columna.
Los chicos del jardín de infantes o de los primeros grados de la primaria ven televisión pero no por eso aborrecen la escuela. A medida que se avanza en la escolaridad aumentan los fracasos. La situación más dramática se da en segundo año cuando crece fuertemente el porcentaje de repetidores.
Aprovechar la TV
La semana última se realizó en la Feria del Libro un panel sobre el tema Educación para la comunicación en el cual intervinieron Beatriz O. de Amadeo Luis Alberto Quevedo Laura Moreno Tatiana Merlo Flores Silvia Bacher y Ana Fuentes. El encuentro fue auspiciado por la Fundación Televisión Educativa que preside Sara Shaw de Critto.
Los panelistas si bien entienden que el tema está en discusión no creen que a los niños se les deba limitar la TV. Más bien suponen que se los debe alentar para que lleguen a ser capaces de volverse críticos de lo que ven en la pantalla convirtiéndose en receptores activos y recreadores de los mensajes que por ella les llegan.
Tatiana Merlo Flores ha sido designada para actuar en calidad de delegada coordinadora para América latina de un foro sobre niños y medios que se vincula con una entidad internacional de fines parecidos con sede en París. Una reunión del Foro Internacional de Investigadores tendrá lugar en abril del año venidero.
Es evidente que la escuela ha perdido terreno e interés frente al poder impresionante de los medios que han absorbido el tiempo libre de los jóvenes y se han transformado en el consumo cultural más importante de la actualidad como señala la fundación.
Lo que plantean hoy los especialistas es la necesidad de aprender a integrar lo que hacen los niños en la escuela y lo que reciben de la televisión. En esa integración parece residir la clave del problema. Los expertos coinciden en que negar los medios o desprenderlos de la escuela es algo que va en contra de todos los datos de la experiencia y particularmente en sentido inverso de lo que los chicos están dispuestos a querer y apreciar.
Hoy más que nunca es realmente difícil producir actos educativos eficaces sin apoyarse en la cultura de los medios. Saber usarlos adecuadamente constituye un verdadero desafío no resuelto totalmente aún.





