
Lo innato y lo adquirido
Por Antonio M. Battro
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Cada generación de psicólogos y educadores se pregunta qué es lo que el alumno ya sabe y qué es lo que aprende. Dicho de otra manera, qué hay de innato y qué de adquirido en su comportamiento, en su conocimiento.
El niño oyente aprende a hablar sin mayor dificultad, tiene una extraordinaria capacidad para distinguir los sonidos de la lengua de cualquier otro sonido, para recordar palabras, para componer frases. El niño sordo de nacimiento también puede aprender a hablar, gracias a una adecuada educación oral , junto con los implantes cocleares, que ayudan significativamente, y los audífonos de última generación. También puede aprender un lenguaje gestual.
Ningún animal, en cambio, es capaz de generar un lenguaje, sea oral o gestual. Pero no hay evidencia científica de que nuestra capacidad lingüística sea determinada genéticamente. No existen pruebas de una gramática "controlada por los genes". Más bien, todo indica que es preciso una fuerte interacción del organismo con el medio.
Si analizamos los genes de los chimpancés, que son incapaces de hablar, vemos que apenas difieren de los nuestros (menos del 2%). Tampoco se trata de tener una enorme cantidad de material genético en las células de nuestros cuerpos, tenemos apenas unos 200 tipos celulares que compartimos con muchas células de otras especies animales, y muchas plantas tienen más ADN que los humanos.
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Sabemos hoy que hay más chicos disléxicos, con dificultades para leer, en los países sajones que en los latinos, pues nuestras lenguas son más "transparentes", "se lee como se escribe" y hay pocas excepciones a las reglas fonéticas. Pero, independientemente del idioma, las personas disléxicas manifiestan cambios en la actividad del cerebro en zonas semejantes. La dislexia es un trastorno neuropsicológico específico de "carácter cultural", que perturba la lectura del lenguaje escrito, pero no la interpretación del lenguaje hablado.
En este sentido, será difícil probar que un niño analfabeto es disléxico o que un bosquimano, cuya cultura no incluye la escritura, lo sea. Esto es interesantísimo pues, precisamente, la civilización se ha caracterizado por la producción de una multitud de escrituras, y algunas han sobrevivido como monumentos imperecederos de pueblos desaparecidos. Nuestros cerebros han aprendido a reconocer los signos, siempre arbitrarios, que representan las palabras, con llamativa facilidad. Pero algunos tienen dificultades para leer.
Debemos reconocer, en definitiva, que la genética brinda los fundamentos esenciales en la construcción de un cerebro y de un aparato fonatorio que nos permiten hablar, pero que, a su vez, hay una enorme plasticidad en el desarrollo de organismos tan complejos como los nuestros.
La educación se basa en esta plasticidad, que toma características excepcionales cuando se refiere al desarrollo del cerebro humano. Y es aquí donde se incorpora la educación. No intenta cambiar el material genético del alumno, trata de "esculpir su cerebro", modificar el "fenotipo", no el "genotipo"
Ese cincel se llama cultura, que se incorpora, se "hace cuerpo", en formas muy sutiles, en los gestos, en los modales, en las emociones, en los pensamientos, en las creencias, y sobre todo en la lengua.





