
Lo que el mar lleva y lo que el mar trae
Ha sido tema excluyente de la semana pasada el terremoto en Chile. Difícil de sustraerse a él por razones de todo tipo, hasta lingüísticas, como se verá.
Por correo electrónico, el lector Julio Boljover clama por una respuesta: "¿Será posible que los redactores usen el castellano? Porque ha sido frecuente que se produjeran «resbalones», pero superó todo la invasión, desde el domingo 28 y sin parar, de los tsunamis . Cuantitativamente por el volumen y cualitativamente por nuestro despreciado idioma, nos están haciendo sentir como si todo el oleaje se nos hubiera venido encima incontenible. ¡Por favor, no permitamos hacerle un réquiem a maremoto (aunque la otra palabreja pueda sonar más eufónica)!" Boljover lleva parte de razón. Si maremoto es, como efectivamente lo define el Diccionario de la lengua española , "agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones", entonces a la catástrofe chilena de los últimos días le calza la palabra maremoto , aunque la palabra de origen japonés tsunami , que significa literalmente ´gran ola en el puerto´, se aplica al grupo de olas que se producen cuando algún fenómeno extraordinario (como un sismo) desplaza verticalmente una gran masa de agua.
También ocurre que, en el tiempo, está muy próxima todavía en la memoria la catástrofe de 2004, el llamado "tsunami asiático", y, como bien repara el lector, esta palabra puede sonar muy eufónica a los oídos del hablante de español.
Podría haber empero otra explicación, más humana. Que movidos, como escribe Borges en "El Zahir", "por la más sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo", haya quienes prefieran escribir tsunami antes que maremoto simplemente porque les parece que está de moda. ¿Y quién puede resistirse a los dictados de la moda, sobre todo si no están escritos?
Ahora que el V Congreso Internacional de la Lengua, que se iba a realizar en Valparaíso, Chile, la semana pasada, ha pasado al estado virtual (en la página electrónica del congreso, http://www.congresodelalengua.cl / , se muestran las ponencias y discursos que los participantes tenían previsto presentar, con el lema "América en la lengua española"), se pueden aprovechar algunas recomendaciones; por ejemplo, las del académico uruguayo Juan Grompone ( Los neologismos científicos y tecnológicos en español ), cuando advierte de la necesidad de establecer reglas: entre otras, respetar el origen del neologismo, no traducir las siglas ni las palabras inventadas, y adaptar palabras que ya existan.
Con respecto a la "vida" o "muerte" de las palabras, hay un artículo muy interesante en Babelia , el suplemento literario del diario español El País ,del sábado 27/02. En "Salvemos la «acercanza»", Jesús Ruiz Mantilla cuenta cómo dos escritores, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, y un humorista, Mingote, salvaron a la antigua palabra acercanza (´Proximidad, relación´) de la desaparición. Como no se documentaba su uso desde 1494, estaba condenada a dejar de figurar en el diccionario, para "hacer lugar" a otras sí más usadas. Los tres académicos resolvieron resucitarla: los escritores la incluyeron en sus artículos y el humorista en su viñeta. "Además, Pérez-Reverte la ha utilizado en su nueva novela El asedio ", agrega Ruiz Mantilla.
Lo cierto es que, a propósito de acercanza ("Yo la volví a utilizar con un sentido nuevo, le quité la acepción poética y la coloqué en un uso normal, algo así como: «Si alguien prefiere rehuir esa acercanza»", precisa Marías), la Real Academia Española ya ha comprendido que, gracias a la virtualidad de la era digital, todas las palabras podrían seguir estando "vivas" en el espacio infinito, donde, concluye el articulista, "saltan sin cesar todas las palabras de todos los idiomas, como en un babel horizontal de pasado, presente y futuro".
Celebremos entonces la segura existencia de maremoto , porque seguirá siendo útil ahora y en el futuro. Por ejemplo, para entender las Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne.
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