
Los buenos líderes están un poco locos
Para el psiquiatra Nassir Ghaemi, las claves de la genialidad política están en algún grado de enfermedad mental
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Un hombre triste, melancólico, con tendencia al suicidio y a pasar largas noches paseando por los bosques, acompañado de su pistola. La descripción, escrita por el psiquiatra estadounidense Nassir Ghaemi en su libro A First-Rate Madness , corresponde a un hombre depresivo. Pero no a cualquier hombre..., sino a uno de los líderes más importantes de la historia: Abraham Lincoln.
El especialista, sin embargo, no pretende desmitificar al asesinado presidente de Estados Unidos. Todo lo contrario. Su tesis es que fue precisamente la depresión la que le permitió a Lincoln ser el líder que fue. Y según Ghaemi, no es el único caso. En 350 páginas desarrolla la tesis de que algunos de los más importantes dirigentes políticos, sociales y militares de la historia lo fueron debido a los problemas mentales que padecían.
Cuenta, por ejemplo, que Ted Turner es bipolar, que Gandhi, extremadamente tímido y que John Kennedy era anormalmente hiperactivo y positivo. "En tiempos de crisis, estamos mejor si nos dirigen líderes con problemas mentales que líderes normales", dice el autor. Y, de hecho, para él esto es totalmente determinante.
En su libro, el psiquiatra adhiere a la hipótesis de que no hay genialidad sin locura. Ni tampoco hay buenos líderes en tiempo de crisis que no hayan sentido dolor o sufrimiento. En concreto, menciona cuatro elementos de la psicología que promueven un buen liderazgo en crisis: realismo, resiliencia, empatía y creatividad. Todas, surgidas de problemas como la depresión, crean un buen dirigente.
¿Quiénes son los más destacados líderes en tiempos de crisis? El autor desarrolla los perfiles de William T. Sherman, Ted Turner, Winston Churchill, Abraham Lincoln, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Franklin D. Roosevelt y John Kennedy como personajes que cumplen con estas características. Y, por el contrario, menciona a Richard Nixon, Neville Chamberlain, George W. Bush y Tony Blair como líderes que no servían para afrontar las crisis porque "estaban demasiado cuerdos".
Según Ghaemi, el multimillonario Ted Turner tuvo una infancia muy difícil, que lo marcó para toda la vida. Esto le generó "síntomas maníacos" y un trastorno bipolar que se manifiesta en una incapacidad para estar sin hacer nada. Esto, a su vez, crea algo llamado "creatividad maníaca", la capacidad de generar constantemente ideas originales.
En el caso de Gandhi, el autor cuenta que durante su juventud era "ansioso, extremadamente tímido", y si bien nunca dejó de serlo, adaptó esta característica a sus ideales. "Vio su timidez natural como una forma de establecer el silencio espiritual". Según Ghaemi, Gandhi era "un santo que podía empatizar sin límites", pero esa capacidad venía de la depresión. "Como entendía el dolor, también comprendía a sus adversarios y la forma en que éstos podían ser conmovidos", escribe.
Lincoln, dice Ghaemi, "era el político perfecto. Trataba de tener a todos los lados contentos, pero también podía ser impiadoso, dispuesto a sacrificar a sus aliados naturales para acallar a sus estridentes enemigos". Estos rasgos se originaron en la depresión que lo acompañó toda su vida: "Le habría dado una visión realista de la sociedad y una gran capacidad de empatía para ser un gran líder de crisis. El mejor de todos".
Churchill también era depresivo. Y Kennedy exactamente lo contrario: "Enérgico, encantador, rebelde, con un gran atractivo en el sexo opuesto. Hiperactivo". Así lo describe Ghaemi, para quien estos rasgos son síntomas de una enfermedad mental llamada hipertimia, que consiste en que la persona está siempre alegre, optimista, satisfecha de sí misma y del entorno que la rodea. El problema, sobre todo cuando se trata de liderar un país, es que ese estado de ánimo no siempre es reflejo fiel de la realidad.





