
Los desertores de Hitler
Por Eckhard Stengel Frankfurter Rundschau
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BREMEN
EL gobierno alemán todavía no ha puesto en práctica su anunciado proyecto de amnistiar a soldados (ahora ancianos) que desertaron de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial.
En mayo de 1998 se aprobó una ley que autoriza la revocación de fallos injustos dictados bajo el Tercer Reich. "Para nosotros, se ha cumplido un sueño", expresó en aquel momento Ludwig Baumann, presidente de la Asociación Federal de Víctimas de la Injusticia Militar Nazi. Pero, al leer más detenidamente el articulado, se dio cuenta de que su comentario había sido prematuro. La ley no borraba el estigma de los convictos por deserción en la forma inequívoca que la asociación venía reclamando desde hacía años.
La ley, aprobada tanto por el oficialismo conservador de entonces (Unión Demócrata Cristiana y Unión Socialcristiana) como por la oposición socialista, revoca todas las condenas que "violen conceptos elementales de justicia [...] y deriven de la promoción o el mantenimiento del injusto régimen nacionalsocialista por razones políticas, racistas, religiosas o filosóficas".
Aparte de esta cláusula general, que, por lo demás, requiere una aclaración, la ley anula determinados fallos, como los dictados por el tristemente célebre Volksgericht (Tribunal Popular). Pero no incluye en la nómina los miles de condenas a muerte por deserción -no todas cumplidas- por considerarlas casos individuales.
En 1998, el democristiano Norbert Geis aventuró una interpretación en el Parlamento: "Desde luego, una condena por deserción sólo se revocará si el condenado se opuso realmente al régimen nazi".
Trámite humillante
La inclusión, o no, de un desertor en las generales de la ley puede ser solicitada por el interesado o sus descendientes ante la Fiscalía Pública. Baumann calificó el trámite de "humillante" e "irracional".
Socialistas y verdes no querían dejar las cosas así. Cuando su coalición sucedió en el gobierno a la democracia cristiana, a fines de 1998, acordaron enmendar la ley; pero Baumann y sus camaradas siguen esperando. Baumann, un tenaz septuagenario de Bremen, lleva meses negociando con la ministra de Justicia, la socialdemócrata Herta Daeubler-Gmelin, que expresó su apoyo a la reforma. Baumann lo confirma, pero dice que sólo recibió de ella meras promesas.
Thomas Weber, vocero del Ministerio de Justicia, informó al Frankfurter Rundschau que, por ahora, no hay ninguna "razón práctica" para sancionar una nueva ley: en todos los casos presentados hasta el momento, se rehabilitó al desertor una vez verificada su causa. Pero esto no significa nada, porque los desertores convictos ni siquiera presentan solicitudes: esperan una amnistía general.
Cuentan con el apoyo del diputado verde Günter Saathoff, especialista en la materia, que no logra comprender por qué el Ministerio de Justicia no ha elevado al Parlamento un proyecto de reforma, pese a los reiterados recordatorios que se enviaron. Quiere replantear el tema inmediatamente después del receso de verano.
Entretanto, el tiempo pasa. Nueve años atrás, la asociación que preside Baumann tenía treinta y siete miembros; hoy sólo sobreviven once.





