Los medios y los fines

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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15 de octubre de 2009  

Tipos que de esto saben un montón aseguran que ni aun cuando la ley de medios pudiera aplicarse en un plazo breve, dándole al Gobierno un manijón tremendo para influir sobre la opinión pública, estaría en condiciones de torcer el resultado electoral dentro de dos años. Por lo que, con ley o sin ella, el matrimonio tendría que resignarse a cambiar las nieves de El Calafate por las cálidas aguas del Caribe. Y si luego de bancarse las monsergas del comandante Chávez se sintieran agobiados, les quedaría la opción, por ejemplo, de trasladarse hasta Dubai y reservar allí una habitación o dos en el hotel Burj al Arab, de sólo 30.000 dólares el pernocte. Lo que sería una lástima, no por la suma que deberían oblar, que pueden afrontarla, sino porque se truncaría una experiencia tal vez única en el mundo.

Muchos de cuantos están convencidos de que la eyección de los K en 2011 es inexorable se preguntan para qué se metieron en semejantes honduras, comprometiendo la caja, forzando a algunos honrados legisladores a aceptar la Banelco, exponiendo al país a una cantidad de juicios y hasta permitiendo que se sospechara de sus intenciones democráticas, cuando las chances de gambetear su destino errante son casi nulas. Lo que pasa es que quienes razonan de esta manera no tienen en cuenta cuál fue la razón de este discutido paso y que no ha sido otra que la crispada fascinación que sobre el matrimonio ejerce el periodismo. Lo que requiere ser explicado.

El matrimonio K proviene de una pequeña comunidad austral en la que ejercían como patrones. Allí todo estaba supeditado a su voluntad y la oposición se emparentaba forzosamente con el hambre. Por eso, cuando desembarcaron en BiEi, su comportamiento fue tan extraño. Por un lado, cerril resistencia a toda requisitoria periodística, y por otro, el montaje de una superestructura de prensa y propaganda encargada de ajustar el periodismo nacional a los estándares santacruceños. Lo que fracasó, porque cuando los medios son libres y los periodistas pueden hacer su trabajo, los enjuagues, el macaneo, las metidas de mano y de pata y la vocación por hacer el ridículo no se ocultan ni se perdonan.

Ahora bien, ante esta realidad inesperada, ¿cómo no relacionar, en el pequeño corazón aldeano de los K, su fracaso del pasado 28 de junio y el anterior también, el de la 125, con la para ellos asombrosa pertinacia de estos tipos del micrófono, la pantalla de TV o los diarios, por resistirse a ese aluvión de guita puesto al servicio de su gobierno? ¿Y cómo no relacionar también todo esto, con esa última y final decisión de ir por todo, al costo que resulte, con tal de lograr apagar la hoguera que los está consumiendo? Y así, con todos los medios bajo su mocasín, hacer el periodismo que ellos quieren, sin riesgo, sin críticas, ingenuo, doméstico y cordial. Como otra Legislatura con mayoría K; como otra CGT moyanista. En resumen: comme il faut .

Alguien, en el Margot, se mostró asombrado por la cantidad de aviones que están sumando a la flota presidencial. "¿Cuando se vayan -dijo- no les alcanzará con uno?" "No, maestro -le respondió muy serio el reo de la cortada de San Ignacio-, uno es para ellos y los otros para las pilchas de la señora."

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