Los misterios y ambigüedades de la relación entre Macri y Bolsonaro

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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4 de enero de 2019  • 01:03

Mientras el faltazo del presidente Mauricio Macri al acto de asunción de Jair Bolsonaro continúa suscitando cuestionamientos, empresarios y economistas argentinos partidarios de políticas promercado se ilusionan con los primeros anuncios del flamante presidente de Brasil y se preguntan si no podrían marcar un camino para la Argentina.

Bolsonaro promete avanzar en la reforma laboral que fue impulsada por su antecesor, Michel Temer , y sancionada en 2017 por el Congreso brasileño. También pretende imponer una reforma jubilatoria, reducir fuertemente el déficit fiscal y profundizar los acuerdos de libre comercio.

Para algunos observadores, el modelo Bolsonaro, con el aporte de Paulo Guedes, el nuevo superministro de Economía formado en la Escuela de Chicago, podría seguir el ejemplo del Chile de Augusto Pinochet, cuyas reformas de tinte liberal condujeron en materia económica a un Estado mucho más pequeño, que se diferenció de casi todo el resto de Sudamérica.

En un contexto internacional enormemente competitivo, donde los países pugnan por la captación de inversiones externas, las señales de Bolsonaro, al igual que la flexibilización laboral brasileña aprobada en su momento, son similares a las que no pocos potenciales inversores locales y extranjeros esperarían de las autoridades argentinas.

El propio Macri tiene claro eso. No por casualidad se ha manifestado más de una vez en contra de los costos laborales, de los costos logísticos y, especialmente, de los costos derivados de intereses mafiosos que han operado sobre el fuero laboral de la Justicia y alimentado una industria del juicio. Pese a eso, su gobierno no ha podido avanzar prácticamente nada en ese terreno y las perspectivas de que pueda hacer algo en lo que queda de su mandato son bastante sombrías. A tal punto que ni siquiera pudo concretar la iniciativa de blanqueo laboral, que llegó a contar oportunamente con bastante consenso entre empresarios y sindicalistas.

Las circunstancias políticas y el nuevo año electoral también obstaculizarían por ahora en la Argentina cualquier negociación sobre una reforma previsional como la que alguna vez imaginó el gobierno de Macri y ahora se plantea Bolsonaro en su país.

Economistas liberales, como Agustín Etchebarne, creen que si Brasil avanza con esas reformas y nuestro país no hace nada, la Argentina ahondará su falta de competitividad. "Si Brasil, además de abrirse al mundo, baja sus costos, merced a la reforma laboral que ya aprobó su Congreso y a la proyectada reforma previsional, debería marcarnos un camino a los argentinos", opina el economista, uno de los directores de la Fundación Libertad y Progreso. La conclusión de estos especialistas es que la Argentina podría quedar muy rezagada en términos de captación de nuevas inversiones si no puede seguir el tren de reformas de Brasil.

Al margen de esa cuestión, todos en el Gobierno apuestan a que a Brasil le vaya bien, dado que la recuperación económica de nuestro vecino podría generar un efecto derrame en la Argentina. La principal esperanza pasa por una recuperación de las exportaciones argentinas a Brasil, que en 2000 representaban el 12 por ciento del total de las compras brasileñas al mundo y hoy han quedado reducidas a tan solo el 6 por ciento, pese a que en ese período de 18 años Brasil triplicó sus compras al exterior.

Lo inexplicable para muchos es que Macri se haya abstenido de concurrir el 1° de enero al acto de asunción de Bolsonaro. Algo aún más difícil de entender teniendo en cuenta que Macri acaba de ser designado presidente rotativo del Mercosur y que la mayoría de los primeros mandatarios de Sudamérica estuvieron presentes en Brasilia.

Quizás Macri prefirió no arriesgarse, en un año electoral, a aparecer cerca de un Bolsonaro cuya gestión aún está por verse, pero cuyo repertorio de frases racistas, discriminatorias y misóginas, sumadas a su defensa del viejo régimen militar que gobernó Brasil, cayeron mal a muchos argentinos. Más que por la necesidad de un descanso, la ausencia del presidente argentino en la ceremonia de asunción de su par brasileño podría haber obedecido a marcar una diferenciación, para no quedar pegado a una derecha extrema, cuando todo indica que, al menos en la Argentina, hay que ubicarse en el centro para ganar elecciones.

Es probable que, íntimamente, Macri tenga más coincidencias que divergencias con Bolsonaro en materia económica y de seguridad. Pero cruzar el río que diluya la imagen políticamente correcta que sus estrategas de campaña han buscado construir de sí mismo puede suponer hoy un riesgo que no se quiere correr. Los misterios y las ambigüedades que rodean la relación entre los dos presidentes tal vez se empiecen a aclarar cuando el 16 de este mes se reúnan en Brasilia para discutir, entre otras cosas, la futura arquitectura del Mercosur y la delicada situación de Venezuela.

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