
Los mundos posibles
Por Mario Bunge Para LA NACIÓN
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La ontología, o metafísica, solía ocuparse del mundo real y de la divinidad, y rara vez usaba conocimientos científicos. En el curso del último medio siglo, el tema central de la metafísica ha cambiado: ahora es el de los mundos posibles o, más precisamente, fantásticos. Uno de los más populares, inventado por Hilary Putnam, famoso profesor en Harvard, es el de la Tierra Gemela. Este sería un planeta idéntico al nuestro, excepto que en él el agua no tendría la composición conocida, sino una muy diferente, tal vez desconocida, y por esto llamada habitualmente XYZ.
En otra versión, el mito de la Tierra Seca, no habría agua, pero la gente sería víctima de una ilusión: vería mares, lagos y ríos que en realidad no existen, de modo que sólo hacen como que la beben o la usan para asearse.
Otro filósofo famoso, Saul Kripke, inventó un mundo en el que la gente no pensaría con la cabeza, sino con los pies u otras partes del cuerpo. Su argumento es que no es lógicamente necesario que se piense con la cabeza. Esto es obvio, tanto como que la necesidad lógica no es la única: también hay necesidades naturales y sociales, las que escapan a la lógica. Kripke, profesor de lógica, se comportaba como el chico que, habiendo descubierto cómo usar el martillo, trataba a todas las cosas como clavos.
Con estas fantasías se habría probado que no es lógicamente necesario que el agua esté compuesta de oxígeno e hidrógeno, que los organismos contengan agua o que los procesos mentales sean procesos cerebrales.
¿Era necesario demostrar que las leyes naturales no son lógicamente necesarias? Es claro que no: esto ya se sabía. También cualquiera sabe que un cuerpo compuesto de moléculas que no se originen por la combinación de una parte de oxígeno con dos de hidrógeno no tiene las propiedades del agua y, por lo tanto, no desempeña los mismos papeles geológicos ni biológicos que desempeña el agua. Por el mismo motivo, tampoco se llamaría "agua".
Algo parecido se aplica a los pies pensantes: todos sabemos que son mera fantasía y que para pensar hace falta cabeza. Por esto es que, cuando una dictadura teme la crítica, corta cabezas, no pies.
¿A qué se debe la proliferación de mundos posibles en la comunidad filosófica? Hay varios motivos. El que suele aducirse es que había que encontrarle aplicación a la lógica modal, o lógica de la posibilidad conceptual (a diferencia de la real). Esta teoría versa sobre proposiciones posibles, no sobre hechos posibles, o sea, los que se ajustan a leyes naturales o a normas sociales.
Pero ¿qué significa "proposición posible", a diferencia de "hecho posible"? Nadie lo supo hasta que Kripke dio en la tecla: afirmó que una proposición posible es una afirmación verdadera en un mundo posible. Por ejemplo, la proposición "Los cerdos pueden volar" es falsa en la Tierra, pero éste no es sino uno de los incontables mundos posibles concebibles. En otro, Tierra Puerca, los cerdos vuelan. Kripke se hizo célebre por pensar puerilidades como ésta. (En la jerga filosófica, Kripke formuló la semántica de la lógica modal.)
La gente común tiene demasiadas ocupaciones y preocupaciones para ponerse a fantasear, a menos que su ocupación consista en escribir literatura fantástica o ciencia ficción, enseñar microeconomía neoclásica o ejercer el psicoanálisis.
Un filósofo serio sabe que la lógica modal no es sino un juego académico, puesto que no se la usa para razonar en ninguna rama del conocimiento.
Un metafísico serio intenta aprender algo acerca del mundo real "el que investigan los científicos naturales y sociales" antes de abordar problemas metafísicos serios, tales como la naturaleza de las cosas, del espacio, del azar, de la mente y de lo social. Intenta hacer metafísica científica, no mitología. Por consiguiente, rehúye el imperialismo lógico, o sea, el mito de que la lógica basta para investigar la realidad. Es verdad que sin lógica se corre el riesgo de disparatar. Pero ella sola no basta para entender el mundo real, porque éste consta de cosas concretas, materiales, no de ideas.
Los cerdos voladores y los pies pensantes pertenecen al mundillo de los profesores carentes de problemas serios y poseedores de una imaginación fértil, pero estéril. ¿Es de asombrar que la filosofía contemporánea no logre interesar a los buscadores de verdades acerca del mundo real?






