
Los platos rotos del Y2K
1 minuto de lectura'
LONDRES (The Economist).- Hace un año, más o menos para esta fecha, empresas de todo el mundo se encontraban en las etapas finales de un programa costoso de erradicación del bug del milenio (o Y2K). Tenían equipos de cien o más empleados trabajando febrilmente, reemplazando computadoras y actualizando sistemas. Pero el primer día de 2000 no pasó gran cosa en las empresas que se habían preparado diligentemente para los problemas potenciales del Y2K, y tampoco en las que no lo habían hecho. El ejercicio había costado cientos de miles de millones de dólares a millones de empresas en los Estados Unidos.
No es de sorprenderse que muchas de ellas comenzaron entonces a buscar a alguien con quien compartir este costo inmenso (y quizás innecesario). En ese proceso, algunas analizaron cuidadosamente sus pólizas de seguro y descubrieron una oscura cláusula de "juicio y trabajo". La cláusula, que se origina en las pólizas marinas del siglo XVII, permite a los tenedores de pólizas recuperar parte de los gastos incurridos en los esfuerzos por evitar pérdidas. El principio es algo así como si una persona sana exigiera el pago de un control médico porque evita a la aseguradora pagar por enfermedades que se logran evitar.
Xerox, Unisys y Nike se cuentan entre las primeras empresas que hicieron juicio a sus aseguradoras con base en este tipo de cláusulas. Xerox demanda a su aseguradora, American Guarantee & Liability Insurance, por US$ 183 millones, una de las mayores demandas por el costo del Y2K. La plata le vendría bien. Hay persistente preocupación por la salud financiera de la empresa de copiadoras que está muy endeudada.
Las empresas que demandan a sus compañías de seguros sostienen que el sector de los seguros presionó activamente en favor de costosos preparativos para evitar problemas en las computadoras. Las compañías de seguros incluso colocaron en sus sites de la red anuncios urgiendo a quienes tuvieran sus pólizas a actuar. Las empresas lo hicieron, incurriendo en inmensos gastos. Por lo que consideran que es justo que sus aseguradoras cubran parte del costo. Lo que es más, señalan que algunas aseguradoras modificaron sus pólizas sobre propiedades para excluir la cobertura de problemas por el Y2K. Sostienen que es difícil excluir algo que nunca estuvo cubierto.
Las aseguradoras dicen que los inmensos esfuerzos no fueron en vano. Las empresas no sólo reemplazaron sus computadoras con el mismo modelo. Mejoraron la tecnología, actualizaron los sistemas y por tanto lograron mayor productividad y competitividad. "Los esfuerzos por remediar el Y2K fueron simplemente una parte -y una parte pequeña- de lo que significa hacer negocios en el mundo de alta tecnología de hoy", dice Robert Hartwig, del Insurance Information Institute de Nueva York.
Hartwig niega categóricamente que las empresas estuvieran cubiertas por los costos del Y2K. La idea central del seguro es que se basa en el riesgo, no la certeza, de que suceda algo, y el Y2K no fue un hecho fortuito, sino uno perfectamente previsible. Lo que es más, muchas demandas, incluyendo la de Xerox, se presentaron cuando los preparativos para el Y2K ya llevaban varios meses. Eso va en contra de una norma de las aseguradoras de bienes que dice que las compañías deben ser notificadas de cualquier reclamo en cuanto existe.
Doble problema
Como sucede en todos los sectores de la economía americana, las aseguradoras se enfrentan a un creciente número de demandas legales. En algún sentido el problema para ellas es doble: demandas contra las aseguradoras y demandas contra los tenedores de pólizas. En 1993, los fallos contra las aseguradoras otorgaron en promedio US$ 520.000 a los demandantes, pero para 1999 la cifra se casi duplicó, a más de US$ 1 millón.
En octubre de 1999, un juez de Illinois ordenó a la State Farm Mutual Auto Insurance Company pagar US$ 456.000 por daños y US$ 730 millones punitivos adicionales a dueños de pólizas a los que se reparó sus autos con auto partes genéricas en vez de las partes originales. El caso produjo un terremoto en el sector y ha sido apelado. Pero confirma que el de los seguros es el último sector que ha llegado a sentir toda la presión en favor de las demandas que existe en Estados Unidos.




