
¿Mafia o mito? Pensando en Yabrán
Cuando el Presidente despidió por radio al ex titular del Correo Haroldo Grisanti hombre de Cavallo si los hay éste resolvió retirarse de toda el área de Comunicaciones -la Secretaría de Comunicaciones el ente regulador CNT de las comunicaciones privadas y naturalmente el Correo- que quedó en manos de Menem y Bauzá a través de un equipo formado por Guillermo Padín Zabal Alberto Gabrielli y Arturo Puricelli sus hombres de confianza.
Cavallo perdió por consiguiente el control de un área decisiva del Gobierno. Pero Grisanti piloteaba no sólo el correo estatal sino también la espinosa privatización de los servicios postales precisamente el campo de batalla donde el ministro de Economía bloqueaba los planes del empresario Alfredo Yabrán. La ley que presidirá dicha privatización es todavía hoy objeto de una dura pugna en el Congreso.
Cavallo había logrado modificar un proyecto de ley del Senado que según él daba a Yabrán el monopolio virtual de las comunicaciones. ¿Qué pasará con la ley ahora que Cavallo se retira del área? Perdió Cavallo. ¿Ganó Yabrán?
No bien formulamos esta pregunta se nota un vacío en el seno de la opinión pública. Hay algo que los ciudadanos no sabemos y deberíamos saber. ¿Es Yabrán el peligro público que denunció Cavallo? ¿Quién es después de todo Alfredo Yabrán?
Tres hipótesis
Como se recordará Cavallo salió en campaña contra Yabrán por televisión y en el Congreso en agosto último denunciando el proyecto de ley que había aprobado el Senado como un intento por entregar a lo que él describió como una mafia ligada al narcotráfico el control de las comunicaciones.
La primera hipótesis aquella por la cual se inclinaron mayoritariamente los argentinos cuando se produjo la arremetida ministerial es que su denuncia podría ser verdadera. El proyecto originario del Senado estaba escrito de tal modo decía Cavallo que Yabrán y sus empresas controlarían todo el movimiento de bienes y valores desde los aeropuertos hasta su destino final sin que la policía tuviera ni siquiera la facultad de averiguar lo que iba dentro de sus camionetas; dados los términos de la proyectada ley por otra parte ningún grupo privado estaría en condiciones de competir con Yabrán por la adjudicación del Correo estatal.
En esos momentos cuando Cavallo lanzó su andanada gozaba de un alto índice de credibilidad. La gente discutía el plan económico y censuraba además el carácter autoritario del ministro pero aun así lo reconocía como un hombre frontal sincero transparente; como la mosca blanca en medio de una corrupción generalizada.
El primer round de la pelea lo ganó Cavallo. Hasta dirigentes opositores como Chacho Alvarez y Graciela Fernández Meijide se plegaron a lo que se anunciaba como una cruzada contra las mafias y la corrupción y cuyo gran predicador era el propio ministro de Economía.
Pero el clima público empezó a cambiar gradualmente a partir de ahí. De un lado el ministro no concretó como se esperaba sus cargos contra Yabrán. Nunca se supo si fue por falta de pruebas o porque si seguía por el camino que había emprendido entraría en conflicto con aquellos que en el Gobierno a partir del propio Presidente veían en la campaña anti-Yabrán una peligrosa ampliación del cavallismo.
Del otro lado el ministro y su equipo empezaron a sentir el desgaste de una sucesión de denuncias que esta vez los tenía a ellos por blanco principal. El escándalo IBM-Banco Nación salpicó gravemente al directorio presidido por Aldo Dadone y otros hombres de la Fundación Mediterránea el grupo más allegado a Cavallo. A esto se sumaron ataques directos al ministro de Economía en torno de episodios personales tales como la compra de su departamento y su declaración de réditos ante la DGI. Al igual que Gustavo Parino en la Aduana antes que él el propio Haroldo Grisanti fue denunciado por adjudicaciones directas en el ámbito del Correo. Quizá todavía le toque el turno a Hugo Gaggero el cavallista que pasó del Banco de la Nación a la DGI.
Si se tiene en cuenta que Cavallo lanzó su primera denuncia contra Yabrán en un programa de televisión cuyo tema central era precisamente el caso IBM-Banco Nación aparece una segunda hipótesis: que el ministro desató el escándalo Yabrán como una cortina de humo destinada a protegerlo contra el ataque que veía venir de parte del menemismo anticavallista.
Así las cosas cabe todavía una tercera hipótesis sobre la pelea Cavallo-Yabrán: que ambos bandos tengan algo de razón. Que las mafias de un lado existirían. Pero que del otro también habría figuras próximas al ministro culpables de irregularidades.
Quienes aceptan esta tercera hipótesis sugieren que podríamos estar frente a una cuestión de grados. En el campo de Cavallo habría casos de corrupción porque cinco años de poder desgastan y porque ni aun el ministro puede evitar debilidades humanas en aquellos a quienes él defendió en un principio a rajatabla aunque después manifestó que lo "desilusionaron". Pero podría haber otra corrupción en la línea que denuncia Cavallo aún más grave porque incluiría la coacción física contra los competidores y finalmente el superlativo peligro del narcotráfico.
¿Cuál de ellas?
Lo menos que se puede decir de estas tres hipótesis es que todas son inquietantes. Una de ellas sin embargo ha de ser verdadera.
Constituye uno de los rasgos de la actualidad argentina forma parte del estado de sospecha en el que nos movemos que sea tan difícil escoger entre ellas.
Es tal el énfasis que pone Cavallo cada vez que habla de Yabrán que ha llegado a sugerir que su vida corre peligro por hacerlo. Es difícil atribuir a este carácter sanguíneo como pocos el supremo arte del disimulo que supondría armar una fábula de cabo a rabo por conveniencias políticas o personales.
Por otro lado los escándalos que han surgido en torno del equipo ministerial particularmente el del Banco Nación son demasiado importantes como para atribuirlos solamente a la intriga de sus adversarios.
Tanto estas dos hipótesis encontradas como la aún más siniestra de la culpabilidad de ambos bandos dejan atónito al observador imparcial. ¿Por dónde corre el río subterráneo de la verdad?
¿Quién es Alfredo Yabrán? Caben aquí las imágenes más opuestas. El propio Yabrán ha dejado entrever en conversaciones privadas -las únicas que por ahora admite- que él no es después de todo sino un empresario más que hace lo que todos hacen en un clima en el que abundan las ocasiones de pecado pero que no se beneficia como otros con la cobertura de un apellido tradicional. Este es un extremo de la línea del misterio. De aquí en más se deslizan interpretaciones cada vez más graves hasta llegar a una que vinculándolo con los repliegues más secretos del poder es tan terrible que duele pensarla.







