
Más descortés que “el Soviético”, la retórica del modelo de Milei
Es difícil que las quejas corporativas de estos días hayan convencido al Presidente de atenuar sus críticas; al contrario, no habría que descartar que incursione en nuevas ocurrencias, que empiece a mencionar a los líderes empresariales con nombre y apellido y que eso vuelva a provocar reacciones
7 minutos de lectura'

Temporada alta de sobrenombres: es difícil que las quejas corporativas de estos días hayan convencido a Milei de atenuar sus críticas a empresarios. Al contrario: no habría que descartar que él incursione en nuevas ocurrencias, que los empiece a mencionar con nombre y apellido –algo que no hizo en la Asamblea Legislativa– y que eso vuelva a provocar reacciones.
La retórica del Presidente molesta últimamente en el establishment industrial casi tanto como el fondo de la discusión, un modelo que no termina de convencer a todos. Es obvio: si la economía estuviera creciendo al 10% anual, no importaría nada. Pero hasta Kicillof, a quien Milei llama “el Soviético”, tuvo durante su recordado contrapunto con el dueño de Techint, en 2012, la deferencia de criticarlo con un apelativo de cortesía: habló de bajar el precio de la chapa para “fundir al señor Rocca”.
Milei es todavía más incorrecto. “No me imagino a nadie en Corea del Sur diciéndole Don Chatarrín al dueño de Samsung”, dijeron esta semana en la Unión Industrial Argentina, una de las entidades desde las que se pidió “respeto” para con el sector fabril. Lo hicieron a través de un comunicado muy similar al de la Asociación Empresaria Argentina y al cabo de una extensa reunión de comité en la que se expusieron los problemas de cada rama productiva, se repasó el discurso de Milei en el Congreso y se hizo catarsis por las embestidas que llegaban desde cuentas de Twitter oficialistas. “Techint ya contestó, no lo va a volver a hacer”, dijo ahí David Uriburu, ejecutivo del grupo, y objetó la comparación que el Presidente había hecho sobre el precio de los tubos de acero respecto de la competencia: “No es 4000 dólares contra 1400, están mal los números”, dijo. Claudio Drescher, dueño de Jazmín Chebar y presidente de la Cámara de la Indumentaria, lamentó además que se hubieran eliminado los precios de referencia para la importación.
“Están entrando remeras a 10 centavos de dólar”.
Los industriales ven todo como una gran incoherencia. Mientras el Gobierno les envía invitaciones para la ArgenWeek, un encuentro de CEO que se desarrollará la semana próxima en Nueva York y se propone atraer inversiones, dicen, fustiga a los locales. Martín Rappallini, presidente de la UIA, aceptó viajar, pero no estará presente nadie de Techint. Y menos Rocca, uno de los invitados del Gobierno al encuentro, que además eligió mostrarse ayer en una foto sin dudas provocadora: inaugurando en Río de Janeiro la Escuela Técnica Roberto Rocca junto con un adversario de Milei, Luiz Inácio Lula da Silva. “Quiero que los empresarios brasileños aprendan una lección de estas inversiones –le agradeció Lula–. Estás invirtiendo en el futuro de tu empresa, de tus profesionales y del país”.
Es inevitable que la tensión crezca. Lo que dijo Milei en el Congreso expone cabalmente lo que piensa y esa estrategia le permite hasta inmunidad discursiva frente a la crítica progresista. ¿Quién de ese sector levantará la voz para defender a un grupo siderúrgico? “No me van a psicopatear como a Macri”, suele decir el Presidente en la intimidad.
La precaución de no caer en los errores o debilidades del líder de Pro en el lapso 2015-2019 es un acto reflejo que trae desde la campaña. Hay empresarios que no ven tan mal los agravios. Inciden ahí, en algún caso, antiguos rencores sectoriales. Y también quienes celebran por convicción: consideran que la Argentina viene atravesando una etapa de necesario ordenamiento de la macroeconomía y debe abandonar prebendas y protecciones infecundas. El lobbying al que aludió Milei en la Asamblea Legislativa. Podría decirse que hasta Mauricio Macri comparte en privado esa idea. Lo expuso la semana pasada en una charla organizada por un fondo de inversión en Miami. “El rumbo es este: apoyamos”, dijo el expresidente, y sorprendió todavía más: “Señores, Milei no afana”, sentenció, aunque planteó dudas acerca del “entorno”, al que definió como “complicado”.
En realidad, a Macri tampoco le gustan los modos de Milei. “Los viejos meados creemos en otro tipo de formas”, dijo públicamente en 2024. Pero, como muchos de sus pares, tal vez vea las provocaciones presidenciales como el precio a pagar en un país que debe virar hacia una economía competitiva; una retórica que no hace al programa y que en definitiva es propia de cada líder. Durante el encuentro en Miami, que se extendió durante una hora y media y en el que pidió no sacar fotos, él mismo recordó los contrastes entre Obama y Trump, a quienes recibió como presidente en Buenos Aires en distintos momentos. “Be carefull with China”, fue el consejo de Obama en marzo de 2016, recordó, y agregó que lo mismo le había dicho Trump al año siguiente, pero reformulado: “Fuck China!”
Dos estilos para definir la misma amenaza. Milei, en cambio, está refundando un modelo. Hasta ahora, su impronta discursiva le ha servido para saturar la agenda mediática y es probable que le siga siendo útil mientras se demore el despegue de la economía. ¿Qué pasará si aparecen más casos Fate? Cuando le preguntan en privado, el ministro de Economía, Luis Caputo, contesta que la preocupación del Gobierno no deberían ser tanto esos despedidos como el tiempo que les llevará conseguir otro trabajo.
¿A cuánto está la Argentina de esa transformación real? Caputo tiene al respecto dos apuestas. La más obvia es la ley de inocencia fiscal, pensada para volcar en el mercado unos 200.000 millones de dólares que, calcula el Gobierno, tienen los argentinos debajo del colchón. Pero necesita convencer a los bancos. Hasta ahora, con excepción del Nación, no están todavía plenamente dispuestos a tomar y prestar esos depósitos. Los banqueros dicen que no es tan sencillo, que la Unidad de Información Financiera (UIF) no ha sido todavía todo lo terminante y clara que requiere la ocasión y que eso los expone a incumplir normas internacionales contra el lavado. Por eso Caputo sondea también a otros sectores que podrían hacer de intermediarios con el mercado. Los agentes de liquidación y compensación (Alycs), por ejemplo, con los que se contactó en estos días.
Necesita un nuevo impulso para el crédito, gran puntal de la recuperación hasta mediados de 2025. Pero hay bancos que demandan para eso una mayor flexibilización de las normas que limitan desde 2002 el financiamiento en dólares. Poder, por ejemplo, prestar dólares a quienes no exportan. En ese caso las opiniones dividen al propio Gobierno: aunque Caputo está de acuerdo, no se advierte el mismo entusiasmo en la línea técnica del Banco Central.
Los banqueros aguardan entonces novedades regulatorias. Dicen que el más envalentonado con agregar líneas de financiamiento es Jorge Brito. Toda una curiosidad: el Macro fue el banco al que Milei le cuestionó el año pasado haberse desprendido de los famosos puts que volcaron millones de pesos a la calle, presionaron sobre el tipo de cambio e iniciaron la corrida en la campaña electoral. Hasta los más prudentes del equipo económico aceptaron en ese momento la teoría del complot, que sorprendió a Brito de vacaciones en Ibiza. Igual que ahora con las acusaciones a empresarios, constatarlo en registros públicos o privados es imposible. En realidad, la política no los necesita: las toma como verdades que bajan desde lo más alto del poder.






