Más información, mejores ideas

Fernando J. Ruiz
Fernando J. Ruiz PARA LA NACION
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7 de junio de 2017  

Las noticias falsas son una epidemia frecuente que hoy es muy visible, pero no hay que perder de vista una epidemia peor: las ideas falsas. Y esto también puede tener que ver con el periodismo, pues la escritura de editoriales y el periodismo de ideas es un campo subestimado de la profesión, pero es una cantera principal del futuro argentino. Por supuesto que un político, pensador y periodista como el italiano Antonio Gramsci nunca lo subestimó, pues consideraba el periodismo como la escuela de los adultos. Gramsci tenía claro que las ideas falsas son la etapa superior de las noticias falsas.

El país lleva décadas de prosperidad prometida y nunca alcanzada, por lo que nuestro debate público tiene fallas serias. La democracia casi colapsa en sus primeros años después de la última dictadura, entre otros lastres, por la poca actualización de los planes económicos de los partidos políticos. Los partidos empezaban la nueva historia de nuestra libertad política con ideas económicas antiguas, y eso puede seguir ocurriendo.

La falta de autocrítica bloquea nuestro aprendizaje y nos devuelve siempre al callejón del atraso. Las economías menemista y kirchnerista ¿han sido suficientemente analizadas para evitar que un nuevo pensamiento mágico nos gobierne? Cuando los nuevos equipos asumen la política económica ¿ya incorporaron los ajustes a su visión intelectual para no cometer los mismos errores?

Fuente: LA NACION

Esto no incluye sólo a políticos y funcionarios, sino que puede faltar un debate académico, científico, ilustrado, abierto, lo que hace que muchas veces los centros de estudios sean freezers donde se conservan ideas cristalizadas, protegidas por caudillos académicos. Puede ocurrir que las universidades hablen de libertad intelectual, pero sean ambientes con restricciones reales a esa libertad.

El pluralismo duele, te saca de tu zona de confort. Y eso el país lo paga, pues los sucesivos elencos gobernantes no disponen de la ebullición de ideas necesarias para entender y encarar mejor los problemas públicos. Se aferran a mitos que glorifican como verdades reveladas, mientras desconocen o ningunean a las víctimas de sus errores. Las ideologías -ya lo sabemos- siempre viven en un jardín intelectual de certezas absolutas.

El periodismo es crucial en este bloqueo, porque las ideas se renuevan desde varios andamios a la vez. Además, el futuro del periodismo no depende sólo de monetizar una audiencia digital, sino que también tiene que irradiar cierta luz, innovar en las ideas. Los medios que lideran el cambio, por ejemplo, los estadounidenses Quartz, Vice News, Vox.com, el francés Mediapart o el mexicano Pictoline, no son sólo innovadores en técnicas, visuales o de estilo. Tienen también una mirada fresca sobre la realidad; son comunidades intelectuales creativas. La refundación del periodismo de la que tanto se habla es, sobre todo, mirar mejor la comunidad de la que se forma parte. Ser periodista es uno de los carriles a través del cual se acompaña la vida de una comunidad, y ese caminar tiene que dar sentido, tiene que ofrecer esperanza, no sólo verdad. La BBC siempre ha dicho que está para formar, entretener e informar. Ahora agrega que también tiene que inspirar.

La Argentina tiene una tradición enorme de periodismo de ideas. Ni hablar del trabajo principal de Sarmiento y Alberdi durante la mayor parte de sus vidas. Una de las grandes cumbres del periodismo de ideas se dio cuando el propio Alberdi dedicó a "la prensa constituyente" el que es posiblemente el libro más influyente de nuestra historia, Bases y puntos de partida para la organización nacional de la República Argentina. Un diario como LA NACION llegó a tener en la Redacción, en el mismo momento, a Leopoldo Lugones, Alberto Gerchunoff y Roberto Payró, mientras se anunciaba el ingreso de una joven que venía de Rosario que se llamaba Alfonsina. El diario Crítica acumulaba intelectuales y plumas como un vagón de subte a las seis de la tarde de un día laborable. Y La Opinión, de Jacobo Timerman, hizo lo mismo con la extraviada generación del setenta.

Está bien poner en el centro del trabajo periodístico a la información, más aún por la tozudez que tienen las noticias falsas. Pero no olvidemos que necesitamos mejores ideas, que son las que nos dan luz.

En el Día del Periodista es bueno recordar que el buen periodismo intenta combinar la dureza de la verdad con la luz de la esperanza.

Profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral

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