
Médicos especialistas y generalistas
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EN el XI Congreso Anual de la Sociedad Argentina de Medicina Interna General se debatió el problema de los papeles que les caben a los médicos generalistas y a los especialistas.
La tarea del médico generalista suele ser considerada dentro de una perspectiva limitada, según la cual la consulta con él sería el preámbulo de la visita a un especialista o una instancia que incluso se podría eliminar. Esta concepción es la que lleva al enfermo a consultar a un cardiólogo, por ejemplo, después a un gastroenterólogo y tal vez luego a un reumatólogo, sin que ninguno de los profesionales pueda tener a su alcance los diferentes puntos de vista y tal vez la clave total de los problemas.
El presidente de este congreso explicó que "el generalista es como el médico de cabecera de otras épocas, sólo que ahora posee muchos más conocimientos, que provienen de los grandes avances de la medicina". Y agregó que "no es un derivador ni alguien que pone freno a las remisiones a los especialistas, sino un profesional altamente capacitado para atender los principales motivos de consulta ambulatoria, para trabajar en prevención de la salud y detección precoz, además de ser el más idóneo para recurrir al especialista cuando resulte necesario".
Uno de los invitados a este congreso señaló que "sospechar que un dolor abdominal crónico puede ser producto de violencia doméstica o abuso sexual es tarea del generalista. La depresión y la ansiedad -agregó- también deben estar incluidos en el diálogo con el paciente".
Estos aspectos son reconocidos en la actualidad como fundamentales para el éxito terapéutico, a la par que se rescatan los valores del médico de cabecera tradicional, que podía acercarse al enfermo y a su familia, no necesariamente provisto de una preparación adecuada para la atención de los problemas psicológicos de sus pacientes, pero con amplias posibilidades para mantener contactos humanos que en buena medida se han perdido.
En cualquiera de las situaciones que se consideren resulta fácil comprender en qué medida la formación de los médicos se ha vuelto un asunto particularmente delicado. La enorme extensión de los conocimientos determina que la preparación eficiente se convierta en un problema, pues los saberes necesarios aumentan sin cesar mientras el tiempo destinado a seguir una carrera médica tiene límites inevitables. Y los necesarios componentes de relación humana, no suficientemente atendidos en la actualidad, forman parte indispensable de una integración que cada vez se vuelve más compleja y difícil.
En esta materia, como en tantas otras, una solución está en el uso intenso e inteligente de las tecnologías modernas. Un médico o un estudiante no pueden recurrir a Internet, por ejemplo, en el momento de una consulta, pero sí en el tiempo que dedican al estudio o al perfeccionamiento. La posibilidad, no explotada suficientemente todavía, de disponer de una información elaborada, actualizada e integrada, apta para satisfacer exactamente necesidades muy determinadas y específicas, es una excelente alternativa para salvar algunos de los problemas que hoy se detectan.





