
Memoria: un emisario ante Perón
El brigadier (R) Jorge Rojas Silveyra, embajador de Lanusse en España, afirma que López Rega le reveló, delante de Perón, que Evita había sido apuñalada en una pierna en un viaje a Rosario
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A los 89 años (nació en Buenos Aires el 25 de noviembre de 1915), el brigadier (R) Jorge Rojas Silveyra podría ser definido como un "gorila" químicamente puro. Siendo oficial de la Fuerza Aérea fue dado de baja, en 1951, por haber participado en el frustrado intento revolucionario del general Menéndez, y así permaneció hasta la caída del peronismo. Después de la revolución del 55, tuvo importantes cargos en la conducción de la Fuerza hasta su pase a retiro en 1958. Fue Secretario de Aeronáutica durante la presidencia de Arturo Frondizi y embajador en España en el gobierno de Alejandro Agustín Lanusse, desde 1971 a 1973.
Las ironías de la vida hicieron que debiera mantener numerosas reuniones con el viejo caudillo peronista exiliado en Madrid, y tuviera, según su propio relato, activa participación en la devolución del cadáver de Eva Perón a su esposo.
"Lo que me molestaba del peronismo -rememora- era la demagogia, la adulación, la obsecuencia. Era un tema político, no militar." Al contrario, reconoce que Perón "con las Fuerzas Armadas se había portado bien" y que no había de su parte, "quejas al respecto".
En septiembre de 1951, el recién ascendido vicecomodoro Rojas Silveyra se plegó al alzamiento militar del general Benjamín Menéndez con dos regimientos de la guarnición militar de El Plumerillo, en Mendoza, de la que era jefe en ese momento.
Lo había invitado a participar del levantamiento contra Perón el propio Menéndez, con quien se conocía bastante por haber participado juntos en otras protestas contra el régimen. Rojas Silveyra recuerda una oportunidad en que la protesta organizada por Menéndez era por una cuestión de salarios: decía que la Gendarmería ganaba más que el Ejército. La consecuencia fueron diez días de arresto para el brigadier.
Plegado a la revolución de Menéndez, en pleno vuelo desde Mendoza hacia Punta Indio (base de las operaciones rebeldes), Rojas Silveyra se enteró del fracaso del movimiento. Detenido y trasladado a la isla Martín García, permaneció allí hasta octubre de 1952.
"Después vendrían otros arrestos. Estuve preso en Devoto, en la Penitenciaría de la calle Las Heras, en la comisaría 17, en San Isidro y en Tigre. Hubo un momento en que los opositores al gobierno de Perón no cabíamos en la cárcel. La última vez que estuve en Devoto había 80 camas y éramos 120, de tal modo que dormíamos por turnos. Recuerdo que un día tuve que pedirle a monseñor Miguel de Andrea (que iba a rezar con los detenidos) que por favor rezaran más despacio porque el ruido no me dejaba pegar un ojo, porque la hora de la oración coincidía con mi turno para dormir."
Derrocado el peronismo, en septiembre de 1955, Rojas Silveyra se reintegró al servicio activo con el grado de comodoro y se hizo cargo interinamente de la VII Brigada Aérea de Morón. Al año siguiente se creó el Comando Aéreo de Combate y fue el encargado de organizarlo como su primer jefe. El 6 de junio de 1958, siendo Jefe del Comando Aéreo de Combate, solicitó el pase a retiro, con el grado de brigadier.
Al gobierno llegó en épocas de turbulencia política, durante la presidencia de Arturo Frondizi, cuando el 16 de agosto de 1961 fue designado Secretario de Estado de Aeronáutica, cargo en el que (tras renunciar al ser derrocado Frondizi) sería confirmado por José María Guido.
Rojas Silveyra pone de manifiesto su respeto y admiración por Frondizi y lo primero que cuenta es el diálogo que mantuvieron cuando éste le ofreció el cargo. "Frondizi me llamó y me dijo: `La Fuerza Aérea me ha pedido que usted sea ministro de Aeronáutica. ¿Lo acepta?´. `Yo acepto -le contesté-, pero señor, le recuerdo que soy un conservador orejudo´. `Primero acepte -respondió Frondizi-, después discutimos eso´. Y ahí acepté."
Un "gorila" ante Perón
Años después, "el presidente Agustín Lanusse me llamó para ofrecerme un cargo diplomático -recuerda Rojas Silveyra-, una embajada política. Le sugerí que llamara a alguien de carrera, alguien que supiera. `Es la embajada de España´, me dijo Lanusse. `España, ¿a qué?´, le pregunté. `A conversar con Perón´, me contestó Lanusse. `Con ese viejo -le retruqué- conversar yo, vos estás loco. ¿Por qué me nombrás a mi?´ `Porque sos de lo más gorila que conozco, y el viejo no te va a convencer´, me replicó. Entonces, le hice una sola salvedad, ya que para hablar con Perón había que devolverle todo lo que reclamaba, el cadáver de Eva, por ejemplo. En ese momento, me dijo que no sabía dónde estaba el cuerpo."
Sorpresa y algunos interrogantes se deben de haber planteado al conocerse la designación del brigadier Rojas Silveyra como embajador argentino ante el gobierno de España. Era evidente que un "gorila" orgulloso y confeso debería tratar cara a cara con el caudillo justicialista exiliado en España y solucionar, además, la restitución de los restos mortales de Eva Perón. El ministro del Interior Arturo Mor Roig, en declaraciones a la prensa, había admitido que "el nuevo embajador mantendrá contactos con el ex presidente y que una vez que fueran hallados los restos de Eva Perón serían entregados a su esposo".
Contactos
Ya antes de presentar las cartas credenciales al generalísimo Francisco Franco habían comenzado los contactos con el entorno peronista y con el mismísimo Perón. "El mismo día de mi llegada, Jorge Daniel Paladino, su delegado en ese momento -un tipo correcto y preparado-, me llevó a verlo. Perón me saludó diciendo: `Cómo está señor embajador´. `Yo no soy embajador, todavía´, le contesté. `No importa -dijo Perón-, para mí es embajador. Hemos sido enemigos acérrimos desde hace muchos años´. ?Así es señor´. Yo no le decía general. `Le propongo una cosa -replicó Perón-, que desde hoy seamos adversarios´. ?Con una condición, señor -concluí-, si me permite. Si, como usted dice, entre gitanos no nos tiremos la cuerda."
"36". Rojas Silveyra no vacila en el número de las entrevistas mantenidas con Perón durante los años en que fue embajador en Madrid, y dice que no consigue encontrar, a pesar del tiempo transcurrido, explicación al poder de José López Rega sobre Perón. "Yo no sé cómo un animal como López Rega podía tener un predominio sobre un tipo tan vivo e inteligente como Perón. Había que ver las cosas que le hacía hacer el `Brujo´. Cuando López Rega se iba a practicar sus pases mágicos y sus brujerías al Brasil, yo aprovechaba para visitarlo a Perón y mis conversaciones con él eran mucho más cómodas."
Tal como se lo había dicho a Lanusse cuando lo designó, Rojas Silveyra participó en la operación que culminó con la devolución del cadáver de Evita. "Un día apareció en casa el coronel (R) Héctor Eduardo Cabanillas con una carta que ordenaba la entrega del cadáver a Perón; así es que fui a verlo y le anticipé que en pocos días, esa misma semana tal vez, le devolveríamos los restos de su esposa. Le expliqué que no podía precisar el momento justo por razones de seguridad. Le aseguré que le avisaría con dos o tres días de anticipación para que él se preparara. El cuerpo, como es sabido, salió de Italia, cambió tres veces de vehículo y finalmente llegó a la residencia de Puerta de Hierro en un camión el 3 de septiembre de 1971. Esto ocurrió a las 20.30, mientras la policía española custodiaba los accesos al lugar."
"Cuando entró el cadáver en la casa -continúa relatando Rojas Silveyra- hubo que abrir el cajón. López Rega, que andaba rondando, quería hacerlo con un soplete, una barbaridad. Finalmente se utilizó un abrelatas.
"Perón se acercó y le miró la oreja. Tenía la nariz rota y algunas magulladuras en las rodillas, mucho polvo de los ladrillos que habían colocado para justificar el peso al pasar las aduanas."
"Vamos a mirarle las piernas"
"Perón, como decía, miró la oreja derecha -se decía que las Fuerzas Armadas le habían hecho una marca para identificar el cadáver- pero lo que realmente me sorprendió fue un comentario de López Rega, que le dijo a Perón: `Vamos a mirarle las piernas a la señora, para ver el puntazo que le hicieron aquella vez en Rosario´. Yo le pregunté de qué estaba hablando. `Sí, porque una vez en Rosario un loco le dio una puñalada en el muslo. Usted es el único que lo sabe´. Perón, en tanto, fulminó con la mirada a su amanuense. Les aseguro que a lo largo de los años he preguntado por este hecho a amigos políticos y nunca nadie pudo aclararme nada sobre este asunto."
Rojas Silveyra señala que el cadáver fue colocado en una especie de jardín de invierno de la residencia. El embajador había conseguido un permiso, que se remontaba a tiempos de Carlos V, que pemitía enterrar a ciertos personajes en su propio jardín.
Algunos días después, el diplomático le sugirió a López Rega que le dijera al Perón que la enterrase en Madrid. López Rega volvió a sorprenderlo con su respuesta. "No, señor embajador, porque yo todas las noches hago unos pases para que los manes de la Señora pasen a Isabelita."
De su relación con el caudillo justicialista, Rojas Silveyra dice: "Conversé muchas veces con Perón, con él aprendí muchas cosas y me divertí mucho. Yo que he estado en varios momentos trabajando con él en España, he comprobado que a veces su astucia superaba a su inteligencia y cometía algunos errores. También tenía una gran habilidad para manejar a la gente. Era un líder". Pese a este reconocimiento, su valoración del viejo líder no ha cambiado: "Fui, soy y moriré antiperonista".
Rojas Silveyra mantuvo su cargo de embajador hasta la llegada del gobierno de Cámpora, y siempre estuvo muy bien informado de las actividades de Perón por su amigo, el coronel Blanco, jefe de Inteligencia de Franco.
Así supo de la enfermedad de Perón y de lo que decían los médicos que lo atendían en España. "Por eso, yo le dije a Lanusse, `no llames a elecciones para marzo del 73. No te apures. Las Fuerzas Armadas no van a estar más desgastadas de lo que están, pero según me han dicho los médicos que lo han atendido en España, Perón apenas tiene un año de vida, así que vos llamá a elecciones para después de esa fecha. Si no, Perón te va a nombrar un presidente, lo va a manejar, lo va a hacer renunciar, o te va a armar otro 17 de octubre´. Tal como se sucedieron los hechos, Lanusse perdió esa partida de ajedrez."




