
Messi, el argentino que nos gustaría ser y la sombra de Maradona
Un jugador de fútbol en la Argentina no es solo eso: es un ejemplo cultural
Un jugador de fútbol en la Argentina no es solo eso: es un ejemplo cultural o, en el peor de los casos, un contraejemplo opaco. Y nuestra sociedad puede exhibir ambos casos. Este Mundial nos muestra, como pocas veces antes, a un Messi agigantado al filo de sus 40 años, devenido el máximo goleador histórico de la Copa del Mundo. Un lugar que le arrebató, después del partido con Argelia, al delantero alemán Miroslav Klose. Con un ego completamente dominado, Messi recibió ese podio con una frase sin impostación. Si no, más bien, como es él. “Es un honor estar al lado de Klose, de (Nazario) Ronaldo, de (Kylian) Mbappé –dijo– Ronaldo es uno de los más grandes y no está primero. Al final, todo es pura estadística”. El honor de estar con ellos es de él, de Messi. Del hombre que tiene el mundo rendido a sus pies.
Y no es, en su caso, una humildad sobreactuada. Es una humildad que lo protege, ante todo, a él. Un activo que nunca tuvo el privilegio de tener Maradona, con su ya marca registrada: “La tenés adentro”. Una frase que lo describe entero, llena de violencia sexual, típica del argento. Y del argento resentido. Ese que ya no queremos ser. Muchos no se han enterado, pero la Argentina ha cambiado y ahora –sorpresa– también se puede criticar a “dios”. Porque Maradona ha sido “dios” para este país arrasado por las montañas rusas de las sucesivas crisis económicas; una sociedad crónicamente rota que solo podía alimentar su autoestima con el orgullo de ser potencia futbolera. Y Maradona alimentó ese casillero como pocos, como nadie. Pero de ahí a ser Dios...

Pero ¿a qué viene hablar de Maradona cuando quien está brillando es Messi? Es que, con el núcleo anti-Messi jugando en contra de un Mundial que, de ganarse, beneficiaría a Milei (así razona parte del mundo “kuka”), se vuelve inevitable la comparación con un Maradona que supo abrazar tanto al kirchnerismo como a la dictadura castrista, que presuntamente le proveía mujeres. Y en algunos casos menores, como Mavys Álvarez, de apenas 16 años, quien ya de adulta relató en varias entrevistas un verdadero calvario. La cubana se salvó del suicidio por milagro, y no precisamente por “la mano de Dios”.
Messi y Maradona reflejan dos países, dos sistemas de valores
Liderado por un capitán “cipayo” y “desclasado” –así lo han definido muchos en el mundo K–, emerge la sombra de un Maradona culturalmente oscuro, prepotente, violento, soberbio. Patotero. Un Maradona que seguramente te hizo soñar en la cancha, pero que fuera de ella irradiaba pesadillas. No lo evaluamos aquí como el astro genial que ha sido sino como el embajador cultural de un país. El “filósofo” kirchnerista Diego Brancatelli, uno de los anti-Messi, dice: “Es Messi y Maradona”. Y futbolísticamente probablemente eso sea cierto. Pero culturalmente, no. Messi y Maradona reflejan dos países, dos sistemas de valores, dos esquemas de creencias completamente opuestas. Y hoy queremos ser más Messi que Maradona.
Federico “el Negro” Bulos, enviado para la cobertura del Mundial por ESPN, dio una definición muy certera sobre este debate abierto y picante: “Messi es el argentino que nos gustaría ser. Maradona, en cambio, es el argentino que somos”. Pero ¿por qué criticar ahora a Maradona que está muerto y no se puede defender? Una pregunta típica de los maradonianos. Y las respuestas son muchas. Una: sí se lo criticó en vida y mucho. Y Maradona se defendió. Una crítica muy destacada fue la de Bernardo Neustadt y así lo acribillaban mediáticamente. En segundo lugar, siguiendo ese criterio, no se podría cuestionar o analizar a ningún personaje de la historia. Es que la muerte no redime a nadie.
De nuevo, hablamos de dos modelos de país, de embajadores culturales, de ejemplos de vida para los más jóvenes. Y si uno es un líder sano; el otro ha sido un líder tóxico, cuya primera víctima fue él. El propio Maradona.
Cuenta la leyenda que cuando estalló el caso Watergate, descubierto e investigado por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, su editor de The Washington Post decidió aplicar un método antiego a sus dos jóvenes estrellas para que la cucarda de haber “volteado” a un presidente que había incurrido en una grave inconducta no se les subiera a la cabeza. Benjamin Bradlee les preguntó si conocían a un legendario periodista que había sido estrella décadas atrás. Woodward y Bernstein negaron con la cabeza. “¿Se dan cuenta? Entonces, lo único que cuenta es la historia del día. De cada día. Vuelvan a trabajar”.
Ayer Messi cumplió 39 años y arrancó su rutina entrenando, con un cuerpo privilegiado. Como todos los días. A sus 40 años, Maradona tuvo una crisis cardíaca, fruto en parte de la la enfermedad de la adicción, de la que sus médicos pensaron que no saldría. Es cierto –y lo estoy escuchando– que ambos tuvieron entornos diferentes, clases sociales distintas, contenciones (o no contenciones) disímiles. Pero de eso los argentinos no tenemos la culpa.


