
Milei y la política en modo montaña rusa
La confusión y la exageración no son errores del gobierno: son tácticas. El oficialismo ofrece una montaña rusa permanente, donde la velocidad abruma, las discusiones se superponen, el presente es efímero y la racionalidad argumental queda relegada. Prima una emocionalidad extrema, binaria, sin grises posibles. Todo es ya, ahora, de vida o muerte. Sin pausas, casi sin diálogo.
El gobierno no administra tensiones: ofrece confrontación, y paradójicamente en esto no difiere demasiado del kirchnerismo, que elegía a sus propios enemigos. Esta rueda de ataque, defensa y contraataque dejó al gobierno prisionero de la misma dinámica que eligió como motor.
La montaña rusa arrancó con Libra, las peleas con Macri y un mes de inflación al 3,7%. La respuesta fue inmediata: salida parcial del cepo, campaña acelerada en la Ciudad con Adorni más un video provocador de IA contra Lospennato y ataque directo al Pro en su propio territorio. Una pendiente empinada con Andis, Spagnuolo, el 3%, Espert echado de Lomas de Zamora en moto, el fallido cierre de campaña en Moreno y la baja de una candidatura en medio de una crisis feroz, la reimpresión de boletas trunca, finalmente Karen o Santilli y la llegada del 7S.
Más caídas… en una campaña nacional incómoda, un cierre con el estilo de un recital, Trump, los tuits de Bessent y la recuperación de la iniciativa política. El gobierno volvió a subir. Remontó con el resultado del 26 de octubre y recuperó el protagonismo, ante la incredulidad de los opositores.
Así funciona la montaña rusa: pendientes abruptas, caídas violentas, subidas cuesta arriba y adrenalina al máximo.
Cerró el año con una reforma laboral demorada y una marcha en Plaza de Mayo que expone límites sin siquiera comprender si fue un acto que mostró debilidades rivales o fortalezas y riesgos para el oficialismo. Con una oposición desordenada, sin capacidad de acumulación ni de capitalización de los errores oficiales. Hace lo que puede. La aceleración incómoda del gobierno le complica la vida: no hay tiempo para procesar, organizar ni construir alternativa cuando el escenario cambia cada semana.
Una montaña rusa que no permite ver el paisaje con claridad y que genera una vivencia de liquidez extrema. La conducción está en administrar la velocidad y comprender las nuevas reglas de la era artificial. Tiempos en los que no sobreviven los que analizan, describen y esperan, sino aquellos que saben escalar en contextos de alto riesgo.
Consultor político y entrenador de líderes






