
Alejandra Pizarnik o la sangre en el ojo
Hay formas de leer tan creativas como estilos de escritura. El trayecto que los ojos emprenden desde la primera página de un libro es una aventura personal. Nadie puede predecir sus efectos. Ciertos textos son más propicios a las lecturas fecundas. Pero es raro que alguna de esas lecturas se convierta en texto original. O sea, que la forma de leer sea en sí misma una revelación.
Alejandra Pizarnik es un magnífico ejemplo de estos singulares casos. La poeta argentina escribió un luminoso y estremecedor ensayo, que se publicó por primera vez en 1965, sobre el libro La condesa sangrienta, de Valentine Penrose, con el mismo título.
La historia de Penrose está basada en un personaje real, la condesa Erzsébet Báthory, que en el siglo XVI asesinó a alrededor de 650 muchachas con el solo objetivo de colmar su existencia, que paradójicamente carecía de vitalidad.
El libro se nutre de documentación exhaustiva, pero no se atiene a ella. Penrose traspasa lo mórbido, o lo extremadamente cruel o perverso, en busca de la sufriente trama del deseo: "Se notaba que [a la condesa] la habían arrancado del tiempo como se saca una mandrágora del suelo, y la simiente que la había creado era tan maléfica como la de un ahorcado (...) La melancolía fue el mal, la atmósfera misma del siglo XVI; Erzsébet la respiraba mezclada con el resto de la barbarie carolingia de la Hungría de la época, con la crueldad de los turcos, con la brutalidad feudal".
Pizarnik, probablemente afectada por el espesor artístico que cobra el personaje de la condesa, se lanzó a escribir con la sangre en el ojo. Su ensayo destila el rojo y el negro de luto. "Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color luto; nada pasa allí, nadie pasa… la sombría y hermosa dama (la condesa) se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio."
Penrose se fascinó con el personaje histórico de la condesa; Pizarnik se zambulló en el texto de Penrose y escribió su célebre ensayo La condesa sangrienta, y el joven artista argentino Santiago Caruso se adentró en la escritura de Pizarnik y creó imágenes excelsas y pavorosas, por las que se cuelan también los fantasmas del texto original. Atormentadora alegría para los ojos.
Todo este circuito de documentación, escritura, lectura, reescritura e ilustración forma parte de un recorrido mayor y felizmente accesible: la exposición homenaje "El deseo y la palabra", que el Museo Larreta dedica a la vida y obra de Alejandra Pizarnik hasta mediados de junio. Allí se exhiben las ilustraciones originales que realizó Caruso para la edición de La condesa sangrienta, publicada por Libros del Zorro Rojo en 2009, y nuevas acuarelas inspiradas en algunos poemas de Alejandra.
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