
Concheto
"Fue una bromita, che, lo de concheto, tampoco te lo tomes tan así. Tengo una buena opinión de la gente de Puerto Madero. Si no, no te hubiera puesto de vicepresidente."(De Cristina Kirchner a Amado Boudou.)
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Primero fue "Cristina, Cobos y vos", después "Cristina, Boudou and you", primero un hombre simple del interior y después un concheto de Puerto Madero, y uno no sabe qué es peor. Los vicepresidentes son como alacranes, pero al menos Cleto, que no es ningún concheto, mantuvo la elegancia con su fórmula del "no positivo". En cambio, éste no tuvo miramientos: se le cruzó a su jefa cual camión de Moyano. Ella, azorada, sólo atinó a decirle que no se lo tomara tan así. El nuevo vice mostró falta de humor, de sentido de la oportunidad, de lealtad, de obsecuencia, y reaccionó con el orgullo y la altivez que ha caracterizado siempre a los conchetos.
Nada justifica hacerle frente a la primera dama. Nada lo justifica, pero hay algo que sí puede explicarlo. Aunque no es fácil determinar su origen, el término "concheto" se usa sólo en contexto despectivo. Se aplica al que gusta de exhibirse, al que usa ropas caras, al que es demasiado cuidadoso de su aspecto, al narcisista que hace ostentación de su belleza, al orgulloso que no tiene motivos para serlo (nada que ver con este discretísimo ministro). En la cumbia villera, el opuesto del concheto es el "cabeza", el "cabecita negra", es decir el bueno de la historia, el que es parte del pueblo, más allá de sus posibles vicios y defectos.
La Presidenta, generosa, puso de todos modos a un concheto en el puesto de vicepresidente. Hizo todavía más: violentando la inclinación natural de todo dirigente progresista, admitió que tiene buena opinión de los conchetos de Puerto Madero. Otros barrios porteños, como Villa Lugano y Pompeya, no pueden farolear diciendo que tienen un vicepresidente. Puerto Madero, sí. Ella te ama, concheto: sonríele a la vida. Pero a pesar de este regalo, del cuasi indulto a los conchetos, el favorito sacude el jopo y se hace el ofendido. Uno elige a un modelo de vicepresidente para profundizar el modelo y así le pagan. ¡Qué país complicado, la Argentina!






