
El sueño de caminar sin esmog
La calle es el lugar de encuentro en una ciudad. Y las metrópolis más hermosas son aquellas que expresan su carácter en sus arterias. Nadie visita París por sus sistemas de transporte, que sin duda son envidiables. Tanto París como Nueva York o Buenos Aires son ciudades bellas, porque sus calles son espacios públicos llenos de vida y carácter, sorprendentes y vibrantes.
Las angostas arterias del centro porteño se merecen un mejor destino que ser condenadas a sufrir el esmog y el ruido de su actual dueño: el automotor. La proliferación de las ventajas otorgadas a los medios de transporte motorizados durante las últimas cuatro o cinco décadas permitieron llegar a la situación actual: muchos vehículos con unos pocos pasajeros y estrechas veredas ocupadas por una amplia mayoría que no genera contaminación ni ruidos.
Tenemos que repensar nuestras ciudades, permitiendo un mejor balance en la ecuación peatón-ciclista-sistemas motorizados. Por eso considero importante la llegada de la innovación al corazón porteño, tal como vemos que está sucediendo en otras grandes ciudades del mundo.
En un proceso de peatonalización de una zona urbana, no es suficiente, ni siquiera necesario, restringir o eliminar el acceso vehicular. Una de las claves de la movilidad del siglo XXI es la calle compartida. Para lograrlo, es fundamental proveer infraestructura de calidad (destacando en nuestra ciudad el ejemplo de Reconquista por sobre el de Suipacha) y fomentar usos mixtos. El objetivo no es negarle la entrada al auto que necesita acceder, sino dar prioridad al peatón y al ciclista, de manera clara y evidente, con espacios adecuados para cada uno de ellos. Porque son quienes hacen un uso más inteligente del espacio.
El proyecto de peatonalización tiene varios puntos positivos que agregarán valor a la ciudad. Sumaría a esta iniciativa esquemas de promoción de un uso mixto del suelo. Por ejemplo, lograr dotar la zona más céntrica de la ciudad de viviendas permitiría, en primer lugar, mejorar la desolación que se vive a partir de las 19 y, luego, reducir la carga sobre los sistemas de movilidad, ya que estos nuevos propietarios podrían disfrutar de las ventajas de trabajar, vivir y divertirse a sólo un paso, literalmente.
La utopía de vivir en el corazón de una de las ciudades más bellas del mundo, libre de esmog, de ruidos y a un paso de la oficina, del restaurante preferido o del teatro del momento puede ser una grata realidad.





