
La historia cultural del shoplifting, en un libro
NUEVA YORK.- Winona Ryder lo hizo. Intentó llevarse ropa de una tienda de lujo sin pagar. Eso, a pesar de tener una situación patrimonial más que desahogada (lo mismo que tantas, desde Hedy Lamarr a Lindsay Lohan, y, ni que hablar, mujeres de deportistas argentinos en Harrods en los 70 y 80).
¿Cuál era el objetivo de arriesgarse así? Un nuevo libro, The Steal ( El robo ), presentado como la primera "historia cultural del shoplifting " (término en inglés para denominar el robo de objetos en los negocios) no llega a una respuesta conclusiva, pero da un fascinante panorama de este raterismo amateur que fue calificado socialmente de delincuencia patética o de enfermedad que merece compasión.
El tema incluso tiene fuertes referencias literarias. Cuenta Rachel Shteir, la autora de The Steal, que Daniel Defoe hizo de una raterita de tiendas su heroína del clásico Moll Flanders. El personaje Augie March, de Saul Bellow, que robaba sus libros, perdió interés cuando comenzó a tomarlos prestados de una biblioteca. "De alguna manera ya no era lo mismo", reflexionó. En Pastoral Americana, Philip Roth escribió que "no pagar por cosas tiene un efecto embriagador". Y en El libro de recetas del anarquista , William Powell dijo que tenía el mismo efecto que las drogas.
Shteir recuerda cómo tradicionalmente se vinculó a este tipo de robo con la sexualidad (insatisfecha) de las mujeres y la necesidad de "portarse mal para sentirse bien". A una tía de Jane Austen, por ejemplo, la arrestaron por cleptómana. En las transcripciones del juicio ya se vislumbraba algún nexo con una condición estrictamente femenina, y hubiera sido interesante ver qué interpretación le podría haber dado su célebre sobrina al tema.
En los 60, llevarse cosas de tiendas se volvió un acto político para ambos sexos, como escribió Abbie Hoffman en su obra elocuentemente titulada Robe este libro . Y Jerry Rubin, en su libro Hágalo , recomendó: "No compre. Robe. Si actúa como si fuera propio, nadie le pedirá que pague".
En un canal de música se les preguntó a veteranos artistas qué disco de vinilo habían robado, y ninguno siquiera pestañeó al contestar. Igual, esto no es cosa del pasado. Shteir habla de la cantidad de jóvenes norteamericanos que todavía lo ven como una revuelta contra las corporaciones y el consumismo. Claro que a nadie le gusta encontrarse en la situación de víctima y no de victimario. Cuando Rubin mismo fue víctima de los ladrones en su modesto departamento de activista, declaró: "Al promover el robo como un acto revolucionario, supongo que no dejé demasiado clara la diferencia entre robarle a General Motors y robarme a mí".
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