
La lengua suelta de Molly Bloom
En 1933, un fallo de la justicia intentó prohibir la novela de James Joyce Ulises , calificándola de "vil y obscena". La primera obscenidad asignada al Ulises puede provenir de la palabra misma, como materia capaz de decir cualquier cosa y pasar por cualquier lado. El fluir de la vida, bah. Así habla o es hablada Molly Bloom. La mujer del protagonista a quien Joyce le otorga todo el último capítulo de la novela, para que se despache a gusto en casi noventa páginas. Molly se expresa sin comas en esa lengua exprimida de Joyce donde cabe de todo: pensamientos, cosas vistas, oídas, ganas, tedios, citas, música, listas, onomatopeyas, política, historia, alcoba, etc.
Pero así como Joyce consiguió plasmar en texto escrito el goce ininterrumpido del habla de una mujer, la actriz Cristina Banegas se hizo cargo de esa mujer inflamada de la literatura y le puso voz al texto, en la íntima versión que tramaron con Laura Fryd, y que lleva pocas semanas de estreno en el Teatro de la Cooperación (y que tiene también su formato libro, editado por Leviatán, bajo el título Molly Bloom , puesta en boca ). La escenografía es propicia para el desvelo: una sábana blanca con pliegues para la memoria, donde reposa el cuerpo erguido de la actriz, en una interpretación bamboleante y deliciosa.
Joyce calificó su obra como "mi maldita novela monstruo". Una de las mejores apreciaciones de la novela proviene de quien la defendió en el momento de su prohibición. Estos son algunos de los argumentos del juez Woolsey: "Joyce trató, me parece que con asombroso éxito, de mostrar cómo lleva la pantalla de la conciencia, con sus impresiones caleidoscópicas y siempre cambiantes, como quien dice en un palimpsesto plástico, no sólo lo que esté en el foco de la observación de cada hombre de las cosas que realmente le pasan, sino también de una zona de penumbra, residuos de impresiones pasadas". En cuanto a los fundamentos para rebatir el carácter obsceno atribuido a la obra, vale citarlos: "Las palabras que se critican como sucias son viejas palabras sajonas que casi todos los hombres, y me animo a decir, muchas mujeres, conocen, palabras que natural y habitualmente usan, creo, los tipos de gentes cuyas vidas, físicas y mentales, Joyce trata de describir. Con respecto a la emergencia recurrente del tema del sexo en las mentes de sus personajes, debe siempre recordarse que su escenario fue celta y la estación la primavera". Y sigue con una pregunta capciosa: "Pero cuando un verdadero artista de la palabra, como sin duda lo es Joyce, procura dibujar un cuadro directo de la baja clase media en una ciudad europea, ¿debiera la ley impedir que el público de los Estados Unidos viera ese cuadro?".
El juez concluye: "Tengo plena conciencia de que debido a algunas de sus escenas la lectura de Ulises es un trago más bien fuerte para algunas personas sensibles, pero al mismo tiempo comprendo que es un intento sincero y serio de presentar un nuevo método literario para la observación y descripción de la humanidad". Y más si de una mujer se trata...
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