
Silicon Valley se mira al espejo
La ética de las startups enfrenta un desafío: su promesa de cambiar el mundo desde un garaje y una inversión ínfima ya no cuenta con el respaldo de Apple, Facebook, Google o Amazon, convertidos en gigantes de la economía del siglo XXI.
El eslogan "No ser malo" de Google o la filosofía de la innovación en pequeños errores y grandes aprendizajes cayó finalmente en desuso: hay, según The Atlantic, 439 unicornios digitales (valuados por arriba de los mil millones de dólares) que ya no reciben el respaldo de esas empresas líderes, más preocupadas ahora por el avance de China, las regulaciones y el control antimonopolios que por defender a un colectivo de empresas nacidas al calor de San Francisco con impronta disruptiva.
La cultura libertaria engendrada en Silicon Valley por Hewlett y Packard hace casi un siglo enfrenta esa esperable y lógica crisis de crecimiento: su popularidad y su posición omnipresente en la cultura actual de Occidente le exige revisar valores.






