Un puente cultural con España

Hugo Beccacece
Hugo Beccacece PARA LA NACION
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30 de septiembre de 2019  

Una muestra para no perderse, puro placer, en el lugar justo para levantar un puente cultural entre España y la Argentina. Su arquitecta es la excelente curadora Malena Babino, a la que se le deben investigaciones, muestras y libros de primer nivel; por ejemplo, El grupo de París o el rescate de los bocetos de escenografía y vestuario realizados por el pintor y coleccionista Alfredo González Garaño para Caaporá: un proyecto de ballet en el que se interesaron Ricardo Güiraldes y el bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky, pero que nunca se concretó.

En esta oportunidad, Babino montó la exposición Imágenes de ida y vuelta. Sorolla, Zuloaga, Anglada Camarasa y Rusiñol en el Museo de Arte Español Enrique Larreta, que fue casa del escritor. Las obras en exhibición no son solo de los artistas mencionados en el título, porque también hay pinturas y dibujos de sus epígonos argentinos Gregorio López Naguil, Tito Cittadini, Francisco Bernareggi, Mariano Montesinos, Juan Bautista Tapia Octavio Pinto, Norah Borges y Alfredo González Garaño.

El grupo de los argentinos se sintió atraído por la estética modernista de Anglada Camarasa y varios de ellos tomaron clases con el pintor catalán, influido por el orientalismo, inspirado en los Ballets Russes de Serge Diaghilev.

La Primera Guerra Mundial encontró a Anglada Camarasa instalado en Mallorca, adonde habrían de seguirlo sus discípulos argentinos. Entre ellos, se hacían retratos y también eran dibujados o pintados por Anglada Camarasa. Este hizo un magnífico dibujo en carbonilla de la espalda desnuda de Ricardo Güiraldes.

Por su parte, el futuro autor de Don Segundo Sombra dibujó su autorretrato con boina y una caricatura de Adan Diehl, uno de sus amigos más íntimos, que terminaría por crear en Mallorca el célebre y suntuoso hotel Formentor, frecuentado por reyes, estrellas y millonarios. Diehl devino un mecenas de artistas y escritores. Los alojaba en el Formentor y no les cobraba ni la habitación ni la comida ni (temible generosidad) tampoco las bebidas. El hotel quebró.

Alfredo González Garaño fue uno de los miembros del clan que más contribuyeron al recuerdo de aquel período. Reunió una importante colección de obras de esa época, que, tras su muerte y la de su esposa, María Teresa Ayerza (Marietta), fueron donadas a museos e instituciones públicas. El matrimonio era muy amigo de los Güiraldes y de Victoria Ocampo. En Mar del Plata, Villa Victoria tenía, a la derecha, en la manzana vecina, la hermosa casa de los González Garaño. En verano, el ir y venir de una casa a otra era continuo. En una ocasión, llegué a visitar a los ilustres vecinos en compañía de Victoria. En el salón de estar había pocas pinturas, pero de gran calidad. No había nada rebuscado en la decoración, pero el estilo de esos ambientes era más moderno y convencional que el de Villa Victoria.

En la década de 1960, Marietta Ayerza, que había sido retratada por grandes artistas, tenía todo el aspecto de una señora tradicional, pero en sus años jóvenes, había estado rodeada de la vanguardia artística europea y argentina. Conocía muy bien las costumbres osadas de ese mundo en el que había vivido muchos años.

En el Museo Nacional de Bellas Artes hay un espléndido retrato que le hizo Anglada Camarasa, en la década de 1920. El vestido de Marietta es típico de los roaring twenties y su pose, con el brazo izquierdo en jarra, adornado por una esclava, y el derecho doblado, pero con la mano apoyada en el muslo, tiene un tono picaresco y hace de ella una flapper, esas jóvenes de hábitos "modernos", desprejuiciados, expertas bailarinas de charleston; en suma, un personaje de las fiestas que frecuentaban Francis Scott y Zelda Fitzgerald o el mismísimo "gran Gatsby".

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