
Mitos y verdades sobre el suicidio
Te invito a analizar a continuación algunos de los mitos más frecuentes sobre un tema tan delicado como el suicidio:
- 1. Hablar del suicidio es una manera de incitar al mismo. FALSO. Justamente es todo lo contrario. El hecho de poder hablar y expresarse disminuye considerablemente el riesgo de cometerlo, dado que baja la ansiedad y permite expresar la fantasía.
- 2. El que dice que se va a matar no lo hace. FALSO. Siempre hay que considerar la verbalización de manera seria. Nunca se debería tomar en broma. El suicidio es un “intento de resolver un problema”. Al no encontrar soluciones, tener una visión de túnel y perder la esperanza, la persona cree que de esta manera resolverá su dificultad.
- 3. Todo depresivo termina suicidándose. FALSO. No todo depresivo termina en un acto suicida. Si bien la depresión junto con otros trastornos son factores de riesgo, el suicidio es un tema altamente multicausal como para reducirlo y convertirlo en un sinónimo de depresión.
- 4. La tendencia al suicidio se hereda. FALSO. No se ha comprobado ningún aspecto hereditario en el suicidio, pero sí algún tipo de depresión. Como mencionamos, el suicidio obedece a múltiples causas y muchos problemas “pequeños” pueden inducir al mismo.
La persona atraviesa tres fases:
- Consideración de la posibilidad: En esta etapa, se le cruza por la cabeza como una idea posible, como una salida.
- Ambivalencia: Aquí, empieza a evaluar los pro y los contra.
- Decisión: Finalmente toma la decisión de llevarlo a cabo.
Comparto un chiste del Dr. Ángel Garma y la explicación que hace del mismo:


Aquí vemos a un señor que considera a su mujer como “la fuente de todas sus insatisfacciones”. Entonces, dirige esa frustración hacia sí mismo. Pero en un momento reflexiona y expresa la agresividad hacia afuera.
Cuando una persona manifiesta el deseo de suicidarse, tenemos que armar una red social y afectiva y no dejarla sola en ningún momento; hay que hacerle saber que cuenta con una red de contención, más allá de la ayuda profesional que pueda recibir.
La ayuda profesional debería ser no solamente para la persona involucrada, sino además para su círculo familiar. Decía Pichon-Rivière: “Nadie quiere matarse, lo que uno quiere matar es una situación que lo aqueja”.
El abuso de sustancias incrementa los factores de riesgo, tales como la impulsividad o la agresividad, pues disminuye la capacidad de autocontrol, pero no es generador del suicidio.
Los expertos en suicidio nos hablan de la tres i sobre cómo vive el suicida su conflicto: intolerable, interminable e incontrolable.
Es importante también distinguirlo de la autolesión, en el cual la persona se corta, no con el objetivo de suicidarse, sino de provocar (a través del “corte físico”) un alivio a su dolor emocional.
Acompañar, escuchar, armar una red, buscar ayuda profesional, transmitir que siempre hay soluciones que no vemos a los problemas y saber que el suicidio ocasionará un profundo dolor a quienes continúen con vida son todos elementos que debemos tener en cuenta al acompañar a un ser querido o a un amigo sufriente.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com







