Navaja de Hanlon
En mi opinión, subestimamos la ineptitud. Cierto, en toda organización humana existen personas honradas y corruptas. Los tóxicos y los que nunca traen problemas. Los malvados y los bondadosos. Psicópatas, también, y son de los peores para cualquier cosa que un grupo desee emprender. En la vereda de enfrente del psicópata está el héroe, que con una sonrisa, una frase devastadora y sobre todo sin miedo puede ponerle un freno.
Todo esto es cierto. Pero existe un principio empírico que dice “no le asignes a la maldad aquello que puede ser explicado de forma completa por la simple estupidez”. Se llama Navaja de Hanlon y se cree que empezó como una humorada. Pero ya saben lo que ocurre con el humor; es casi siempre una forma alegre de decir verdades dolorosas.
En todo caso, aparte de aspirar a una clase dirigente honesta también es menester que los individuos en posición de decidir sean inteligentes. No más o menos inteligentes, sino muy inteligentes. Los más inteligentes que tengamos. No digo sabios, porque de esos siempre hay escasez. Pero gran parte de los problemas con los que se viene enfrentando la Argentina desde hace décadas podrían haberse resuelto hace rato solo con un poco de cabeza.









