Néstor y Cristina: usurpaciones VIP y apropiación de tierras en El Calafate

Alvaro de Lamadrid
Alvaro de Lamadrid PARA LA NACION
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26 de octubre de 2020  • 23:02

Néstor y Cristina Kirchner se apoderaron de millonarios terrenos fiscales en El Calafate entre 2003 y 2007. Valiéndose de un feroz tráfico de influencias, y haciendo que sus empleados políticos en esa ciudad le avalaran quedarse con terrenos fiscales apropiados con rapacería y sustraídos al Estado a precios viles, lograron enriquecerse impune e indecentemente junto a sus testaferros y los amigos del poder.

En el hecho más desopilante y emblemático de la corrupción de los Kirchner, que les sirvió de plafón para construir hoteles, lavar dinero y montar una aceitada asociación ilícita, se apropiaron de los mejores terrenos de El Calafate a precios irrisorios y absolutamente insignificantes, para tapar el hecho de que fue un apoderamiento manu militari de esos terrenos fiscales, sólo porque querían que fueran propios. Se usaron todos los andamiajes y resortes del estado para ponerlos a disposición del saqueo: decretos secretos, compras directas sin ser publicadas en el boletín oficial, violación de ordenanzas que regulan el otorgamiento de tierras y el precio vil, para simular que ni había precio y se trataba de una usurpación y apoderamiento VIP del poder. Una usurpación diferente, porque es el método del poder del kirchnerismo de quedarse con bienes públicos, que se confunden como propios, al igual que a los dineros públicos, que han usado como una alcancía privada desde su llegada al poder en Santa Cruz en 1991. Así se apoderaron de los fondos públicos de la provincia, correspondientes a las regalías hidrocarburíficas y gasíferas cobradas en juicio a la Nación por más de 1000 millones de dólares y nunca rendidos; los cuales fueron desaparecidos y luego consumidos sin más por los Kirchner.

En Santa Cruz el kirchnerismo es la justicia. A ese lugar quiere ir Cristina, convertirse ella en la justicia y lograr que la ley sea obliterada y suprimida por sus deseos, necesidades, cuentos oficiales, relatos y mentiras

Los hoteles que su testaferro Lázaro Baez les construyó a los Kirchner en El Calafate se levantaron en terrenos fiscales usurpados de ese modo por el matrimonio presidencial. Lo ilegal, transformado en legal. La sofisticación de Santa Cruz fue la apariencia de legalidad que encubre innumerables delitos sobre sus espaldas. Uno de estos terrenos, para dar un ejemplo que consta en la denuncia que realicé en 2007, Néstor Kirchner lo había adquirido en 132 mil pesos, pagados en 12 cuotas con un préstamo del Banco de la Provincia de Santa Cruz y revendidos en un pase de manos a los pocos meses a la empresa chilena Cencosud, por la suma de 2 millones de dólares.

Esa ganancia se obtuvo en días, por algo que no le había salido nada. Ese dinero en dólares es el que registran en la parte declarada la fortuna de Máximo y Florencia en sus plazos fijos en dólares.

Delitos para garantizar pingües negocios con los terrenos del Estado puestos a disposición del enriquecimiento personal sin disimulo y a plena luz del día.

Estas usurpaciones y delitos maquillados de legalidad por parte del poder kirchnerista, de terrenos fiscales, las denuncié en la Justicia, pero la fiscal Natalia Mercado, que tenía que investigar esa causa, también había sido favorecida con el reparto de terrenos fiscales y además es la sobrina de Néstor y Cristina Kirchner. Es la hija de Alicia Kirchner, que también recibió su tajada del saqueo.

Allí participaron del festival apoderador de las tierras públicas: Lázaro Báez, Rudy Ulloa, José Francisco López, Crstobal López, Ricardo Etchegaray, Enrique Meyer, Carlos Kirchner, Osvaldo Sanfelice, Liliana Korenfeld, Daniel Varizat, Fabián Gutierrez y Daniel Muñóz, Claudio Kirchner, Natalia Mercado, Máximo Kirchner y la propia Cristina Kirchner. Son sólo parte de una extensa lista de la denuncia que realicé.

Guernica, Bariloche, Villa Mascardi, El Fuyel, Entre Ríos y varios lugares que hoy son terrenos tomados con zona liberada y complicidad política del oficialismo, han sido apañados por el mismo poder que saqueó El Calafate y se apoderó de tierras públicas, no sólo en Santa Cruz, sino en distintas regiones del país. Enormes extensiones de tierra que son la muestra grosera del dinero invertido de esa corrupción organizada desde el poder.

Estas tomas que hoy nos toca ver y que indignan, y en las cuales se empoderan delincuentes, tiene como lógica, por parte de quienes no tienen autoridad moral para denunciarlas y, por el contrario, dejan que se lleven adelante, la idea de procurar que sectores necesitados -a los que se usa y se autoriza por el poder político- se puedan robar una gallina, para que ellos se puedan robar el país.

El pasado nos muestra no sólo lo que sucedió si no lo que sucede hoy, y hacía dónde vamos. Vamos hacía Santa Cruz. Ése es el modelo que se quiere nacionalizar, el de una autocracia familiar, hereditaria y consanguínea. Un poder de pocos poderosos e impunes, para poder hacer sin que nada se pueda investigar en el seno de las instituciones y de la justicia lo que hicieron en El Calafate.

En Santa Cruz el kirchnerismo es la justicia. A ese lugar quiere ir Cristina, convertirse ella en la justicia y lograr que la ley sea obliterada y suprimida por sus deseos, necesidades, cuentos oficiales, relatos y mentiras.

Debemos impedirlo. No habrá un nuevo país mientras haya impunidad y no existan instituciones sanas y justas que puedan investigar al poder, no sólo por sus delitos pasados sino por los del presente.

Diputado Nacional UCR-Juntos por el Cambio

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