
Ni Carta Abierta ni carta blanca
Además de buscar verse bien reflejados por los medios, los políticos que llegan al poder añoran que los intelectuales les otorguen otro tipo de visibilidad aún más deseada: su justificación histórica y un pasaporte a la posteridad. Cristina Kirchner tuvo a sus máximos exégetas en el espacio Carta Abierta.
¿Ocupa ahora un papel similar, con Mauricio Macri, el Club Político Argentino (CPA)?
Cuando en 2013 se vieron por primera vez, cara a cara, Macri y algunos miembros de la comisión directiva del CPA -entidad que reúne a intelectuales, políticos y periodistas de variadas tendencias-, se enfrentaron dos mundos distantes con mutuos prejuicios que en el transcurso de esa charla preliminar empezaron a ablandarse.
Ninguna novedad: el diálogo civilizado -tan poco propicio entre adversarios, en estos años- es la piedra filosofal del sistema democrático. Si lo único que se impone es el discurso unilateral, áspero y estridente del que tiene más poder, la democracia se resiente y se convierte en una parodia de sí misma.
Cuando dos distintos dialogan de verdad, hay un intento sincero de comprenderse y ambos se enriquecen. Si ese mecanismo se reproduce en los diversos estamentos de la sociedad, se produce un círculo virtuoso que conduce a una instancia superior donde las consignas y la teatralidad toscas de la política más primitiva se tornan innecesarias.
En definitiva, ése ha sido el sentido del último mensaje de las urnas: mayoría ejecutiva para una fuerza que nunca gobernó a nivel nacional, pero que está obligada a dialogar y a consensuar con las distintas oposiciones para avanzar en lo legislativo de manera colaborativa. Si esto sucede, sin trapisondas de un lado y del otro, el destino venturoso de la Argentina está garantizado; lo contrario será una nueva ruina para todos.
En el primer objetivo parece estar abocado el Club Político Argentino, que volvió a tener una reunión con Macri, pero ya en la Casa Rosada tras su asunción como presidente de la Nación. Y el diálogo siguió prosperando. Es más: algunos de sus miembros se convirtieron en funcionarios del actual gobierno.
Como Carta Abierta, la entidad funciona desde 2008, promueve debates y publica trabajos de sus socios. Está presidida por Vicente Palermo, politólogo e investigador del Conicet, y se propone "contribuir a la concreción de un país más democrático, más próspero, mejor integrado al mundo". El club discute mucho internamente; vive de la cuota que pagan sus socios, la realización de seminarios y alguna donación institucional. Suelen reunirse en el bar del Centro Cultural San Martín.
Pero ¿qué tienen en común el Club Político Argentino y Carta Abierta, y qué los diferencia? En primer lugar hay que decir que el conjunto de intelectuales K no ha sido desactivado. Si bien ha perdido su sede habitual, la Biblioteca Nacional (uno de los más connotados voceros de aquella organización, Horacio González, dejó de ser su director), se sigue reuniendo los sábados, pero en sedes rotativas y prestadas. Se ha vuelto "nómade", según describió a este periodista uno de sus más conspicuos miembros. Emitió, el 9 de febrero, su punto de vista negativo sobre la jugada polémica inicial de Macri de querer nombrar a dos nuevos jueces de la Corte en comisión por DNU y acaba de reaparecer con un documento contra el arreglo con los fondos buitre.
Poca gracia le hace al CPA que se lo quiera emparentar con Carta Abierta, "por razones muy comprensibles, pero equivocadas", apuntan desde su dirección.
El CPA no ostenta ningún fervor militante hacia el gobierno actual, como Carta Abierta sí lo profesaba con indeclinable devoción hacia la administración anterior. El Club, en cambio, está convencido de que es más útil al señalar errores y asechanzas al Gobierno, en vez de barrerlos debajo de la alfombra.
El hecho de que el CPA pueda sentirse "cerca" -así, con comillas, prefieren remarcar- de la nueva gestión y que en su staff no haya, en principio, ningún opositor acérrimo con ganas de que al Gobierno le vaya mal no quita que el mes pasado hayan dado a conocer un documento parecido en tamaño a los que emitían los intelectuales del anterior oficialismo, aunque diametralmente distinto en su contenido y estilo.
El CPA no tiene vocación de hacer un seguidismo obsecuente de Cambiemos. Los economistas y politólogos que lo confeccionaron armaron un más que interesante cuadro de situación, titulado "Sesenta días del nuevo gobierno. Balance crítico y dilemas futuros" (ver en http://tinyurl.com/jm4mvzp), que plantea luces y sombras muy concretas, en un tono realista y equilibrado, sin demonizar ni endiosar a nadie. Sirve, en todo caso, de GPS orientador en un momento de incertidumbres, dudas y oscuridades.
Tiene una prosa despojada, entendible y sencilla, que difiere del abigarramiento rebuscado y críptico al que echan mano sus pares adscriptos al kirchnerismo. No procura encender hogueras alarmistas, sino describir, de manera simple y directa, los desafíos, con las debidas advertencias por las contradicciones e indecisiones que ellos observan. En estos días, el CPA dará a conocer un documento sobre los 40 años del golpe militar que dará que hablar.
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