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ANÁLISISCARLOS M. REYMUNDO ROBERTS

No odiamos lo suficiente a Adorni

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Terminó, por fin, la cuenta regresiva. El gran espectáculo ya es una realidad. ¡Multitudes pegadas a las pantallas! Adorni presentó la declaración jurada.

Sin dudas, el momento Aleph de su vida, en el que un punto los contiene a todos. Allí están aquel lastimoso asado en la lastimosa parrilla de una lastimosa vivienda, retratados –también él, sonrisa triste, mirada vacía– por una cámara cruel; el colchón de su papá, el Carnaval en Punta del Este, las arenas blancas de Aruba, Bettina en Nueva York, abuelas prestamistas, la cascada…

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Manu presentó su declaración cuando faltaban horas para que la pelota empezara a rodar en México, gesto de alto simbolismo: que el fútbol no distraiga de las cosas importantes. La tenía lista –lavada y planchada– hacía rato. Apenas un paper en el que trabajaron penalistas, administrativistas, contadores, tributaristas, 14 dibujantes y una escribana. “Está perfecta: es incomprensible”, la bendijo Javi. “Yo insisto: los funerales del Indio Solari me parecían mejor que el Mundial”, cuestionó Kari, hierática. La faena había sido encarada con gran profesionalidad. En dosis equilibradas, imaginación, contabilidad creativa, trazo grueso, ficción, arrepentimiento. Al delito lo llamó “error”, novedad semántica. En fin: simpática historia de un hombre que no va en busca de un destino. Lo encuentra. Con Francisco, su hermano, fueron al departamento en el que había muerto su papá para barrer, desenchufar la heladera y regar las plantas. Y, de la nada, una pelusa rebelde debajo de la cama los lleva a las entrañas del colchón, donde anidaban 200.000 dólares. Haberte ido sin decir nada, papi. Francisco, un caballero, admitió que la pelusa había sido vista por su hermano y le cedió su parte. Manu trabajó con sangre, sudor y bitcoins esos 200.000 hasta ganar 300.000. Medio palo. Cimbronazo. Desde jovencito se había biografiado buscavida, picapedrero en los micrófonos –digamos, de tejas para abajo: el del asado sin achuras–, y de pronto viró a poderoso. Parece que también encontró un pendrive que registra su activismo cripto. Un hombre de suerte; o, lo que es igual, de fortuna.

Apunten. Disparen. Una pizzería de Moreno creó la “pizza Adorni: ¡riquísima!”.

Hasta ahora nunca había declarado esa plata, con lo fácil que era: “Es habitual no barrer bien debajo de las camas. Yo tuve mi premio por hacerlo. Fin”.

El problema es que no estaría resultando un buen declarante, ni como funcionario, ante la Oficina Anticorrupción, ni como vocero, ante el Congreso y ante periodistas. Se le da por falsear, embarullar y contradecirse, y todo en ese tonito que marida soberbia y gastada. Le sacás soberbia, gastada, falsedades, contradicciones y barullo, y queda un hábil declarante. Hay que trabajarlo. De lo que afirmó el 25 de marzo en la Casa Rosada y el 29 de abril en Diputados, “todo lo que tiene que estar declarado [en la OA] está declarado”, al ya legendario “ahorramos en negro, como la mayoría de los argentinos”, hay un mar de distancia. Manu, tirate al agua.

Igual, creo que la declaración que presentó el miércoles fue recibida con excesiva liviandad. Una pizzería de Moreno creó la “pizza Adorni: ¡riquísima!”. Claudio Jacquelin, al que yo tenía por circunspecto columnista de este diario, tuiteó: “Luisa Albinoni en la peluquería de don Mateo era más creíble cuando contaba cómo había conseguido la plata”. En las redes preguntaron cómo es que, “teniendo un canuto de 500.000 dólares, andaba mendigando préstamos entre jubiladas”. Lilita Carrió aparece en un video llorando, le preguntan por qué, se seca las lágrimas y, tentada, balbucea: “Pobrecito, Manuel…”. Mucho más seria, Pato Bullrich habló de “omisión ética”; le contestaron: “Para él, Ética y Escrúpulos son dos islas griegas”.

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Lo más grave es que le pronostican el final: “Alhorni”.

Paz Rodríguez Niell, que donde pone el ojo pone la bala, publicó anteayer que por su confesión podría ser acusado de “omisión maliciosa”, delito con pena de inhabilitación perpetua. Si ese fuera el destino, quién le quita a Manu el disfrute de todo lo ahorrado.

Javi tiene ganas de colgarlo en la Plaza de Mayo. No le objeta inmoralidad, faltaba más; tampoco que un purasangre casta siga sin aprender a zafar de situaciones comprometidas. Le resulta imperdonable que haya opacado, con la presentación en la OA y la entrevista que le dio a José Del Rio, dos noticias que iban para noticiones y no pudieron saltar de escala: volvió a ceder la inflación y el riesgo país está en su nivel más bajo en ocho años. Además, el escandalete les subió el precio a Pato Bullrich y a Vicky Villarruel, generalas del ejército de infieles. Vicky vio el arco vacío y tiró: “Que tengas una cascada de éxitos y encuentres pronto un pendrive mágico”. ¿Lo digo? Lo digo. No odiamos lo suficiente a Adorni.

Empezó el Mundial. Medio pelo la ceremonia de inauguración, ¿no? Por suerte, ahí está Messi, y ahora llegó Kelci, la noviecita inglesa de Senesi, que también es futbolista profesional. Debe ser por eso que la persiguen los fotógrafos.

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Rueda la pelota. Ojalá que no ruede una cabeza. Cero distracciones: solo tendremos ojos y oídos para lo único importante.


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