
No se trata de cambiar sino de lavar
Por Norberto H. García Rozada
1 minuto de lectura'
Quienes se desvelan por la preservación del patrimonio arquitectónico, histórico, cultural y ambiental de la ciudad suelen entrar en rumbo de colisión intelectual con quienes interpretan que la ciudad debería vivir en estado de perpetua renovación. Los unos comulgan con la memoria y los otros con la modernidad.
Bien conocidos son los males que le deparó a Buenos Aires la proclividad a innovar sin reparar en las consecuencias. Así fueron destruidos valiosos testimonios de su pasado que, por mucho que se lamente su desaparición, ahora son irrecuperables.
* * *
Afortunadamente y a pesar de haber sufrido duros traspiés, el preservacionismo militante nunca se dio por vencido. Tanto insistió que, por fin, empezó a perforar la roca de la indiferencia. Poco a poco y mediante ejemplos concretos, comenzó a dar a conocer la explicación de que preservar no es, como algunos pretenden, sinónimo de aletargamiento del progreso o de que la ciudad se quede empantanada para siempre.
Así y todo, aún queda mucho por hacer en esa materia. Sobre todo porque faltan alicientes para los que, por ejemplo, están dispuestos a invertir en preservar inmuebles antiguos. Flanco débil que es utilizado por los innovadores para justificar su recurrente afirmación de que la preservación no sólo es retrógrada sino, además, costosa.
* * *
Por esa razón en particular, el anuncio de que el Banco Ciudad concederá préstamos blandos y a largo plazo para adquirir o refaccionar inmuebles en el Barrio Sur es un éxito de la tendencia preservacionista. ¡Justamente San Telmo, Monserrat y el olvidado pero vigente barrio de Catedral al Sur, durante muchísimos años tan dejados de la mano de las autoridades urbanas!
Apenas un exiguo puñado de manzanas en las cuales se encuentra la mayor parte de los escasos vestigios que a Buenos Aires le quedan de cómo era su fisonomía a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Area maltratada por las indolencias recalcitrantes y también por la mediación de soterrados intereses. Y hacia la cual, no obstante esas desventuras, tienden a peregrinar muchísimos de los diez millones de turistas que, según estimaciones recientes, visitan anualmente la ciudad.
Ya no les faltarán estímulos contantes y sonantes a los propietarios del Barrio Sur. Estímulos exentos de trabas burocráticas, es de suponer, y que deben ser destinados exclusivamente a la finalidad específica de preservar esa porción de la memoria porteña. Eso sea dicho para evitar malos entendidos: -"¡Espero que ahora le cambien la cara a San Telmo!", arengó alguien tras el anuncio de los créditos.
-"Más bien que se la laven..., porque si se la cambiasen perdería su fisonomía tradicional", le corrigió suavemente un Pérez que sabía con cuáles bueyes araba.





