Nuevos aires en el Rojas
Convertido en plataforma de lanzamiento de la dupla Darío Lopérfido-Cecilia Felgueras en los albores de la gestión radical, el Centro Cultural Rojas fue en los años noventa el escenario legitimador de un grupo de artistas innovadores representados, entre otros, por el recordado Batato Barea.
El brazo de la UBA extendido a la cultura vuelve a cobrar protagonismo con la designación de Fabián Lebenglik, un hombre de las letras y no de la política, que responderá directamente a quien lo designó en el cargo, el rector Guillermo Jaim Etcheverry. Con él compartió el último tiempo un sillón en el directorio de la Fundación Antorchas.
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Esta designación es una señal de cambio y como tal ha despertado expectativas dentro y fuera de la estructura de un centro cultural convertido en caja de resonancia, desde que tomó el timón, a fines de los ochenta, Leopoldo Sosa Pujato.
Por la galería del Rojas, con la curaduría de Jorge Gumier Maier, desfilaron las obras de artistas emergentes -caso Marcelo Pombo y Miguel Harte-, que integrarían luego la llamada "generación del noventa", en una natural articulación con figuras de trayectoria como Pablo Suárez o Juan Pablo Renzi.
Tal vez sin proponérselo, por la fuerza de los hechos y la alianza con los públicos más diversos, ganó el prestigio de lugar de resistencia, abierto a lo nuevo, en la huella de lo que fue el Di Tella de los sesenta, sólo que sin el apoyo del establishment económico.
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Emplazado en esa frontera invisible que va de los bares de intelectuales de Corrientes a los bordes del Once textilero, el Rojas recibió la afluencia de un público vasto, que es la clientela natural de una enorme oferta de cursos. Pocos saben que cuenta con sello editorial, con un estudio de grabación digital e instalaciones que han crecido al ritmo de su gran poder de convocatoria.
Cauto y discreto, el nuevo conductor de los destinos del Rojas imagina que el centro debe ser el eje de la articulación entre la Universidad y la sociedad, pero también la columna vertebral para un programa que impulse el trabajo en red con el resto de las universidades del país.
Potenciar los recursos y anudar alianzas cobra especial sentido en tiempos de ajuste salvaje, presupuesto cero y deudas incobrables, para artistas y escritores premiados, como sucede, por ejemplo, en Córdoba. El municipio le debe más de 500.000 pesos a Cultura y la respuesta del subsecretario de Cultura y Turismo ha sido una pegatina de afiches que reproducen una banana y la leyenda que dice: "Plata-no". La insidiosa imagen es el logo de la gestión de Lucero, que, según cita La Voz del Interior, "durante los 60 días que lleva en el cargo no logró pagar ninguna factura".





