
Occidente y anti Occidente
Por Amartya Sen
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La resistencia a la "occidentalización" tiene una fuerte presencia en el mundo actual. Puede manifestarse a través del rechazo de ideas que se perciben como "occidentales", aun cuando esas ideas hayan nacido y florecido en muchas sociedades no occidentales y formen parte del pasado común del mundo. Por ejemplo, no hay nada exclusivamente "occidental" en valorar la libertad o en defender el razonamiento público. Y, sin embargo, el hecho de que estas ideas hayan sido etiquetadas como "occidentales" puede generar en otras sociedades una actitud negativa hacia ellas. [...]
En parte, esta fijación con Occidente, o con el supuesto Occidente, radica en la historia del colonialismo. A lo largo de los últimos siglos, el imperialismo occidental no sólo socavó la independencia política de los países gobernados o dominados por las potencias coloniales, sino que generó una obsesión con Occidente, que se manifestaba de diversas maneras: desde una imitación poco original hasta una decidida hostilidad. La dialéctica de la mente colonizada incluye tanto admiración como encono.
Sería un error interpretar el encono hacia Occidente sólo como una reacción al maltrato, la explotación y la humillación realmente sufridas bajo la dominación colonial. La alienación poscolonial es más que una reacción a la verdadera historia de abuso.[...].
Y, sin embargo, también es importante reconocer y recordar que hubo abusos graves y que, a veces, la memoria social de esas transgresiones reales -preservada en prosa o en poesía- aún hoy anima las actitudes antioccidentales. Hoy, cuando una cálida nostalgia por los imperios de ayer -por el británico en particular- parece resurgir en Europa (y, sorprendentemente, incluso en los Estados Unidos), vale la pena recordar que la percepción de la iniquidad del colonialismo no era totalmente infundada.
Además de las infracciones y las atrocidades cometidas por los amos coloniales (bien ilustradas por la conocida masacre de Amritsar en la India el 13 de abril de 1919, cuando 379 personas desarmadas fueron acribilladas en una reunión pacífica), su actitud psicológica general hacia los pueblos sometidos generó muchas veces un fuerte sentimiento de humillación y la imposición de un sentimiento de inferioridad. En la dialéctica de los dominados, la función de la humillación colonial merece, por lo menos, tanta atención como la influencia de la asimetría económica y política impuesta por las autoridades imperiales.
Fragmentos de Identidad y violencia, Katz Editores.





