
Otro del 99: Sesostris Vitullo
Por Ramiro de Casasbellas Para La Nación
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DE tan abrumadoras, las evocaciones del centenario de Borges no dejaron demasiado espacio libre para otros grandes argentinos de 1899. Afortunadamente, La Nación recordó a uno de ellos, el exquisito poeta José Pedroni (suplemento Cultura, 19/9). Sin embargo, hay más, y esta nota pretende rescatar a un segundo coetáneo, el escultor Sesostris Vitullo.
Nacido en Buenos Aires el 6 del septiembre de 1899, fue Vitullo un artista excepcional, acaso el nombre mayor de la escultura argentina hasta hoy. Llegó a París a los veintiséis años, el 1º de octubre de 1925, y ahí se estuvo hasta su muerte, ocurrida el 17 de mayo de 1953. El infortunio y la miseria se ensañaron con su vida; después, la ignorancia y el olvido pusieron sitio a su obra.
Había ido a París -como todos los jóvenes americanos de entonces, del Norte y del Sur- a "recibirse de artista", súbdito voluntario, también él, de la dominación estética de Europa. Tal vez por eso, no hizo en París otra cosa que alegar la Argentina -su idea de la Argentina-, en la dureza de la piedra y en la dulzura de la madera.
Porque Vitullo esculpía y tallaba ideas. Según dice en su Autobiografía (10/8/1952): "A través de la naturaleza francesa volví a encontrar la de mi país. La reconstruí día a día. [...] Esto se ha vuelto hoy alucinante para mí". "Tres elementos me han comprometido -señaló en otra ocasión-: el paisaje de la Argentina, su viento, su luz. He extendido mis bloques sobre la tierra o bien los he levantado como tótems, capaces de afrontar la más cruda iluminación..."
Asociaciones de metáforas
Pero este nieto de un domador de caballos, con el que pasó la niñez entre el viento "terrible" y el sol "enceguecedor" de la pampa, y sólo alcanzó a divisar "el perfil de la cordillera", no acude a las facilidades retóricas del nativismo para aducir su pensamiento, sino que elabora símbolos y elige arquetipos: el cóndor, el bagual, la llanura, la Patagonia, el Río de la Plata, los Andes, el indio, el gaucho, José Hernández, Martín Fierro, San Martín. Y aun Cristo, desde luego.
Sin embargo, así como la naturaleza es presentada por medio de síntesis conceptuales traducidas a imágenes de honda fuerza alegórica, los arquetipos también son expresados por asociaciones de metáforas. Más que reconstruir la naturaleza elemental de la Argentina, Vitullo creó una Argentina de naturaleza poética en su definitoria etapa de 1940-52.
Aislado en su taller de Montrouge, donde trabajaba obsesiva, empeñosamente, sus relaciones con el mundo artístico de París eran escasas. Hará sólo dos exposiciones: una, en 1947, en la galería Jeanne Bucher; otra, en diciembre de 1952-enero de 1953, nada menos que en el Museo Nacional de Arte Moderno, que revela y, a la vez, consagra al denodado sculpteur argentin .
En esa muestra, sin embargo, faltó una obra, la última salida de sus manos: una estatua de Eva Perón que le había encargado la embajada en París, en nombre del gobierno argentino. Pero las autoridades diplomáticas, ofendidas por ese vigoroso mascarón de proa en el que no se reconocía a "la Señora", y asustadas de su seguro eco negativo en Buenos Aires, decidieron censurar la escultura y sepultarla en la embajada. Habían de pasar treinta años antes de que la obra llegase a poder de Pierre Vitullo, hijo del artista, que luego la vendería.
Vitullo murió en la máxima pobreza, desatendido por la embajada y el consulado, que ni siquiera costearon su sepelio; el cadáver estuvo ocho días en la cámara frigorífica del hospital y fue enterrado en un ataúd hecho de tablas de cajones. Pocos meses después, Ignacio Pirovano, el descubridor y defensor argentino de Vitullo, que había obtenido y organizado su muestra de 1952-53, abre en Buenos Aires (Galería Conte) la primera exposición del escultor en el país, con las tres obras por él adquiridas, exposición que se repetiría, en 1956, en el Museo Nacional de Bellas Artes. (A esas tres sumó una cuarta, El monje . Desde 1983, por voluntad de Pirovano, se encuentran en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, con el resto de su valiosa colección de pinturas y esculturas.)
La Argentina, una vivencia de arte
En 1960, el Museo de Bellas Artes de la Municipalidad de La Plata presentaba dos obras de Vitullo recibidas por la donación Numa-Rossotti, y en 1969 (9 de mayo-1º de junio), el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires exhibía cinco de las ocho piezas de Vitullo compradas en París a los herederos del artista por el secretario de Cultura de la Municipalidad, Alberto Obligado Nazar (1968-70). Concluía de este modo una verdadera hazaña, dirigida por Pirovano desde 1954, y activada durante el gobierno de Arturo Illia, en la que intervinieron Rafael Squirru y los diplomáticos Miguel Ocampo y Ernesto Garzón Valdés, entre otros. (Una de las ocho esculturas, Tótem Patagonia , aún no ha sido incorporada al acervo del Museo; sigue en París, según se cree, y quizás en la embajada argentina.)
Dos largas décadas más tarde, Guido Di Tella adquiría diez piezas de Vitullo a su hijo Pierre (entre ellas, la estatua de Eva Duarte), que cedió en custodia a la Universidad Torcuato Di Tella y fueron expuestas a comienzos del otoño de 1997 en la Fundación Proa. Por último, en el cementerio de La Plata hay un mármol funerario, esculpido por Vitullo, en la tumba del músico y pintor Juan Cruz Mateo (1904-51).
A estas veinticinco obras (menos la ausente Tótem Patagonia ) ha de sumarse una decena de esculturas en manos de coleccionistas particulares: en total, más de la mitad del número de piezas (sesenta) que formaron la exposición de Vitullo en el Museo Nacional de Arte Moderno de París. Soñaba el artista con llevar esa muestra a Buenos Aires; no le dio tiempo la muerte: quince semanas después de ser clausurada (22 de enero de 1953), la nostalgia, la amargura y el mal de Cilicoce, que arrasa los pulmones de quienes trabajan el granito, terminaron con Vitullo.
No obstante, el año de su centenario ha de marcharse sin que la Argentina haya organizado, siquiera con esa treintena de obras, una exposición de homenaje -que habría sido la primera de su porte- al escultor que hizo de ella una vivencia de arte.
El autor fue director de la revista Primera Plana y subdirector del diario La Opinión .






