País de oportunidades

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
(0)
29 de octubre de 2009  

Quienes asistieron el domingo al partido River-Boca y lo hicieron en auto no tuvieron suerte. Porque no sólo presenciaron un match decididamente mediocre, sino porque los franelitas les cobraron, por cuidarles o, más bien, por no dañarles el vehículo, 50 pesos. O sea, lo que en cualquier pizzería cuesta una de muzzarella y anchoas, más un par de cívicos de rubia cerveza. Y lo peor fue que esos cuidadores extorsivos actuaban como dueños y señorones a pesar de que el lugar estaba celosamente cubierto por agentes del orden. Lo que dio para suponer que los policías habían celebrado un gen-tlemen´s agreement con los muchachos del trapito, tal vez un fifty-fifty , y por eso se hicieron los distraídos.

Lo que no es cierto. La verdadera explicación es que, con este gobierno, la Argentina ha vuelto a ser aquel país que soñaron los padres fundadores, esto es, un país de oportunidades. Y esto puede comprobarse con una chorrera de ejemplos, no sólo el de los franelitas. Si hoy, a un tipo cualquiera, le gusta ser cartonero y que sus hijos menores lo ayuden a empujar el carrito, salteándose la escuela, tiene libertad de hacerlo. Si lo que prefiere es vivir en un zaguán y comer a veces, calentarse con el sol y empaparse bajo la lluvia, mientras manga una moneda, tiene el mismo derecho. Si se pirra por limpiar vidrios de autos en las esquinas o pararse en medio de la calle a hacer malabares con clavas o pelotitas, pues adelante, nadie se lo va a impedir ni lo va a molestar ofreciéndole una ayuda. Y si el trabajo le gusta poco, prefiere los asuetos y las vacaciones largas, pues para eso están las oficinas públicas y las empresas recuperadas, que hoy rebosan de personal sólo atento a conectarse con amigos y con señoritas pechugonas por Internet y a esperar la llegada de fin de mes para cobrar. Pero si lo que le atrae es la calle, la ruta, la acción y el resonar de los bombos, hoy también tiene sitio como piquetero rentado o voluntario y lo pasará de maravilla aplaudiendo y cantando en los actos oficialistas, abucheando y tirándoles huevos y mandarinas podridas a los opositores u ocupando impunemente oficinas y quemando cubiertas de autos. Y ni que decir si su vocación se sitúa en el campo del comercio trucho, porque entonces podrá desplegar todas sus habilidades vendiendo ropa de marca, zapatos usados, artesanías chinas y música y películas pirateadas donde se le cante.

Y, naturalmente, si a todos se les da su oportunidad, ¿cómo no la van a tener también los de arriba? Que podrán juntar plata con pala si es que se les antoja y aprovechar todas las ventajas que da el poder, desde hacerse un hotelito en El Calafate hasta pagar fortunas por empilchar siempre de primera o, supremo privilegio, poder fletar un Boeing de la compañía estatal, para ver jugar a la selección en Montevideo con los amigos más divertidos.

"Maestro -dijo el reo de la cortada de San Ignacio-,¿vio que el germano ese que iba a venir con su novia, la modelo, a dirigir Racing, se arrepintió? Bueno, le doy una primicia: Lupin le ordenó a Boudou que no insistiera con pedirle dólares al FMI. Y claro, ahora que el tedesco se borró para un DT local le basta con la guita de los jubilados".

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.