
Palabras huecas, derechos vacíos
Al criticar el gabinete de Macri, la Presidenta no tiene en cuenta que si bien el Estado otorga derechos, es el mercado el que debe proveer recursos
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El perfil eminentemente técnico del gabinete designado por el presidente electo, Mauricio Macri, ha dado lugar a muchos aplausos y también a algunas críticas. La actual jefa del Estado no se ha quedado atrás, al filosofar respecto de los conceptos de país y de empresa, quizá buscando un justificativo para el millón de dólares que pierde por día Aerolíneas Argentinas.
Según Cristina Fernández de Kirchner, "un país no es una empresa", sino "una nación, conformada por hombres y mujeres, con necesidades que no deben ser cubiertas con un criterio economicista, para que cierre el balance".
Es antiquísima la crítica populista al equilibrio presupuestario. El dictador Emilio Eduardo Ma-ssera, criticando a José Alfredo Martínez de Hoz, decía que "nadie muere por el producto bruto interno". Años más tarde, Roberto Dromi, ex ministro de Obras y Servicios Públicos de Carlos Menem, llamó a Antonio Erman González, ex ministro de Economía menemista, "contador sin visión política".
La actual presidenta de la Nación suele ser brillante a la hora de improvisar metáforas. Según ella, "el balance de una empresa se cierra de una manera, pérdida o ganancia, cuánto entró y cuánto salió", pero "el balance de un país se cierra por cuántos argentinos están adentro y cuántos quedan afuera. Por eso -afirmó- no es lo mismo un país que una empresa, que nadie se confunda".
Esas palabras son bonitas, pero huecas. El Estado otorga derechos, pero el mercado debe proveer al Estado los recursos para hacer posibles muchos de esos derechos.
Todos los países avanzados del mundo saben que, sin un capitalismo moderno y competitivo, no hay medidas sociales que puedan funcionar. En el extremo, la Venezuela chavista es en los últimos años la mejor demostración de países inundados de palabras, de decretos y discursos, pero donde la población no tiene comida y los hospitales no tienen elementos para realizar intervenciones quirúrgicas.
En el otro lado, la República Popular China, desde la liberalización introducida a partir de 1978, ha sabido utilizar la libre iniciativa y la propiedad privada como motores de un crecimiento sin parangón en las últimas décadas, a pesar de mantener la dictadura del partido comunista.
Es cierto que durante la gestión kirchnerista se han introducido diversos derechos que la Presidenta convoca a "defender" como si la campaña del miedo fuese a confirmarse, en los hechos, durante la gestión macrista.
Muchos de esos derechos no requieren recursos específicos para su instrumentación y ya se encuentran en plena vigencia, como el matrimonio igualitario, las nuevas leyes de adopción, de personal doméstico, de pueblos originarios y de ley de trata de personas o el voto a los 16 años.
Pero la mayoría de los nuevos derechos implican mayores recursos del Estado, sin los cuales serán derechos vacíos, palabras huecas, desfondados por la inflación, la falta de ajustes y la insolvencia fiscal.
¿De qué sirven la asignación universal por hijo, la movilidad jubilatoria, la jubilación sin aportes, la ley de amas de casa, la gratuidad universitaria, la estatización de las AFJP, las inversiones en ciencia y tecnología, el fútbol para todos, el Invap y la Arsat, la miríada de programas con nombres crípticos como el Repro, el Proemplear, el Progresar, el Empleartec, el Procrear, el PACC, el Ahora 12, el Plan Trabajar, los créditos del Bicentenario, los programas de empleo y capacitación o el seguro de desempleo si el Estado se encuentra en quiebra, el Banco Central sin reservas, la emisión monetaria en niveles récord, desviándose fondos del presupuesto conforme las urgencias y utilizándose cualquier mecanismo para pagar los gastos corrientes?
El gran desafío del nuevo gobierno será, justamente, poner la economía en funcionamiento mediante la creación de confianza, palabra mágica que es capaz de movilizar todos los recursos productivos, desde el campo hasta la industria y los servicios, sin los cuales el Estado carece de medios para honrar tantas promesas jurídicas.
Mientras que el gobierno kirchnerista ha sancionado un aluvión de nuevos derechos, desentendiéndose del verdadero problema, que es lograr su real vigencia, corresponderá al macrismo demostrar que, con su gestión "técnica" y "eficientista", las personas reales, las más humildes, podrán progresar, trabajar, capacitarse, acceder al crédito para la vivienda y a una buena educación para sus hijos, vivir con seguridad, trasladarse en medios públicos confortables y disfrutar de cosas muy simples, como el agua corriente, la electricidad y las cloacas en sus propias casas.
Cuando esos derechos empiecen a tener real contenido a través de inversiones privadas y obras públicas, con financiación genuina, bien proyectadas y realizadas, recién serán verdaderos derechos y no palabras huecas para discursos en cadena o para entusiasmar a la militancia.



