Patagonia sustentable
Por Federico José Caeiro (h.) Para LA NACION
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La Argentina fue dotada de recursos naturales muy valiosos que estamos matando por falta de planificación. Un tercio de la superficie de nuestro país está directamente afectado por la desertificación, con una continua disminución de la productividad biológica de las tierras y de su capacidad para sostener una producción agropecuaria y, entre otras cosas, alimentar a una Argentina donde la gente se muere de hambre.
La desertificación de nuestra Patagonia es una muestra clara de la ausencia de políticas sustentables. Una vez más la actividad no racional del hombre muestra el daño que se puede ocasionar cuando se actúa sin pensar. La Patagonia presenta síntomas de desertificación en el 90 por ciento de la superficie y más del 50 por ciento tiene un nivel de degradación que puede considerarse grave. Esto no sólo ha traído un fuerte deterioro económico a la región, con la consiguiente emigración de quienes habitaban esos suelos, sino que también ha contribuido a la disminución del precio de la tierra y ha hecho un aporte importante al calentamiento global.
La oveja y el guanaco
La oveja no fue una bendición para la Patagonia. Todo en ella se conjuga para erosionar: es muy poco eficiente porque consume selectivamente algunas pocas especies vegetales, sus incisivos actúan como pinzas arrancando las plantas de raíz, come sólo las partes más tiernas de las plantas y desecha el resto, y pastorea en el mismo lugar, lo que impide la recuperación de la vegetación. Sus pezuñas destruyen el frágil suelo, compactándolo, y transformando el piso vegetal, que pasa de gramíneas y herbáceas al matorral. Si consideramos que una oveja produce hasta cinco kilos de lana por año y ésta vale unos dos dólares por kilo, tenemos una facturación por animal de sólo 10 dólares anuales. Que sea un animal exótico que no se ha adaptado al medio, ni el medio al animal, es una cuestión menor frente a lo antes descripto.
El guanaco, en cambio, permite revertir el proceso de desertificación, la decadencia económica y la migración de la población rural hacia áreas urbanas. Por ser un animal muy eficiente que adecua su alimentación a la disponibilidad de forraje, es un claro ejemplo de adaptación al medio. Consume todas las partes de gran variedad de especies vegetales, haciendo un uso más racional e integral del recurso. Sus incisivos tienen bordes en bisel, que cortan el vegetal sin arrancarlo. Además, alterna las áreas de pastoreo, lo que permite la recuperación de los pastos, y tiene almohadillas elásticas, que no causan erosión. Y la facturación por animal alcanza los 100 dólares, ya que el kilo de pelo vale entre unos 130 y 150 dólares y cada guanaco puede producir unos 700 gramos por año.
Marco jurídico
Ante la obviedad de lo planteado, la ausencia de políticas públicas para desarrollar recursos menos degradantes pasa a ser un tema ético y el hecho de seguir asignando recursos que contribuyen a la degradación es, ante todo, un planteamiento moral.
A pesar de que la pérdida y la utilización irracional de los recursos naturales representan un peligro grave, poco se hace para evitar que la desertificación continúe avanzando, para mejorar la calidad de vida de los pobladores patagónicos y para fortalecer la economía regional.
Un grupo de especialistas en conservación y manejo de vida silvestre seleccionó al guanaco y la vicuña entre las cinco especies de mayor potencial económico para contribuir al desarrollo de las comunidades rurales. Por ignorancia, hemos casi extinguido un maravilloso recurso natural como el guanaco, del que hoy quedan unos 500.000 ejemplares y sin embargo aún hay provincias patagónicas que otorgan cupos de caza.
Es indispensable revertir el proceso de desertificación incorporando una actividad rentable a nuestra economía. Se debe adaptar el marco jurídico que hace a la protección del guanaco, tomando medidas para desarrollar la industrialización primaria de su fibra, para así asegurar que el productor reciba el máximo precio internacional que la calidad obtenida amerita. Un desarrollo ordenado y sostenido del guanaco u otro camélido debe constituir una política de Estado.






